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Cinco esquinas: embestida al periodismo amarillista

Por Luz Agüero

Él había pensado que, después de todo, un periodista puede ser a veces útil. “Y también peligroso”, concluyó. Tuvo el presentimiento de que nada bueno saldría de esa visita.

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Marisa y Chabela, amigas incondicionales, inician un affaire a espaldas de sus maridos, ambos empresarios de renombre para la high society de Lima. Con este episodio, de alto voltaje erótico, inicia sin recato una secuencia misteriosa y dramática, no apta para impresionables.

Cinco Esquinas –editada en 2016- es la más reciente publicación de Mario Vargas Llosa, la cual se jacta de haber conquistado un nuevo estilo de trama sencilla pero que conserva la impecable narrativa que caracteriza al autor. Histórica y bien latinoamericana.

Pero esta obra literaria no sólo exhibe el estilo de vida de la crème de la crème limeña, sino que también refleja con crudeza de detalles el contexto de una sociedad víctima de la dictadura de Fujimori y Montesinos, y asediada por el terrorismo de grupos insurgentes como Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

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“Casitas a medio hacer y cochambrosos callejones con un solo caño de agua, vagos y mendigos en las esquinas que, en las noches, se llenaban de traficantes de drogas y prostitutas transeúntes con sus cafiches acechando en la oscuridad”. Así, luego de caminatas e indagaciones, el autor describió al mítico y doliente barrio, insignia de una época, que le da título al libro y sobre el cual gira este atrapante relato que no da chance al ojo de despegarse del texto.

Quizá no sea azaroso que el novelista peruano haya elegido un cruce de esquinas, que perfectamente puede metaforizar el rejunte de historias de vida que se intercalan: del periodista, de su aprendiz, del loco, del magnate, del político y del preso. Mucho se ha tildado a Vargas Llosa de derechista intolerante, pero el prosista silencia a sus detractores con una creación que constituye una oda a la diversidad, ambientada en una ciudad que centellea cosmopolitismo.

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El Premio Nobel de Literatura logra el cometido de que el lector empatice con los protagonistas. El realismo de la historia y su posible traslación a hechos verídicos nos permite sufrir con entrañables personajes llevados hasta el límite como el melancólico Juan Peineta, que halla su reputación destrozada por culpa de las difamaciones del amarillento periodista Rolando Garro, el “Chismoso Calumniador” sin escrúpulos.

El ingeniero Enrique Cárdenas, protagonista, también se vuelve carroña de este siniestro sujeto cuando el mediocre pasquín “Destapes” -que inevitablemente evoca a las revistas de chimentos contemporáneas- publica unas fotos privadas que lo llevan a la decadencia. Y así, el trasfondo de esta red de conflictos y sucesos policiales moldea una fuerte crítica al periodismo sensacionalista y sus esbirros.

Es pertinente advertir que esta publicación no tiene nada de tradicional, y puede escandalizar a más de uno con temáticas escabrosas y escenas de sexo explícito. Pero si el lector la aborda sin preconceptos y dejándose impresionar, va a ser devorado por un melodrama sin desperdicio alguno, donde el referente del boom latinoamericano promete hacer estallar la crítica.

Luz Agüero

Cuando era chiquita y no sabía escribir me empecinaba en dibujar todo lo que creía digno de recordar. Luego me hice rata de biblioteca, y cuando se me acababan los libros agarraba el diario. Quizá por eso terminé siendo periodista y locutora. Y como no soy tan interesante, me dedico a contar historias de otros.