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Sociedad

Comprender la pobreza, el primer paso para superarla

Por Agustín Wolff

Re­cien­te­men­te, en una en­tre­vis­ta ex­clu­si­va con la Agen­cia EFE el Vi­ce­pre­si­den­te del Banco Mun­dial para Amé­ri­ca La­ti­na, Hasan Tuluy se re­fi­rió a los im­por­tan­tes avan­ces de nues­tro con­ti­nen­te en cuan­to a la re­duc­ción de la po­bre­za. En la en­tre­vis­ta ase­gu­ró que el con­ti­nen­te tuvo los me­jo­res re­sul­ta­dos de la dé­ca­da a nivel mun­dial.

Pun­tual­men­te, lo que re­sal­ta Tuluy es que en este corto pe­río­do de tiem­po, unas 73 mi­llo­nes de per­so­nas su­pe­ra­ron la si­tua­ción de po­bre­za en la que vi­vían, pa­san­do a for­mar parte de una clase media que va en au­men­to y que según pro­yec­cio­nes del PNUD de­bie­ra al­can­zar el 80% de nues­tra po­bla­ción para el año 2030.

La pri­me­ra pre­gun­ta que me sur­gió, tras esta fuer­te ase­ve­ra­ción de parte de uno de los or­ga­nis­mos in­ter­na­cio­na­les más res­pe­ta­dos, fue cómo se había me­di­do esto. In­ves­ti­gué un poco más y me topé con la res­pues­ta: estas 73 mi­llo­nes de per­so­nas cum­plen con haber su­pe­ra­do la ba­rre­ra de los USD$1.25 al día. Listo, ahí está, lo lo­gra­ron y sa­lie­ron de la po­bre­za.

Du­ran­te los úl­ti­mos años uno de los temas más dis­cu­ti­dos y con­sen­sua­dos con res­pec­to a la po­bre­za, de parte de las ins­ti­tu­cio­nes entre las que se en­cuen­tra el Banco Mun­dial pre­ci­sa­men­te, es que es un fe­nó­meno que tiene múl­ti­ples di­men­sio­nes y que, por lo tanto, debe ser me­di­do to­man­do en cuen­ta cada una de éstas. Este ha sido un paso fun­da­men­tal hacia la co­rrec­ta com­pren­sión de la com­ple­ji­dad de esta pro­ble­má­ti­ca y por ende, hacia la ge­ne­ra­ción de so­lu­cio­nes a la misma.

Pero cuan­do ya es­tá­ba­mos ce­le­bran­do este avan­ce desde las or­ga­ni­za­cio­nes de la so­cie­dad civil, nos to­pa­mos con este tipo de ti­tu­la­res que a mi pa­re­cer, nos hacen re­tro­ce­der pro­fun­da­men­te. Por ejem­plo, al mirar este ti­tu­lar en par­ti­cu­lar, – “Banco Mun­dial: 73 mi­llo­nes de per­so­nas han sa­li­do de la po­bre­za”– al­guien que no esté in­vo­lu­cra­do en el es­tu­dio del tema, po­dría pen­sar:

1. “En La­ti­noa­mé­ri­ca es­ta­mos avan­zan­do de ma­ne­ra in­creí­ble en re­du­cir los ni­ve­les de po­bre­za”.

2. La po­bre­za tiene que ver úni­ca­men­te con los in­gre­sos que per­ci­be una per­so­na y por lo tanto, se su­pera en tanto cada per­so­na en esta si­tua­ción re­ci­ba más di­ne­ro.

Mien­tras la aca­de­mia y los es­pe­cia­lis­tas pro­mue­ven la me­di­ción mul­ti­di­men­sio­nal de esta pro­ble­má­ti­ca, hoy mu­chas ins­ti­tu­cio­nes y go­bier­nos si­guen mi­dien­do el cre­ci­mien­to y el desa­rro­llo hu­mano de su po­bla­ción en base al PIB per cá­pi­ta y a los ni­ve­les de in­fla­ción. Por con­se­cuen­cia ló­gi­ca, sus prin­ci­pa­les po­lí­ti­cas van en­fo­ca­das a me­jo­rar estos in­di­ca­do­res

¿Pero qué pasa cuan­do nos po­ne­mos en el plano de que el desa­rro­llo de una per­so­na o de una po­bla­ción? ¿De­pen­de éste sólo del sa­la­rio que re­ci­be a fin de mes para sa­tis­fa­cer sus ne­ce­si­da­des bá­si­cas?

El desa­rro­llo, y por tanto, la su­pera­ción de la po­bre­za, de­pen­den tam­bién de la ca­li­dad de ali­men­ta­ción que se le pue­dan pro­veer a un niño en sus pri­me­ros años de su vida, del ac­ce­so a ser­vi­cios de salud, a edu­ca­ción de ca­li­dad, a la cer­te­za de tener un hogar y un tra­ba­jo digno entre mu­chos otros fac­to­res que le per­mi­ten a un ser hu­mano vivir en ple­ni­tud y que, al al­can­zar­lo, creo, nos de­bie­ran mo­ti­var a su­perar­nos y a vivir ar­mó­ni­ca­men­te y en co­la­bo­ra­ción con nues­tro me­dioam­bien­te y con nues­tros pares.

En mi opi­nión el nivel de desa­rro­llo de un país, por sobre el cre­ci­mien­to, debe me­dir­se por los gra­dos de li­ber­tad y las opor­tu­ni­da­des que pro­vee a sus ha­bi­tan­tes para su desa­rro­llo in­di­vi­dual y co­lec­ti­vo. La eva­lua­ción de nues­tros go­ber­nan­tes debe ha­cer­se en base a que las po­lí­ti­cas que eje­cu­tan apun­ten a me­jo­rar la ca­li­dad de vida de sus ha­bi­tan­tes y no a me­jo­rar los ín­di­ces eco­nó­mi­cos, en apro­ve­char los be­ne­fi­cios del mer­ca­do en fun­ción de las ne­ce­si­da­des de su po­bla­ción y no vi­ce­ver­sa, como ocu­rre ac­tual­men­te en mu­chos de nues­tros paí­ses.

La­men­ta­ble­men­te, si como so­cie­dad no somos cohe­ren­tes con los avan­ces que no­so­tros mis­mos hemos pro­mo­vi­do y no los ha­ce­mos parte de nues­tro dis­cur­so, no ha­ce­mos én­fa­sis en la im­por­tan­cia de darle esta mi­ra­da, cada vez que ha­bla­mos de po­bre­za, este co­no­ci­mien­to se va a man­te­ner den­tro de un pe­que­ño grupo. Que­da­rá en quie­nes se en­car­gan de es­tu­diar el tema, en vez de in­tro­du­cir­se en la con­cien­cia de una po­bla­ción, una so­cie­dad que para in­vo­lu­crar­se en su­perar la po­bre­za, debe, como mí­ni­mo, com­pren­der­la.

Si quie­nes di­fun­den la in­for­ma­ción no lo hacen a con­cien­cia, nues­tra in­ci­den­cia como ciu­da­da­nos se ve tam­bién cohar­ta­da por la in­for­ma­ción que re­ci­bi­mos, por las se­ña­les del mer­ca­do, de nues­tras au­to­ri­da­des y de las ins­ti­tu­cio­nes. Luego, el aná­li­sis que po­da­mos hacer sobre las po­lí­ti­cas pú­bli­cas den­tro de nues­tros paí­ses es in­com­ple­to si no te­ne­mos los re­cur­sos su­fi­cien­tes.

Ne­ce­si­ta­mos au­to­ri­da­des que ade­más de re­co­no­cer a la po­bre­za como un pro­ble­ma, pue­dan usar su ex­pe­rien­cia y co­no­ci­mien­tos para ex­pli­car la com­ple­ji­dad que tiene y acla­rar los desa­fíos para al­can­zar su en­ten­di­mien­to. De esta forma po­dre­mos tener ciu­da­da­nos que, con ese co­no­ci­mien­to pue­dan exi­gir su cum­pli­mien­to y co­la­bo­rar para ello desde su lugar. Así, nues­tros avan­ces como so­cie­dad serán más que nú­me­ros. Serán so­cie­da­des más uni­das, más de­mo­crá­ti­cas, más igua­li­ta­rias.

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Agustín Wolff

Director Social para América Latina y el Caribe de TECHO.