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Arte en Güemes, un bastión de estilo y cultura en Córdoba capital

Por José María Mena

Entre el trajín del centro, el barrio estudiantil de Nueva Córdoba y atravesado por el arroyo de La Cañada; la de los mitos, historias paganas y la que supo arrasar con la geografía del lugar, se encuentra el Barrio Güemes, de la ciudad de Córdoba.

Todo en la vida tiene un origen, y el de este espacio urbano se remonta a finales del siglo XIX. Después de la creación de un mercado para comerciantes, que se llamó Plaza de las Carretas, se convirtió en el primer barrio obrero de la ciudad. Allí, albergó la llegada de la masa inmigrante, provenientes de Italia, España y países de Medio Oriente.

 

Podemos afirmar que desde hace más de cien años, Güemes es un lugar en constante movimiento. Ayer, por el arribo de personas que buscaban nuevos horizontes y hoy, por los vehículos y su gente que transitan principalmente la cañada, por su arroyo que circula permanentemente y por las copas de su árboles añejos, que danzan al ritmo de algún viento y resisten las tormentas que azotan la ciudad desde hace varias décadas.

El barrio tiene un toque especial, que lo diferencia de sus vecinos más próximos y de la ciudad en general. El desarrollo urbanístico, de su propio microcentro, se basó más en su preservación, que en los cambios rotundos que implican el uso de topadoras. No goza de grandes edificaciones, lo que le da el gustoso encanto que brinda la combinación de viejas fachadas de casas y conventillos, que en los últimos años se transformaron en locales comerciales, galerías innovadoras y bares.

Como atractivo principal, en sus calles más relucientes y coloridas, tienen cita distintos centros culturales, casas de antigüedades, ferias que resucitan cada fin de semana y el Paseo de las Artes. Este último nació a principios de los años 80, en la esquina de Cañada y Achaval Rodríguez, hoy Centro Cultural Paseo de las Artes.

Caminar por allí cada día, pero en especial los fines de de semana, sirve de alguna manera para matar la soledad de una ciudad que se detiene. Es un lugar de encuentro y nostalgia, para hacer amistades y conocer personas innovadoras y creativas. Una manera de alimentar nuestro espíritu curioso y llevarnos algo de eso a todo lugar que decidamos ir, para seguir contagiando su magia.

 

La Feria de las Artes es mucho más que un conglomerado de puestos de artesanías y antigüedades en el corazón de una manzana y calles circundantes: es un estilo artístico, cultural y afortunadamente en expansión, que se han vuelto característico de la zona. El San Telmo de Buenos Aires, el Notting Hill de Londres, el Marche au Puces de Clignatncourt de París. Un paseo para viajar en el tiempo, donde se puede adquirir una cámara fotográfica con fuelle, un juego de té de principios de siglo XX o libros y discos que ya hace varias décadas se dejaron de editar.

Es por eso que al transitarlo, uno se transporta a tantos mundos y tiempos como puestitos haya. Una manera simple e interesante de vivir decenas de vidas en un pequeño paseo. Un viaje fugas que se recorre por completo en un par de minutos, pero que es siempre diferente, ya que en cada visita, se descubren cosas nuevas.

Los colores, los puestos de estructura metálica, la comida ambulante de aquellos que buscan ganarse el pan, al vender entre otras cosas baguettes saborizadas, manzanas acarameladas, y empanadas, más un sinfín de personas que van de aquí para allá curioseando, son parte de la escenografía del lugar. Una escenografía viva, y completamente sensitiva, con aroma a azúcar quemada y carbonada humeante. Para sumarle ritmo, la música se hace presente, una chacarera interpretada con una guitarra criolla, jazz al ritmo de un saxofón o un blues sin consuelo entrando en la noche. Esta suma de acordes musicaliza momentos únicos que danzan en nuestro interior, para convertirse en recuerdos.

 

La moda es bastante plural; desde lo que ofrecen algunos stands y puestos comerciales cercanos, o lo que usan los transeúntes, ya que la diversidad de esa zona es también gracias a los looks y estilos de muchísimas personas. Chicas y chicos con su ropa hippie, casual, bohemia, minimal, grunge, punk, etc, dan nota que Güemes y en especial, el Paseo de las Artes, es un lugar para todos y visitado por todos. Un espacio sin puertas, sin muros, ni restricciones, de calles libres y sin prejuicios, donde se puede respirar libertad.

 

 

De cierta manera el Paseo y sus callecitas son lo más parecido a visitar un museo de arte y antropología urbana, si es que en verdad existe alguno llamado así. Uno puede contemplar muchas cosas; su gente, su comportamiento, un sinfín de objetos inanimados, el resultado de la creatividad de unos y la creación de otros, que vaya a saber cuánto tiempo le dedicaron a hacerlo; como mandalas tejidas, ojos de dios, pulseras al macramé, títeres, tapizados, juguetes de madera y mucho más.

Sin lugar a dudas, Güemes y sus ferias, son un espacio para visitar, una y mil veces, para contemplarlas e inspirarse para seguir haciendo arte o contar lo que allí sucede.

José María Mena

Periodista y fotógrafo aficionado. Poeta de vez en cuando, escritor de a ratos y soñador todo el tiempo. Busca historias en rincones tímidos y sueña con dejar su huella.