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Armando Pérez, un self made man que sabe escuchar

Por Joaquín Aguirre

A los 20 años, sin ningún tipo de estudio superior, Armando Pérez ya sabía lo que iba a hacer de su vida. El ímpetu, el esfuerzo y la idea de que no había límites a la hora de imaginar lo llevarían muy lejos. No tenía claro en qué rubro tendría éxito. Pero ahí estaba, repleto de confianza y entusiasmo, el hombre que hoy conduce exitosamente varias empresas además del club Belgrano.

Con sólo 20 años ya se movía como pez en el agua en el rubro de gestoría de automóviles. Lo aprendió unos años antes al hacer el servicio militar en la provincia de Buenos Aires, donde le habían asignado tareas relacionadas con dicha actividad. Tenía, a esa edad, 50 personas a cargo y 300 concesionarias diseminadas por todo el país.

A pesar del mandato de su padre, (“estudie, hijo, para trabajar antes hay que saber”) el joven Armando era una tromba. Trabajaba y a la vez analizaba las oportunidades que se le cruzaban en el camino.

Hasta incursionó en el rubro inmobiliario. También fue para delante. Se endeudó y esta vez, en una época complicada del país, se fundió. Pero no se achicó. Se levantó y siguió buscando negocios y oportunidades. Llegó así a meterse con un laboratorio, una fábrica de plásticos. Se le ocurrió que la manera más eficiente de llevar su producto a la gente era la venta directa. Y acertó.

Otra vez el tesón, la astucia, el amor propio. La prosperidad lo acompaña nuevamente. “Hay muchos fracasos antes de tener un solo éxito. Lo bueno no es contar lo que sale bien, sino lo que uno sufrió para llegar a eso”, contó en una entrevista. Su nombre no era tan conocido en Córdoba. Menos en el mundo del fútbol.

Decidió acercarse a Belgrano en el peor momento de su historia, a comienzos de la década pasada. Antes de la quiebra tuvo la idea de acercarse por primera vez. “Yo veía que Belgrano estaba mal. No había inferiores, ni lugar para entrenar. No había nada de nada. La alternativa comercial que tenían era la convocatoria de acreedores. No era ese el momento para meterme en el club, no podía ser tan irresponsable. Además yo tengo mucho respeto por el voto de la gente. Los estuve ayudando solo con dinero por aquel entonces, pero Belgrano se fue hundiendo cada vez más hasta llegar a una convocatoria. Ayudé dos o tres veces, porque tiraban la plata sin sentido”, contó.

Luego, con el club quebrado, primero se asoció a la empresa a cargo del gerenciamiento, pero al tiempo decidió que para aportar realmente lo que sabía debía tener el ciento por ciento del control. Y compró Córdoba Celeste. El comienzo de su gestión fue vertiginoso. Tuvo un ascenso e inmediatamente un descenso; un desencuentro con el exitoso DT Carlos Ramacciotti, y varios aciertos que hoy lo han situado en un lugar especial para el hincha de Belgrano.

La compra de un predio para todas las divisiones con infraestructura de primer nivel y el saneamiento de la institución (hoy el club volvió a ser de los socios), fueron dos de sus logros que marcan su gestión.

¿Cómo aprendió a ser dirigente de fútbol?

-Escuchando. No me cuesta retroceder cuando estoy equivocado. Tengo sentido común. Respeto por la institución. No trabajé para mí, trabajé para Belgrano. Los dirigentes no pueden ser hinchas de fútbol; si les gana el hincha, no pueden pensar en el club. El hincha lo único que le interesa es que su equipo gane el domingo. Yo sé, por mi pasado, cómo se manejan las empresas y las organizaciones, y con ese conocimiento trato de conducir a Belgrano.

-Durante su recorrido en Belgrano se rodeó de un grupo de trabajo joven, capacitado y con muchísimo entusiasmo. Y lo guió. ¿Cambia conducir al club como presidente y como gerenciador?

-Es igual, aunque ahora tengo mayor tranquilidad. Antes era yo el que ponía la plata. Ahora comparto la responsabilidad con toda la Comisión. Varias veces pensé en largar mientras gerenciaba. El juez no entendía nada de fútbol y el órgano fiduciario, menos. Ellos sólo miraban el proceso de quiebra, no lo deportivo. Y me obligaron a vender jugadores que no tendríamos que haber vendido.

-¿Al club hay que manejarlo como empresa?

-Al club hay que manejarlo como un club. Pero no deja de ser una empresa. El dirigente debe respetar tajantemente un presupuesto. No endeudarse. Y estoy en contra de que la AFA les dé plata a los que se endeudaron por llevar jugadores caros. Es injusto para aquéllos que cumplimos y no debemos. Genera una desventaja deportiva. Que cada uno arregle sus cuentas como pueda. Y si no puede, que se achique. No puede haber un tercero que le preste la plata y el club después no la devuelva. Cada vez que puedo, lo planteo en la AFA.

-¿Qué le contestan?

-Cada uno tiene sus compromisos y algunos miran para otro lado. Pero en algún momento vamos a solucionarlo. El que deba no podrá incorporar jugadores. O la AFA le retendrá dinero de las recaudaciones.

A medidados de 2011 Belgrano fue el protagonista de uno de los mayores hitos del fútbol mundial: ascendió a primera y mandó por primera vez al River al Nacional B.

Pero no fue de un día para otro. Antes de jugar la famosa promoción, el equipo transitó un camino dificultoso, en el que llegó a estar último en la tabla de posiciones. “Una vez les dije a los jugadores que el egoísmo hace perder un principio de equipo y de esfuerzo. Cambiaron y a partir de ahí empezaron a funcionar de otra manera: creciendo”. En Primera División, la gestión de Pérez arrió las banderas de la seriedad y la austeridad. En la segunda asamblea desde el regreso del club a los socios, en abril de 2013, se aprobó el balance correspondiente al ejercicio 2011-2012 con un superávit de 11.097.500 de pesos.

“No vamos a rifar el presupuesto”, es una de las frases más escuchadas de la boca del presidente. Mal no le fue.

Futbolísticamente, en Primera consiguió dos subcampeonatos y alcanzó la mejor campaña de su historia, además de clasificarse a la Copa Sudamericana. Le dio continuidad al gran trabajo de Ricardo Zielinski y llevó a Belgrano a ser una de las instituciones más respetadas del país.

Pero Pérez no se atribuye ningún logro. Para él, todo lo conseguido es fruto del esfuerzo colectivo. “Todos están consustanciados en el proyecto de club que queremos. Hablo de hinchas, dirigentes, empleados y jugadores. Porque no se puede hacer un club grande sin el esfuerzo de todos”.

Uno de sus anhelos es crear una escuela de referentes. Por eso les ofreció a los jugadores más identificados con el club, aquellos que representan los valores de Belgrano, un contrato a largo plazo para que en el futuro puedan volcar sus enseñanzas en los distintos estamentos de la institución. Olave, Turus, Farré y “Teté” González marcan el camino. Y Armando Pérez los quiere cerca.

Como aquel pibe de 20 años que se llevaba el mundo por delante, Pérez no se conforma. “Estamos en un diez por ciento de lo que tenemos que hacer”, ha dicho. Quiere llegar a 50 mil socios, ganar un campeonato y que el Pirata logre reconocimiento a nivel internacional.

Cuando (Armando) llegó a Belgrano dijo que quería llevar al club a los primeros planos del país y a jugar un torneo internacional, y varios lo miraron de reojo. Incluso yo, que en ese entonces no estaba en el club. Y hoy se logró. Hay que admitir que cuando se tiene un proyecto claro y se trabaja seriamente las cosas se consiguen”, expresó Olave una vez materializada la clasificación a la Sudamericana. El trabajo dio sus frutos. Qué duda cabe.

Joaquín Aguirre

Periodista. Actualmente en La Voz del Interior y antes corresponsal de ESPN, siempre ligado al deporte. Autor del libro Golpe Pirata, una crónica sobre el ascenso de Belgrano que llevó a River Plate al descenso por primera vez en sus 110 años de historia.