Música

#Blur: Caos, distorsión y el reencuentro más deseado

Por Matías Montoya

Tras 12 de espera el grupo británico editó bradley martyn steroids The Magic Whip, un disco que conceptualmente recorre las mejores melodías de los años dorados de la banda. Si bien el resultado no se puede comparar a how to buy real likes on facebook 13 o Parklife, dos placas que involucran a la banda con el brit-pop del bueno, el último trabajo recrudece y se pone más intimista que nunca.

Grabado en 2013 luego de un parate que tuvo la banda producto de la suspensión de un festival realizado en Tokio, Damon Albarn y sus muchachos se encerraron en los estudios Avon, en el distrito Kowloon, una legendaria ciudad amurallada de Hong Kong. Allí, Graham Coxon condimentó con gran oficio y ejerció de base, ya que las guitarras y sus distorsiones surtieron efecto, a las doce canciones que integran la placa.

Lonesome Street, Go Out y I Broadcast nos dejan entrever el caos durante la grabación del álbum. Ese caos que sólo se puede generar en las grandes ciudades que, entre multitud y rascacielos, involucran de lleno en el sentido armónico y melódico que transita el disco.

New World Towers muestra la gran influencia de Albarn en cuanto a sonidos cambiantes que presenta el tema. Y si, el tipo estuvo en bandas tan disímiles como estrambóticas, tocando los géneros electrónicos, africanos y rockeros; y esas influencias se perciben.

Si bien el disco se caracteriza por las voces que Damon suelta con cada tema que interpreta, en Ice Cream Man hay un entrevelo de los resquicios Gorillaz, donde supo abarcar los sonidos electrónicos. Pero el secreto está en la electroacústica de Coxon, con un solo bien logrado, deja descubrir en el oyente que la música que supo poner a Blur en la escena mundial sigue en pie e intacta.

Algo parecido ocurre con Thought I Was A Spaceman, donde los sonidos guturales mezclados con los eléctricos se hacen presente de la mano de Coxon y su deformación al tocar la viola. Las bases sintetizadas que genera la batería que luego comienza a transformarse en acústica, nos da el puntapié para que viajemos hacia ese país de caos y revolución que es Hong Kong.

Los golpeteos de la batería y la voz desganada de Albarn hacen de My Terracotta Heart uno de las mejores interpretaciones del disco. Si bien es un tema muy melódico el logro dentro de esta canción es haber puesto en primer plano la batería y la voz, y dejando a la guitarra con pequeños riffs de manera espectacular en segundo plano, entregando la armonía justa, acompañada por el bajo y los teclados que casi no aparecen pero le aportan el tinte justo a la mejor expresión de la banda.

There Are Too Many Of Us, Pyongyang y Mirrorball son tres interpretaciones que muestran la buena interacción que hay entre Albarn y Coxon, dos personajes que supieron odiarse y hoy los encuentra unidos para darle forma a tres temas que hacen valorar al oyente mucho más el trabajo en conjunto de estos dos grandes músicos.

Todos sabemos de las capacidades de estos dos fenómenos de la música, pero que serían ellos si no tienen detrás de ellos a dos artistas que logran bases tan bonitas como descontroladas. Alex James (bajo) y Dave Rowntree (batería) saben interpretar a la perfección lo que Damon o Graham quieren para cada tema.

Ambos logran bases increíblemente mágicas. Una de ellas es el que le da forma a Ghost Ship. Si bien la voz es la estrella, el comienzo es una base tan bien lograda que se lleva todos los laureles. Obviamente sin menospreciar los punteos de Coxon que sin ellos no sería un tema de Blur, sería uno más del montón que supo hacer Albarn en su carrera musical fuera de la banda. Otro punto muy alto del disco es con Ong Ong que nos remite a los buenos tiempos de Parklife o Leisure donde las cuerdas de la acústica eran rasgadas y simplemente la voz de Albarn era la que nos daba la liviandad a la hora de apreciar un tema de Blur. Es un lindo hallazgo, ya que los altibajos que tiene el tema nos remarca que la banda está en su salsa. Las actuaciones de los cuatro son tan mágicas como experimentales.

Repatriar a Graham Coxon fue un trabajo que Blur necesitaba darse y lo logró. Nuevamente los cuatro genios en escena nos regalan un disco que posee sonidos tan variados que los transforman en experimentales. Los cuatro son autores y compositores de todos los temas. Detrás de las consolas estuvo el productor Stephen Street, quien supo darle el sonido característico a los primeros discos de la banda británica.

Blur está al acecho y nos regala uno de sus mejores discos luego de mucho tiempo sin entregar material de estudio (el último fue Think Tank). Ahora nos queda tachar los días hasta octubre, cuando visiten nuevamente Buenos Aires (luego de la gran interpretación en el Quilmes Rock de 2013) y pisen los escenarios de la ciudad de Córdoba.

Matías Montoya

Periodista Deportivo. Secretario en @AACurling. Melómano. Fanático del Deporte. Colaborador en @AARevista. Redactor en @agrupaciondepor