Solo unos pocos creíamos que Ben Affleck poseía algún talento oculto y que todavía ni el mismo lo había descubierto.  Actoralmente, carece de expresividad emocional y se dio cuenta de ello el día que dejó de hacer comedias románticas para pasar inadvertido con papeles austeros como el de George Reeves en Hollywoodland o su personaje en The Company Men.

Personalmente creo que no estaríamos hablando de él de no ser por los tantos errores que cometió durante su carrera y de los que claramente aprendió. El día que Affleck decidió darle forma a proyectos sumamente personales, fue el día en que dejamos de reírnos de él.  Su ductibilidad para contar historias nos asombró sin posibilidad de dejar dudas al respecto.

En Desapareció una Noche (Gone Baby Gone, 2007) dirigía a su hermano Casey Affleck en una historia propia, al igual que  en Atracción Peligrosa (The Town, 2010) en donde se daba el lujo a la vez de actuar, y demostrarnos que quizás la emotividad no es lo suyo, pero que también ningún director supo sacar a relucir el mejor lado actoral de Ben Affleck, que irónicamente, terminó por convertirse en un gran director de actores.

Esta vez nos compete hablar de su más reciente trabajo como director y actor en Argo, quizás el proyecto menos personal de Affleck, pero el mayor logro como director y actor. Con un prologo vertiginoso, cuasi documental, maravillosamente creativo y raro de ver en una película de carácter político, Argo cuenta cómo fue que el 4 de noviembre de 1979 la revolución iraní lleva a invadir a la embajada de Estados Unidos en Tehrán,  donde toman 52 norteamericanos de rehenes. En el medio del tumulto, seis trabajadores de la embajada escaparon y se refugian en la casa del embajador canadiense.

Concientes de que era cuestión de tiempo que los iraníes se dieran cuenta de la situación, la CIA planea la extracción de los diplomáticos. Para ello, solicitan a un experto del asunto, Tony Mendez (Affleck), quien dará una solución tan bizarra como peligrosa. Mendez, con perfil de héroe anónimo, comienza a planear la producción de una película de Sci-Fi, junto a los personajes hilarantes de Alan Arkin y John Goodman, con el fin de entrar a Irán en busca de locaciones para su película y hacer pasar a los seis diplomáticos como parte del equipo de filmación.

Ben Affleck con su ágil relato de la operación que Bill Clinton dio a conocer en 1997, critica duramente la hipócrita política de Estados Unidos en mayor medida, y Hollywood como industria en menor. En contraposición a lo que haría el mejor amigo de Ben, Jason Bourne, el director retrata el lado pasivo e inteligente de la CIA, que pocas veces se muestra en el cine. Sin la necesidad de alguna escena de acción, con grande explosiones o alguna grandilocuente persecución, Argo nos relata la vertiginosa operación ideada por Mendez, que pone bastante nervioso al espectador ya sea si conoce previamente lo que pasó o no.

Affleck sabe exactamente que es lo que quiere y eso hace que deje una muy buena y sobria interpretación de Mendez, así como logra muy buenas interpretaciones de Bryan Cranston como su jefe, Arkin y Goodman como dupla creativa o un grupo de actores casi desconocidos que deben retratar a personas reales en una situación verídica. Con una cámara un tanto pasiva con muy buen timing de planos, nos conduce simultáneamente durante toda la película a lo que le sucede a sus siete protagonistas en Irán,   lo que sucede en USA con la CIA y la falsa productora hollywoodense, y lo que sucede con los iraníes, que están  al acecho de los norteamericanos.

La fluidez y el detallismo en el relato de Affleck es lo que hace en parte de Argo una excelente película, a la que se le adhiere la magnifica fotografía de  Rodrigo Prieto que ayuda a dibujar la época de los setenta. Para colaborar con la tensión y el suspenso visual, la banda sonora de Alexandre Desplat está sincronizada al cien por cien con cada emoción y cada clímax.

Argo, casi no deja dudas de que estamos ante la presencia de un gran descubrimiento del ultimo siglo. Ben Affleck habiendo dirigido tan solo tres películas, se forja de un carácter con destellos de Michael Mann y Clint Eastwood, y demuestra que es un director que tiene una gran capacidad para leer, escribir e interpretar historias, que superan ampliamente a directores que llevan varias décadas en la industria.

Al final del film, para demostrar que no hay escena que sobre, Affleck muestra las imágenes y personas que lo inspiraron para retratar una historia que insta a querer darle un apretón de manos y decirle ‘tu Oscar te espera’. Con más directores como él, Hollywood tiene la esperanza de renacer.