Música

Almafuerte, un eterno viaje de 20 años

Por George Blanco

http://www.azamericasat.net/testosterone-at-gnc Testosterone at gnc Fotos de Steff Bch

En 2015, la banda de Stanozolol bayer Ricardo Iorio celebra los http://steroidsbesthgh.com/tren-ace-vs-parabolan_ro/ Tren ace vs parabolan 20 años de vida y lo hará con una serie de shows en aquellos lugares donde se gestó la leyenda de Almafuerte. El sábado 24 de mayo, la http://www.gestiona.es/how-do-they-test-for-testosterone How do they test for testosterone Plaza de la Música (ex Vieja Usina) fue testigo de otra noche cargada de misticismo por parte del cantor, como le gusta definirse. Errante, verdadero y brutalmente honesto, Iorio ha eclipsado al heavy metal argentino por más de 20 años, desde sus orígenes en Androgen effects V8 y http://historyarticles.com/methenolone-synthesis Methenolone synthesis Hermetica. No hay banda que no tenga relación, aunque sea por la tangente, con las premisas musicales y verbales del Iorio artista. Y lo que es más revelador aún: no hay público que en sus recitales sienta el poder de un dios arriba del escenario. Ricardo Iorio se ha transformado en un estilo de vida, a veces producto de la suerte, otras por propia elección. En términos musicales, http://peralees.com/tren-ethanate Tren ethanate Almafuerte es una reliquia que a veces está al borde de la decepción, pero que rescata los valores más testimoniales del metalero argentino.

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La historia dice que http://royalmaderavineyards.com/trenbolon-enantat Trenbolon enantat Almafuerte se gestó desde el resentimiento y la necesidad creativa de responder a la conmoción generada después de la sorpresiva ruptura de http://kokinetics.com/dianabol-before-after Dianabol before after Hermetica. La fórmula, casi inequívoca, decía que un puñado de buenos músicos con vivencias que respondían al abc de una gran banda de rock, un buen manager y la capacidad de detectar la necesidad del público incipiente que comenzaba a levantarse en las zonas bajas, era garantía de éxito. Pero no, Iorio pateó el tablero, se peleó con http://lindasfinefoods.com/sustanon-250-dosing Sustanon 250 dosing Claudio O’Connor y fundó su propia banda. Además de Hermetica, el episodio también enterró al bajo de Ricardo Iorio, que mutaría en cantor. Apenas con unos meses de grabaciones y con el Tano Marciello y Claudio Cardaci en la formación, salía a la luz Mundo Guanaco, primer álbum de la banda.

El resto del viaje es más o menos conocido. Un Iorio que con los años abandonó la voracidad del heavy metal inglés para centrarse en la fusión con ritmos locales como el tango o el folclore, más las baladas de power metal como Se vos o Convide rutero, que ya habían tenido su prólogo en V8. Rápidamente, con discos como A fondo blanco, Piedra Libre, Ultimando, Ricardo Iorio adquirió un mote de figura aún más controvertida de la que arrastraba en su pasado con Hermética, y que muchas amagó con eclipsar hasta con su propio personaje. Denuncias por fascismo y antisemitismo en sus letras, insultos y mucha mitología en un camino que finalmente lo llevaría a la introspección total de Toro y Pampa y Trillando la fina, la versión más amigable –y siempre contradictoria- del tipo duro.

Se dio el lujo de coquetear con el tango, el folclore y hasta con la producción (produjo discos de Ruben Patagonia, entre otros). Se convirtió en hombre de confianza de José Larralde y metió sus libros de poemas populares (y otras barbaridades) en medio de tema y tema y, claro, en su repertorio. A su lado los comodines rotaron, pero siempre hubo alguien a su lado. El Tano Marciello, acaso uno de los mejores guitarristas argentinos de los últimos 30 años, ponderó su relación de hermandad con Ricardo Iorio por sobre su propio ego para construir una historia llena de vaivenes, canciones poderosas y trasfondo literario que con seguridad pasará a la posteridad.

Como parte de los festejos por los 20 años, Almafuerte comenzó la celebración en Córdoba, en la Plaza de la Música, para luego continuar con presentaciones en Rosario y festejando el día de la bandera argentina en Buenos Aires, el próximo 20 de junio.

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Se va la primera

Ricardo Iorio luce impostergable, festivo y con la siempre admirable capacidad de reírse de sí mismo. Como si cada vez que pisa un escenario se tratase de la última vez, juega con la ansiedad de la gente, que encuentra pretextos una y otra vez para ver al ídolo más grande que haya arrojado el heavy metal nacional. El sábado 23 de mayo, en la Plaza de la Música, Iorio volvió a pasearse por un repertorio lleno de previsibilidad, aunque no menos apasionante y celebrado. Porque está claro que si se habla de Almafuerte, se habla de pasión. Desde las entrañas del mitológico poema de Pedro Bonifacio, hasta los capítulos de Ricardo Iorio en sus múltiples versiones, según pasan los años, pero con la ideología como bandera y la frente bien alta, que no es poca cosa para una industria voraz en la que los músicos se “aggiornan a los tiempos que corren”. Ricardo Iorio vivió, vive y lo hará hasta el día en que se muera con una envidiable capacidad de mantenerse fiel a las convicciones, en su caso dictado por la conciencia pero también por esa contradictoria y muchas veces exacerbada pasión.

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Hay que resistir para no soltar un grito de desquite en Triunfo, de alegría en A vos amigo, o para acallar al alma que asoma con piantar un lagrimón en Mi credo. Iorio se mueve con la simpleza del cantor, pero con la complejidad del tipo que fue capaz de trascender tiempos, sobrevivir a la escasa difusión y quebrar dos bandas de las mejores del continente. Eso, entre tantas otras variables, lo hace volverse un ser profundamente explosivo, difícil de entender, amado y odiado en iguales porciones y siempre al borde del abismo testimonial.

La interminable espera de tres horas, que incluyó un coctel con tres de las mejores bandas de metal cordobesas (Magma, GTX y Hammer), amenguó con los primeros acordes de Patria al hombro, a tono con la previa de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, y continuó con uno de los últimos himnos de la inspirada y trabajada construcción agrícola de Iorio, Trillando la fina. Muere monstruo muere sirvió para demostrar cuánto se le aguanta a Ricardo Iorio. Un tema con las clásicas bases de Almafuerte, pero con una lírica delirante que una vez más lo ponen en el pedestal de “personajes únicos” del rock nacional.

 

Pasaron canciones de un repertorio amplio que dejó satisfechos a muchos y con sabor a poco a otros. Sonaron canciones de Almafuerte, Mundo Guanaco, Toro y Pampa, Trillando la fina, A fondo blanco y también hubo espacio para Ultimando. Pulgar arriba para Mano Brava, del disco homónimo, aunque faltaron otros clásicos como El Pibe Tigre, Sirva otra vuelta Pulpero, El amasijo de un gran sueño y Sé Vos. La comunión llegó con Toro y Pampa, un clásico con sabor a posteridad dentro de cualquier grupo de amigos que gusta del buen rock.

En medio habló, como lo hace últimamente, de “los putos” –palabras más, palabras menos dijo que todos en su banda lo eran-, recordó que Almafuerte no se vendió jamás ni fue difundido en las radios, y que a él nadie le dice lo que tiene que hacer. También tuvo tiempo para reivindicar a los gauchos y a la jineteada como símbolo de la lucha frente a los españoles; y de pasó bardeó a algunos artistas contemporáneos como Sabina, Pantoja y Alejandro Sánz, tildándolos de “otarios” (y otro insulto irreproducible). Claro que al subir al escenario, lo hizo con la escarapela puesta y el sentimiento criollo a flor de piel. Entre tanto, advertía: “Un poco de humor”, antes de lanzar una de la suyas. Ricardo Iorio en su máxima expresión.

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Para destacar una y mil veces la destreza y el virtuosismo de Claudio Marciello, un baluarte de la guitarra criolla que dignifica a un gremio a veces sobre valorado. Marciello, que bien podría haber formado parte de alguna agrupación top del rock nacional, dio una lección de lealtad quedándose al lado de Ricardo Iorio. El Tano es la piedra fundamental de Almafuerte como sustantivo. Sin él, musicalmente hablando, la formación carecería de virtuosismo. La presencia de Ruben Patagonia para interpretar Vientos del Sur junto al Tano, nos hizo sentir que estábamos frente a un momento histórico. Aplausos para la iniciativa de contar con su colaboración en vivo.

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Ricardo Iorio se despide con cierta melancolía con A vos amigo todavía sonando en los parlantes de la Plaza de la Música. Detrás suyo, en la bandera que hace las veces de telón y con el General Perón como testigo en la batería, está una parte viva de la historia del rock nacional y más precisamente del sentimiento de un cantor tan maltratado como glorificado. El aporte de Iorio al heavy nacional es ecuménico e innegable. Hoy, las páginas indican un presente con la banda que supo avanzar contra los vientos y las premoniciones. Como dijera en una entrevista al periodista German Arrascaeta, “Yo fundé a mis bandas para que permanezcan en el tiempo”. Poco importa, al fin y al cabo, qué hubiese pasado si Hermetica continuaba con su capacidad de éxito. ¿Podría haber sido la banda heavy más influyente de todo un continente? Es muy probable.

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“Fueron las plateadas cruces de Black Sabbath y su resplandor”, resuena en los oídos. Iorio sigue siendo aquel joven rebelde que soñaba con un bajo mientras tomaba el colectivo para ir a trabajar escuchando a Ozzy Osbourne, pero también es éste, el hombre maduro, tranquilo y renegado que pide casi como una súplica que si lo ves volver, no le atiendas ni le abras la puerta. Loco, solitario y enredado. Así es Ricardo Iorio. La persona pudo más y mató al monstruo, como él mismo clama en una de sus canciones. A contramano de cualquier fórmula exitosa, Almafuerte celebra 20 años de un tiempo que parece congelado, sumido en el espacio que manda Ricardo Iorio y que hace mucho tiempo venció al paso del mismo para convertirse en una suerte de amuleto de la música pesada nacional.

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.