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Viajes

California: «Yo también me enamoré en San Francisco»

Por Carola Cinto

Fotos Franca Ghirardotti

¿Nunca te preguntaste qué tendrá California que todos los músicos le dedican una canción o al menos una estrofa?

Desde los Red Hot Chili Pepers con su Californication o Dany California hasta Lana del Rey con su más reciente West Coast. Yo sí. Y qué mejor que un buen motivo como ese para iniciar un viaje. Muchos fueron los días de espera y hasta planificamos nuestro recorrido en una bitácora con hojitas Post It de colores. Cada una representaba un lugar diferente de todo el recorrido.

La primera: San Francisco

Aterrice en esta hermosa ciudad a las 10 a.m. Desde que mis pies tocaron el suelo sentí una energía muy particular que recorría a cada una de las personas que se encontraban como yo, quizás llegando quizás partiendo, en ese aeropuerto. Luego de esperar a mi compañera de viajes dos horas  (con cafecito de Starbucks de por medio, por supuesto),  buscamos un transfer que nos llevara directo al hotel. Esa primera autopista que tomamos nos mostró en una seguidilla de imágenes rápidas lo que sería nuestra estadía en una de las ciudades más lindas del mundo.

El hotel se encontraba a 4 cuadras de Market Ave., una de las arterias principales de la ciudad y que la atraviesa casi completamente. Salimos a caminar a penas llegamos, sin ni siquiera haber hecho el check in. Lo que encontramos a penas comenzamos nuestro recorrido en dirección al centro fue exactamente lo que identifica a San Francisco: variedad, contrastes, crisoles. Las primeras cuadras atestadas de “homeless” (personas que viven en la calle) en sus sillas de ruedas, con sus mascotas, en su mundo. Un lado de la ciudad donde no hay personas vestidas a la alta moda, donde la limpieza no es algo que la caracterice.  Cuatro cuadras llenas de murales y street art y también donde se escuchaba hip hop en cada esquina. Si bien en un principio fue un poco shockeante creo que es parte de la cultura estadounidense que no hay que perderse de conocer.

Ya más cerca de la famosa Union Square, las grandes marcas de indumentaria apabullaban con estructuras edilicias enormes.  La “plaza” en sí no deja de ser la típica al estilo yankee, pero el entorno es increíble. Unas dos cuadras por detrás vemos las típicas calles de San Francisco con una inclinación que no le teme a los 90 grados y los famosos “Trolley” que las atraviesan de punta a punta para aquellos curiosos o aquellos que no se sienten comodos con la idea de  “escalar” la ciudad.

Hacia la izquierda de la plaza, podemos ver una imponente entrada hacia China Town, barrio que para gente como nosotras que nunca habíamos estado ni siquiera en el “barrio chino” porteño pese a ser un “must”. Cuadras atestadas de colores, principalmente rojo y dorado, invitan a entrar en cada uno de sus negocios donde una pequeña puerta abre lugar a un enorme espacio lleno de souvenires perfectos para cualquier tía, abuela o madre. Desde sahumerios hasta artículos de decoración, todos combinados perfectamente con la cultura oriental. Las borlas en las calles color rojas junto con algunos edificios, los animé de algunas remeras y mochilas, el idioma de la mayoría de las personas que circulan por ese sector que para nosotros se asemeja a puros chirridos, hacen que con unos simples pasos entremos en esta cultura que nos es tan extraña pero tan maravillosa.

“Cada día en San Francisco tenés que aprovecharlo al máximo”, nos habían aconsejado varias veces. A las 8 a.m desayunábamos y nos preparábamos para conocer lugares que seguramente nos dejarían con la boca abierta. Primero en la lista: conocer el Golden Gate.  Para eso nos tomamos la famosa línea “F” del Street Car, un servicio de transporte patrimonial que utiliza tranvías del 1800 y que aun sigue recorriendo las calles de la ciudad siendo uno de los preferidos por los turistas,  vistiendo de vintage a la famosa Market Ave.

Su recorrido nos lleva por la costa de San Francisco atravesando las decenas de muelles hasta llegar al famosísimo Pier 39.  Su popularidad se debe a que sobre él podemos encontrar numerosas tiendas tanto como espacios gastronómicos (Bubba Gump entre ellos). Y nada más. A mi forma de ver, mucho más atractiva es la feria que se instala los fines de semana por la tarde cerca del “Pier 1” donde podemos encontrar desde flores naturales, pasando por vegetales que parecen de plástico por sus radiantes y perfectos colores, hasta collares hechos a mano. También, frente a las carpas blancas, podemos ver un anciano que con ollas, fuentones de metal y discos nos deleita con un concierto a puro “metal”.

El itinerario que comienza con una mañana fresca por la costa de la ciudad debe seguir con el recorrido por el famoso Golden Gate. Muchas son las opciones pero nosotras decidimos hacerlo en bici. El recorrido es bastante extenso y durante el mismo muchos son  los puntos que invitan a hacer un “stop” y tomar alguna fotografía de ese imponente puente y sus alrededores. Luego de atravesar el Golden Gate llega la mejor parte, Sausalito. Esta pequeña ciudad tuvo un gran desarrollo durante la Segunda Guerra Mundial y fue albergue de artistas y bohemios. Al caminar por sus estrellas calles se puede palpar una mezcla de cultura entre latina y europea. Con restaurantes y heladerías dónde las “sugerencias del chef” no escatiman en platos al mejor estilo italiano o mexicano.  El camino puede continuar hacia Tiburón pero solo es para aquellos dichosos que no caen en el cansancio del turista ambulante. De Sausalito un ferri te devuelve hacia la gran ciudad pero sin dejar de maravillarte con una vista perfecta tanto del Golden Gate como de la cárcel de Alcatraz.

No existe mejor opción que programar un último día para visitar los barrios Castro o barrio gay y Haight Ashbury mejor conocido como barrio hippie. “Castro” también nombrado como Eureka Valley es el lugar donde se concentra principalmente la comunidad homosexual de San Francisco. Otro de los nombres que supo dársele tiempo atrás es de “Pequeña Escandinavia” por la cantidad de concentración de personas de origen sueco, noruego y finlandés.

Arcoíris por todas partes (hasta en la senda peatonal), sonrisas en cada cara, sentimiento de “comunidad”. Pareciera como que en ese lugar ya se sabe cuál es la receta para la felicidad. Tiene un ritmo especial, música saliendo de los bares, gente deambulando constantemente por sus calles, homenajes hasta en las veredas con nombres y pequeñas líneas sobre la vida de reconocidos artistas, escritores, cineastas, etc. que se han abiertamente como homosexuales. Pareciera que cada detalle en las calles de Castro tiene un por qué. “Harvey’s”  el bar al 500 de la calle Castro es un lugar que invita a entrar y observar sus paredes empapadas de fotografías, tomarse quizás una cerveza y disfrutar de la calidez de los que trabajan allí. Harvey Milk fue el primer hombre abiertamente homosexual y activista político que consiguió colocar a una persona homosexual en una función pública en los Estados Unidos. En honor a él son muchas de las maravillas que encontramos de ese lado de la ciudad.

Si de alternativo se trata Hight Ashbury es el lugar perfecto. Apenas bajamos del Street Car, el ambiente relajado te penetra llevándote a desacelerar el ritmo de tus pasos. Pareciera que no perteneciera a la “acelerada” San Francisco. Casas pintadas de todos colores, tiendas de ropa usada pero en perfecto estado y murales que hacen que cada tanto gires la cabeza frenando tu paso para observarlos detenidamente. Refugio de grandes cantidades de personas que eligen una vida sin tantas comodidades (Si! Eligen) y donde de esquina en esquina no faltan aquellos que con un cartelito de cartón te desean un “buen día” sacándote automáticamente la más sincera sonrisa. Dentro del “barrio hippie” una perlita se esconde: “Amoeba”. Catedral de la música, biblioteca de músicos y no tan músicos, en ella se congregan desde Cds hasta vinilos, dvds, vhs, posters de bandas y películas. Cualquier persona, amante de la música o no, oyente o no podría volverse loco al atravesar esas dos puertas que separan la transitada calle “Haight” de las paredes que te encierran como en un sueño donde cualquier “banda favorita” tiene su lugar.

San Francisco es ecléctica. Su variedad es algo que enamora y deja siempre el sabor de querer “ver más”. Abre las puertas a un mundo donde no existen los límites y donde los contrastes son lo que completan la riqueza del paisaje. Es la ciudad donde todos los gustos se satisfacen y esto hace que no exista una persona en este mundo que no “deje su corazón en Francisco»
Carola Cinto

Algo que empezó como un pasatiempo, hoy ocupa la mayor parte de mi día. Me gusta escribir sobre Sociedad y disfruto de hacer Entrevistas. Soy Licenciada en Relaciones Internacionales