Música

25 años de una obra que trasciende

Por Matías Montoya

Para finales de los ´80, la Argentina atravesaba distintos conflictos tanto políticos, como sociales. En lo político, la hiperinflación y la rápida salida del presidente Raúl Alfonsín, donde Carlos I se hizo con el poder por 10 años de manera consecutiva. En lo social, el golpe de La Tablada pegaba duro en la sociedad y nos debilitaba fuertemente, pero la democracia continuaba firme (según Alfonsín).

Con todo esto, nuestra música tenía los pies sobre la tierra y bandas como Sumo y Virus habían dejado de tocar por la muerte de sus cantantes: Luca Prodan y Federico Moura, respectivamente. Otras emergían y tenían un ritmo estilo tsunami como Los Fabulosos Cadillacs, Soda Stéreo, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Luis Alberto Spinetta y Charly García.

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Entre todos ellos se encontraba el genial Fito Páez; quien por aquellos años grababa su Tercer Mundo con horas fiadas a los Estudios ION, ya que no tenía ahorros ni sello discográfico. Con el disco en la mano dejó que riegue y dé su flor, la flor germinó y llegó a disco de oro. Fito viajó a Europa para probar suerte.

En París comenzó a gestar lo que serían los primeros acordes de Tumbas de la Gloria (por estos días Fito subió una foto a su cuenta de Instagram donde celebraba el día que creó este magnífico tema que fue el corte de difusión un años después). A su regreso, allá por el verano de 1991, se fue de vacaciones a José Ignacio donde conoció a la que sería su musa inspiradora: la actriz Cecilia Roth.

En un segundo veraneo, Fito se fue a la playa junto con el tecladista Tweety González y Alejandro Avalis. Páez llevó los manuscritos muy por arriba de temas como Tumbas de la Gloria, Creo, El Amor Después del Amor y Un Vestido y Un Amor. Con más de 12 horas diarias creando demos, culminaron con casi el 70% del disco.

A su regreso, entró ese mismo verano a los Estudios ION junto con el productor chileno Carlos Narea y como arreglador a Carlos Villavicencio. Grabaron cuerdas y metales en Abbey Road, y mezclaron en Air, los estudios de George Martin.

El disco no esquiva ningún hit, todos son grandes temas. La canción que le da nombre al disco abre de manera increíble, donde Claudia Puyó pone su voz y toda su vitalidad al son de un estribillo que hasta hoy se sigue cantando.

Fabiana Cantilo y Celeste Carballo se vistieron de Thelma y Louise para darle pasión y ritmo a Dos Días en la Vida. La banda flamenca española “Ketama” gritó sus plegarias trágicas en Tráfico en Katmandú. Charly García y Andrés Calamaro le pusieron rhodes y sintetizadores a La Rueda Mágica.

La hermosa voz de Mercedes Sosa hizo de El Muro de los Lamentos una travesía romántica con complementos chacareros. Luis Alberto Spinetta le puso color y melancolía a Pétalo de Sal.

El álbum tiene un complemento de temas como  La Verónica; Sasha, Sisí y el Círculo de Baba; Un Vestido y Un Amor (inspirada y dedicada para Cecilia Roth. Cuenta el momento en que se conocieron en José Ignacio); Creo; Balada de Donna Helena (que marcó otra faceta de Fito: la dirección. Con este tema filmó su primer corto en base a la letra de la canción); Brillante sobre el Mic (un repaso sobre la vida del cantante, desde la vez que Fabi Cantilo se quedó a cuidarlo porque él estaba enfermo hasta los momentos de su infancia vividas en Rosario) y A Rodar La Vida (tema para revolear los trapos).

Todos ellos acompañados de excelentes músicos como el ya mencionado González en teclados, Guille Vadalá en bajos, Ulises Butrón en guitarras y Daniel Colombres en batería. Otros invitados fueron Fabián Gallardo, Chucho Marchand, Chango Farías Gómez, Osvaldo Fattorusso, Daniel Melingo, Ariel Roth, Gabriel Carambula y Lucho González.

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El disco tomó -y tiene- tanto fanatismo que hasta el momento vendió más de 750 mil copias (por aquellos años superó el récord de La Balsa, de Los Gatos, con 200 mil unidades, algo histórico; hoy está a la altura de Rockas Vivas de Miguel Mateos).

La Rueda Mágica Tour viajó por distintos rincones de Latinoamérica y sobre todo tuvo furor en la Plaza de la Revolución, en Cuba, y culminó con dos Vélez con más de 85 mil espectadores.

Inspiración encendida, letras pegadizas, himnos que traspasaron las barreras del arte musical para ser inducido en las canchas de fútbol y la mágica rueda que Fito hizo girar y sigue girando, es y será algo inmenso. Por suerte nosotros tenemos la dicha de disfrutarlo una y otra, y otra vez.

Matías Montoya

Periodista Deportivo. Secretario en @AACurling. Melómano. Fanático del Deporte. Colaborador en @AARevista. Redactor en @agrupaciondepor