Juegos Olímpicos Río 2016 Sports

19,79 segundos

Por Lautaro Prata

Desde que comenzaron los Juegos Olímpicos, no hubo un solo estadio en el que la rivalidad Brasil – Argentina no haya estado a flor de piel. Importaba poco si el deporte era fútbol, básquet o tenis, lo que importaba para los cariocas era mostrar que son locales y que nadie puede venir a coparles la ciudad. Los argentinos, por su parte, trataron de mostrar a través de los cánticos y del famoso “aliento” que, por más que perdamos en todos los deportes, en las tribunas somos los campeones, siempre.

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Pero esto no es nuevo, es un fenómeno que viene hace mucho tiempo pero se materializó en el Mundial 2014, en donde la presencia argentina fue más significativa que en los actuales Juegos Olímpicos. Muy lejos en el tiempo quedaron las palabras del abanderado Luis Scola, quien hace apenas días, decía que no había que alentar en contra de Brasil sino solamente a favor de Argentina. Muy bajito se escucha a aquellas personas que se rehúsan a pelear entre hermanos latinoamericanos para apoyar a las grandes potencias que nos colonizaron hace tiempo – o que peor, aún nos tienen colonizados-. Nosotros, los hinchas, también queremos colgarnos en el cuello una medalla, pero solamente nos podemos sentir ganadores y dignos de poseerla si la podemos enaltecer a través del “vamos vamos, Argentina…”.

Mientras que por un lado la mayoría de los deportistas – a través de los triunfos merecidos y del respeto hacia el deporte y el rival- quieren distanciarse del futbolista, por el otro, el espectador de estos Juegos Olímpicos se quiso parecer más a ese hincha de “cancha”. El pasional, el que no entiende de razones sino sólo de amores. Ese que entiende poco acerca del espíritu olímpico y lo único que quiere es ganarle al país vecino. Sea en la cancha, sea en la playa o sea en la calle y con los puños. Pero por suerte hay alguien que llegó para romper con esa rivalidad Argentina-Brasil sin ni siquiera decir una sola palabra y que nos ha puesto a nosotros en nuestro debido lugar, el de simples espectadores, sin querer tomar el dominio de la escena.

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Hay alguien que hace que un estadio con 30, 40 o 50 mil espectadores solamente coree su nombre.

Hay alguien que lleva al espíritu del deporte y la superación hacia el Olimpo.

Hay alguien que hace olvidar la diferencia de nacionalidades y hace que nos unamos como hermanos para aplaudirlo.

Hay alguien que no sólo viene a competir, sino que también viene a divertirse y a hacer divertir y disfrutar.

Hay alguien que es uno de los mayores atletas en la historia de los Juegos Olímpicos.

Hay alguien que llena y vacía un estadio en cuestión de minutos.

Hay alguien que a cada competencia la transforma en un show.

Hay alguien por quienes hasta los deportistas con más historia se rebajan al puesto de hincha para pedirle una foto.

Hay alguien que es considerado por los medios como la leyenda viva del deporte.

Hay alguien que salió de Jamaica para maravillar al mundo.

Hay alguien que está buscando su 9na medalla de oro.

Hay alguien que no cree en los récords, porque ya los ha superado.

Hay alguien que hace que el tiempo parezca que va más lento.

Hay alguien que hace que miles de personas dejen trabajos, familias, estudios y recorran miles de kilómetros y cientos de horas con el objetivo de solo verlo 19,79 segundos.

Hay alguien que se llama Usain Bolt, y está entre nosotros.

Lautaro Prata

Hincha de River y del paladar negro. Amistoso y aventurero compulsivo. Cree en la religión del messias Lionel