Música

Andy Chango: el regreso un freak en aparente recuperación

Por Santiago Jorge

Dieciséis años de auto-exilio cultural tuvieron que pasar para que Andy Chango vuelva a pisar su tierra natal y presentar su obra (cuatro discos solistas y uno con su antiguo grupo Superchango) en La Trastienda como el mismo se merece. Pero la historia empezó mucho antes.

Cuando en la devaluada televisión argentina de los caóticos años 2000/2001 irrumpían unos extraños personajes conocidos como “mediáticos”, uno de ellos llamaba la atención por su tono desafiante ante los siempre inquisidores y de dudosa moral Mauro Viale, Chiche Gelblung y Lucho Avilés. Ese verborrágico ciudadano pesado era Andy Chango. Se jactaba en público de ser politóxico y se enorgullecía de ser jurado en el Cannabis World Cup.

Cuando los panelistas lo querían correr por reventado, Andy sacaba con orgullo sus dos cartas de recomendación: su padre Natalio Fejerman es un científico reconocido a nivel mundial por sus descubrimientos en la lucha contra la epilepsia y él mismo es profesor de música clásica y amigo respetado por el establishment del rock: Páez/Calamaro/García.

Desde aquellas apariciones solo hubo un estruendoso silencio, Andy era más conocido por sus decadentes y a la vez divertidas repeticiones en Televisión Registrada, que por sus discos escuchados y valorados en España.

Los años de silencio fueron pasado cuando se abrió el telón y con el sostén de una banda potente (Federico Gil Solá, ex Divididos, entre ellos) se despachó con “Neuronas”, “Voy a la playa” y “Demencia temporal”. Con pudor presentó a aquellas primeras canciones de su repertorio que únicamente hablan de su relación con las drogas. Con el sonido ya afianzado se mostró dócil en el escenario, manejando los tiempos y pedidos del público como si estuviera jugando de local. Hubo tiempo incluso para los chistes y se burló aunque no explícitamente del Vicepresidente al leer una carta que éste mismo le cursó: “el mundo está muy loco”.

Bajadas las revoluciones de los primeros temas se acomodó el saco y mostró su repertorio Boris Vian, su disco de canciones con letras del poeta francés que musicalizo allá por el 2009. La banda mostró su soltura para interpretar jazz en “Beber” y “Viva El Progreso”. Con el transcurrir de la velada mostró su lado más rockero con “El club de lucha” y volvió a calificar a sus viejas canciones como “producto de mi etapa más patética”, así le siguieron “El viejo lexatin” y “calumnias e injurias”.

Cuando la sala se encontraba convulsionada, Andy pidió volver a la calma y presentó a Agustín Della Croce en un cello que enmudeció a todos con sensibles versiones de “Madrid” y “No quisiera morir”. Con los presentes ya convencidos de que el estrafalario personaje es verdaderamente un músico que tiene gran conocimiento acerca de la composición de la canción, éste anuncio el final de la velada, no sin antes invitar a sus amigos Maby Diaz, el rockerisimo y personaje de Buenos Aires Clota Ponieman y a Tito Losavio para interpretar todos juntos “Queda muy poco de mi” y “En familia”

Santiago Jorge

Comprador compulsivo de discos, escriba constante y Escritor ocasional. Abogado y docente en la Universidad Nacional de Jujuy.