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Arenas movedizas, el estallido de la furia adolescente

Por María Rosa Beltramo

Arenas Movedizas  comienza con una masacre en una escuela. Maja (Hanna Ardéhn), alumna de uno de los cursos superiores, tiembla y mira sin ver, como si fuera incapaz de entender la magnitud de la tragedia.

Sus ropas están manchadas de sangre. La policía la saca del aula que ha vivido el infierno de esos tiroteos letales y sorprendentes que con una frecuencia alarmante alimentan la crónica roja de los Estados Unidos. Pero esta vez el escenario es un colegio de los suburbios de Estocolmo, al que concurren dos tipos de estudiantes: los ricos y los obscenamente ricos.

Maja revista en la primera categoría y su novio Sebastian (Félix Sandman) en la última. Para el chico es más o menos normal aparecer el lunes en la casa de su compañera en un Mercedes y, la siguiente jornada, en un Porsche recién sacado de la concesionaria. O invitarla a navegar en el yate familiar y esperarla en cubierta con la tripulación formada y las copas de champagne listas para el brindis. Para ellos, la prosperidad es algo más que una palabra, aunque les sirva de poco porque pronto aparecerán detalles que remiten no tanto a la tristeza de los poderosos, sino más bien a una preocupante ausencia de empatía.

Esa condición es valiosa para entender la historia aunque conspira contra los espectadores, a los que les cuesta encontrar personajes con los que pueda identificarse. La serie sueca resuelve todo el peso argumental en seis capítulos.

Arenas Movedizas se basa en la novela homónima de Malin Persson Giolito y la adaptación del guión corrió por cuenta de Camilla Ahlgren, una escritora que alcanzó la cumbre de su carrera con algunos de los episodios de Bron/Broen (El Puente), la coproducción sueco-danesa que ha conquistado audiencias de Europa y América.

En Arenas Movedizas el espectador puede creer que lo único que tiene que averiguar es el motivo de la masacre. Desde el minuto inicial,  la policía tiene detenida a Maja y la acción vuelve al pasado reciente para buscar las causas de ese día de furia que tiñe de un rojo espeso e inconfundible una preciosa sala de tonos pastel.

La narración circula por la cotidianidad de los estudiantes y aparecen retazos de la historia de cada uno. Nada del otro mundo, pero en general el esplendor económico de los jóvenes es la contracara de sus carencias afectivas. Las fiestas, con las que intentan animarse y consolidar las relaciones de grupo, incluyen DJ profesionales, cantidades industriales de alcohol y un generoso muestrario de drogas.

No es demasiado digno de la excelencia de las producciones escandinavas, pero en “Arenas…” eligieron a un dealer africano que se pasea entre sus compañeros y clientes con un palillo entre los dientes y al que sólo le falta rapear a los gritos para convertirse en el estereotipo perfecto del narco.

Hay otro morocho, Samir Said (William Spetz), un sueco de pura cepa, hijo de musulmanes. Además de jugar el rol del enamorado pobre de Maja, su inclusión permite contrastar la forma de vida de los inmigrantes con la parte opulenta de la sociedad. La diferencia es sideral aunque para ser pobre a la manera sueca, en Argentina deberíamos ahorrar durante años.

El edificio donde vive Samid es parte de un complejo flamante de departamentos iguales, con todo lo necesario para vivir dignamente,  pero a kilómetros de esas mansiones ampulosas, rodeadas de jardines y parques de los ricos.

Y, a la hora de espiar realidades tan distintas, también vale la pena echar un vistazo a la prisión donde va a parar Maja a la espera del juicio. La celda en la que la aíslan no tiene nada que envidiarle a la habitación principal de un departamento de Nueva Córdoba.

Pero al margen de los pintorescos contrastes, lo mejor de la serie llega cuando la sospechosa enfrenta al tribunal que la va a juzgar y entra en acción su abogado, Peder Sander (David Dencik), un personaje que reserva lo mejor para el final.

Quicksand

La mayoría del elenco ofrece sólidas actuaciones, pero casi todos son desconocidos para el gran público argentino, a excepción de Shanti Roney, que tuvimos ocasión de ver en el rol de Paul Hjelm, en las series de Arne Dahl que exhibía Film and Arts.

En el desarrollo de los seis episodios, el espectador tiene ocasión de preguntarse el por qué del título de la serie. Las arenas movedizas parecen conformar una superficie sólida, segura y previsible hasta que uno la pisa y entonces, el agua se separa de la arena y una fuerza irresistible te atrae hacia abajo.

María Rosa Beltramo

Periodista, trabajo en Cadena 3 y escribo un blog que se llama "Maravillas de este siglo".