Viajes

Budapest, la perla del Danubio

Por Victoria Agulla Tagle

20 años y 350 días hicieron falta para conocer esta espectacular ciudad. Necesarios y justos para poder apreciar la Reina del Danubio.

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La mayoría de las personas no sabe ni dónde queda Budapest. Budapest es la capital de Hungría. Y no sólo es la capital de un gran legendario país, sino una de las ciudades más increíbles de Europa. Además, es la capital centroeuropea más extensa y la más occidental de la antigua Europa Oriental.

Antes que nada, hay algo que merece la pena resaltar: la curiosa historia de la ciudas. La leyenda cuenta que la tradicional Budapest se conformaba por tres ciudades: La isla sumergida Obuda -“antigua Buda” en húngaro-, Buda -“la monumental”- a la izquierda y Pest -“la real”- a la derecha del Danubio.

Un poco de historia

La villa más antigua era Obuda, ocupada por los celtas hasta que llegaron -¿quiénes si no?– los romanos en el siglo I a.C, que renombraron y fundaron a la ciudad con el seudónimo de “Aquincum” en el año 89. De este apodo viene el gentilicio para designar a los habitantes de Budapest: aquincense o aquineo – y no budapestiano, budapense ni semejantes -. Trece siglos más tarde nace Buda, también como colonia romana. La fundación de la ciudad no se produjo hasta 896d.C, año en que los magiares derrotaron a los romanos. El Principado de Transilvania fue un estado independiente de la civilización húngara, el cual mantuvo viva la cultura húngara durante el periodo de decadencia ante la derrota en la batalla de Mohács (1526) contra los turcos. El Puente de las Cadenas es, además de un importante símbolo, el corredor que unió geográficamente a la ciudad de Buda y Pest en 1849. Pero recién en 1873, se unieron definitivamente Obuda, Buda y Pest bajo el nombre actual de Budapest. A partir de allí, el Imperio Austrohúngaro se encontraba gobernando la región. La ciudad húngara crecía en envergadura, convirtiéndose en la segunda ciudad –después de Viena– más importante del imperio. Después de la Primera Guerra Mundial, en 1919, el tratado de Saint-Germain en Laye separa oficialmente al Imperio Austro-Húngaro, a causa de la renuncia a los derechos de la monarquía por parte de Austria. A partir de este momento, se constituyó el Estado Húngaro Independiente. Un año después, se firmó el Tratado de Trianón, acuerdo que impusieron los aliados al país magiar tras la caída del gobernante comunista judío, Bela Kum. En ese mismo momento Hungría, perdió Rutenia, Transilvania, Temesvar, Croacia y Eslovaquia. Esto causó el engrandecimiento de Budapest en un país de repente empequeñecido. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino de Hungría fue parte de las Potencias del Eje. Causa, “suficiente”, para ser bombardeada por los aliados. Estos bombardeos aéreos destruyeron tanto a Budapest que, en octubre de 1956, la ciudad se levantó contra el gobierno y la influencia soviética. Casualmente, una de las razones por las cuales cayó la Unión Soviética, en 1989, fue ésta. De este modo,  Hungría abandonó el comunismo y recuperó su autonomía, naciendo así la República Popular de Hungría. El más reciente e importante cambio se produjo en 2004, cuando el país húngaro pasó a formar parte de la Unión Europea.

 

Dejando de lado las diferenciaciones de nombres, ubicaciones, márgenes y demás, Budapest es monumental por donde se la mire. En mi opinión, una de las ciudades más grandiosas y bellas de Europa. Como núcleo de diferentes civilizaciones, la ciudad reviste diferentes estilos, arquitecturas, monumentos y edificaciones. Sin embargo, lo más llamativo es la alegría, predisposición y buena onda de la gente. A pesar de que el húngaro es más bien un idioma duro, frío y casi inaccesible, la gente te deslumbra siempre con una sonrisa, un inglés casi perfecto y una predisposición verdaderamente remarcable. Desde el primer momento que llegué a la estación, el encargado en la oficina de turismo, o el dueño del puesto de revistas, fueron amables y precisos al responder cualquiera de mis preguntas.

Tengo dos días en Budapest. Por lo cual, como la ciudad misma, mi recorrido se divide en dos. El primer día me encargaré de conocer absolutamente todo de Pest. El segundo día, a pesar de que tener menos tiempo, recorreré Buda. El hotel donde me hospedo queda en la zona de colinas verdes y boscosas de Buda. Cerca de mi hotel, está la ruta principal, la cual dirige a las grandes mansiones y estancias húngaras. Para llegar a Pest, el centro más social, comercial y burócrata, tengo que tomarme un bus que cruza el puente Elizabeth.

Hoy es Domingo 10 de Agosto de 2014, son las 10am y ya estoy pisando la maravillosa Pest. Caminando sin rumbo por las calles más residenciales de la ciudad, me impacta la arquitectura. Uno puede encontrar varios edificios estilo barroco, muchos art nouveau o art decó, bastantes góticos, uno clásico, u otro hiper moderno. Todos combinados, algunos dañados y pocos realmente cuidados. Tras las guerras, la construcción de la ciudad sufrió muchos deterioros, sin embargo, las edificaciones son igualmente bellas y asombrosas. Su diversidad de colores y su majestuosidad me impactaron desde el primer momento que pisé Budapest.

En Pest se encuentra la conocida calle Vaci Utca, uno de los puntos más comerciales y transitados de la ciudad. Allí me encanto con cada músico callejero que esparce sy belleza y alegría a cada persona que roza su instrumento. Sin duda, una de las peatonales más cálidas por las cuales he andado.

   

En el final de esta vía está el Mercado Central, un tesoro para los que nos gustan los mercados. Además de ser enorme, y con una particular arquitectura, el rastro tiene productos frescos de todo tipo y en gran cantidad. Caminando –y buscándola- me topo con la sublimidad que significa la Basílica San Esteban, el temple religioso más grande la ciudad. Una vez arriba de su cúpula verde de casi 100 metros me enamoro íntegramente de Budapest. Por dentro, el estilo neoclásico de la iglesia no deja a nadie indiferente -la elegancia húngara se ve hasta en los santuarios-.

Luego, tomo una de las avenidas más importantes de Budapest: Andrassy, continuando derecho llego hasta la Plaza de los Héroes, donde se encuentra el pulmón verde del núcleo urbano: el parque de la ciudad el cual está repleto de jóvenes tomando cervezas, familias jugando y parejas de picnic. Es que en Europa la gente disfuta más de sus áreas verdes. Sobre todo, ése domingo que estaba especial para estar al aire libre. En ese mismo espacio se encuentra el Castillo de Vajdahunyad, una construcción en conmemoración al Milenio de la nación húngara en 1896. La fortaleza es una réplica de un castillo húngaro en Transilvania, construida cuando ésta pertenecía al reinode Hungría.   Tras andar todo el día, me dirijo al monumento más importante de este lado del Danubio: el Parlamento. De estilo neogótico, el Senado fue construido hace más de 100 años bajo el diseño de Imre Steindl, convirtiéndose en el edificio más grande y caro de Hungría. Al llegar a la plaza Kossth, quedo perplejo con el tamaño de este edificio, de simetría casi francesa y elegancia inglesa, el parlamento te empequeñece de tal manera que, uno se siente una hormiguita ante semejante edificación.

Mi segundo y último día en Budapest transcurre del otro lado del romantico río, donde preside el Buda. En esta parte se encuentra principalmente el Castillo Real, máximo símbolo de la realeza húngara. Allí también se encuentran la Galería y Biblioteca nacionales. Como cualquier ciudadela centro europea, esta es una reliquia. Un Castillo de cuentos, emblemas y banderas.

El lugar más maravilloso de Budapest –según mi punto de vista- se sitúa también de este lado. Y este es el Bastión de los Pescadores. Un preciado refugio construido en piedra blanca y formado por siete torres que representan las siete tribus magiares llegadas del Este de Europa que fundaron la nación de Hungría hace 2 siglos. Desde sus columnas se ve panorámicamente Pest y su perenne río. El nombre viene del lugar dónde se ubica, ya que, además de albergar el antiguo Mercado, éste era un barrio de pescadores.

Luego de haber admirado estas fabulosas vistas, me voy a caminar por la orilla del Danu. Quiero alquilar una bici, pero las maquinitas no aceptan mi tarjeta de crédito, así qué mis pies continuan siendo mi única y absoluta compañía. La extravagancia de Budapest sólo se percibe caminando sus calles, oyendo sus murmullos, conociendo sus mercadillos, probando su gulash, topándose con sus ciclistas, tratando de hablar con sus habitantes, disfrutando el atardecer en el Danubio y cruzando una y otra vez sus puentes.

Llega el medio día y es hora de irme al aeropuerto. Satisfecha y contenta, despedo enamorada a Budapest. Me hubiera gustado visitar las famosas termas de Gellert, pero –como diría mi mamá- siempre hay que dejar algo sin ver para la próxima vez. Budapest tiene algo que te seduce y te invita a recorrerla, admirarla y quererla.   Lo que me queda ahora es a leer a Sandor Marai para volver a pasear por el gran país húngaro.

Victoria Agulla Tagle

De sangre creativa e inquieta. Con una sensibilidad especial para la fotografía, descubre al mirar y narra al capturar. Lectora social con gran futuro periodístico.