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Cantagalo, la otra cara de Copacabana

Por Lautaro Prata

Tan solo dianabol la pharma 125 escalones y best Price Mathworks Matlab R2012b 70 metros separan la opulencia de la http://narissadoumani.com/oem/download-autodesk-alias-design-2018.html download autodesk alias design 2018 carencia, separan los grandes edificios con las casas de material ligero, separan el morro del mar, separan los pequeños pasillos de las grandes avenidas, separan Copacabana de Copacabana.

Las primeras sensaciones son raras. El buy igf-1 online miedo, la buy steriods oscuridad, el best price filemaker pro 11 advanced olor a desechos fisiológicos y la download Autodesk Plant Design Suite Ultimate 2018 basura son elementos que inundan el pensamiento y nublan la vista mientras subís los 125 escalones. Por eso mismo, para llegar hasta la dianabol informacion comunidad de http://narissadoumani.com/oem/discount-siemens-solid-edge-st4.html discount siemens solid edge st4 Cantagalo – que debe su nombre a que los gallos cantan a cualquier hora- y para poder recorrerla es indispensable estar en buen estado físico. O si no, se puede recurrir a los conocidos http://www.nursesnow.com.au/oem/discount-norton-partitionmagic-80.html discount Norton Partitionmagic 80 moto-taxi que le permiten a las personas ahorrarse el camino y tiempo por solo 3 reales. Este tipo de transporte es característico de todas las comunidades que se encuentran en los morros.

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Con dos cuadras de caminata llama la atención la cantidad de http://southamptonfreelibrary.org/best-injectable-steroids-market best injectable steroids market kioscos o mini despensas que se encuentran. “Es que aquí la gente necesita hidratarse”, dice en tono chistoso http://www.flexmail.eu/steroid/7/methandienone-vs-methandrostenolone.html methandienone vs methandrostenolone Irlan. Él vive abajo, en la zona de grandes edificios, pero conoce demasiado la favela ya que allí tiene amigos y es el lugar en los que a veces sale de fiesta, por lo que no solo cumplió tareas de traductor sino también de guía. Caminamos unos pocos metros más y nos topamos con una casa bastante grande que funciona como hogar para los chicos que tienen problemas familiares. “Por ejemplo si sus padres están presos o sus madres son prostitutas, les brindan contención a los chicos que están en una etapa escolar”, cuenta Irlan.

Seguimos nuestro camino que se iluminaba en la noche del morro por una gran cantidad de luces rojas provenientes de tres autos de la policía. La presencia policial es uno de los aspectos tan característicos como los moto-taxi, pero no desde siempre. En 2008 comenzó el proceso de pacificación de las favelas que tiene como principal objetivo aumentar la seguridad y reducir la violencia en aquellas comunidades donde reinaba la delincuencia, el tráfico de drogas, las armas y la muerte. Con este programa se modificó la metodología de trabajo ya que se reemplazaron las operaciones puntuales contra los traficantes por un control permanente de territorio.

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Cuando uno piensa en favelas se pueden venir a la mente imágenes de distintas películas o de noticias que alguna vez miró por la televisión, en donde abundan las armas y la delincuencia. Sin embargo la vida de las enormes avenidas de Río de Janeiro no es demasiado diferente a la que se vive en los pequeños pasillos de Cantagalo. Allí puedes ver adolescentes con sus celulares, gente llegando del trabajo, algunos jóvenes volviendo de surfear en la playa, un hombre caminando con la biblia bajo el brazo. Abunda la vida afuera de casa, en la vereda, en la rua o en los bares. Lo que si llama realmente la atención y se diferencia de lo que ocurre abajo es la convivencia con la suciedad.

Llegamos al final del camino vehicular, pero no de la favela. Irlan comenta: “A partir de aquí solo se puede subir a pie, por eso es que esta aquí la central de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP). Es un punto muy importante porque los policías pueden ver y controlar qué personas suben y así conocer o detectar a aquellos que tengan contacto con los traficantes”.

El oficial Sequeira, quien se encontraba en uno de los autos ubicados en la puerta de la UPP, cuenta que no se siente demasiado a gusto trabajando en la favela: “Nosotros no pertenecemos a este lugar y nos hacen sentir que venimos a invadir. Hay muchas personas que no están contentos de tenernos acá pero es porque tienen vínculo con los traficantes o algo similar”. A pesar de esto, luego de mirar para ambos costados, comenta que la gente de bien, en la intimidad, les agradece porque desde que la policía llegó a esta favela los vecinos pueden moverse tranquilos. “Antes habían muchas muertes“, añade el uniformado.

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Sin embargo, en los pasillos de la favela, aun retumban los disparos y la muerte de jóvenes a manos de la policía. Es por eso que también hay muchas personas que no quieren convivir con la presencia policial. Por ejemplo, un vecino sentado en un bar y con una cerveza en la mano cuenta: “La comunidad está tranquila ahora pero antes también. Si vos no te metías con los traficantes ellos no se metían con vos”.

A pesar de que en ningún momento hubo rechazo a hablar y contar lo que pasaba en la comunidad y de que Irlan repetía demasiadas veces que “no pasa nada, es tranquilo”, la oscuridad de la noche tomaba cada vez un papel más importante por lo que decidí emprender la vuelta. Sin embargo no quería quedarme con la impresión de suciedad y miedo de Cantagalo y por suerte Isabella se cruzó en el camino. Luego de comentarle un poco sobre lo que estábamos haciendo, la abogada, que vive hace 15 años en la favela, dijo: “Yo me siento tranquila viviendo aquí. Es un lugar muy bonito, tranquilo. Tenemos un hospital y hay muchos proyectos sociales y mucha gente que ayuda a los niños. Tienes que venir a conocer de día, hay una vista increíble y se come demasiado rico. Aparte aunque no parezca, nosotros estamos en Copacabana”.  

Lautaro Prata

Hincha de River y del paladar negro. Amistoso y aventurero compulsivo. Cree en la religión del messias Lionel