Música

@Cosquin_Rock Día 1, en busca del Festival más grande

Por Soledad Avila

Fotos de Agustín Gomez

El primer día del Cosquin Rock tuvo sobre sí la responsabilidad de cubrir las expectativas generadas, como siempre todo un desafío ante un público que va camino a cumplir dos décadas viviendo el rock en la montaña. Con la fiesta y el agite, el día se empapó de rock, soportó la lluvia, presentó las innovaciones de esta edición y salió al cruce de las distancias generacionales que se convocan. Clásicos y jóvenes conviven en un predio que intenta cocinar la historia del rock latinoamericano y otro año más se buscó conquistarlos.

El siempre esperado León Gieco, arrastró a fanáticos de todas las edades. Desde pequeños en los hombros de sus padres, adolescentes y personas adultas. Nadie se quería perder la presentación del gran León. Comenzando con La Memoria, canción ya emblemática de nuestro rock nacional, pasando por El Blues de los Plomos cantada con su autor Anibal Forcada (y recordando el documental que se emitió en el festival), el comienzo de León era arrollador.

Gieco, hizo pasar al escenario a Infierno 18 para que los acompañe durante el resto del recital. Los chicos, que tocan el Día 2; aportaron la cuota de juventud que hizo que la presentación estuviera volcada más al rock juvenil y la brecha generacional entre el público no se notara. Fue uno de los grandes aciertos de la primer noche de festival.

Pensar en nada, En el país de la libertad, Sólo le pido a Dios, El Ángel de la bicicleta hasta terminar con Los Salieris de Charly (dedicada a García) y despidiéndose con El fantasma de Canterville, hicieron pasar a los presentes, una gran tarde/noche de recuerdos junto a uno de los próceres del rock nacional.

Los IKV aportaron todo su carisma, sensualidad y encanto para las chicas obsesionadas debajo del escenario. Con Chaco y Ula ula pusieron a bailar a todos en el escenario principal. Es sabido lo bien que suena la banda en vivo y esta presentación, no fue la excepción. Con Jaguar´s House las luces se tornaban más bajas y el ambiente más relajado.

Dante y Emanuel, son reconocidos por su estilo al vestir. Con una capelina (¿de mujer?), sus Ray Ban negros, remera negra, cadena de oro y pantalón de cuero, Dante; y con lentes de sol, cadenas de plata, remera negra, poncho bordó y pantalón de cuerosimil a su compañero, Emmanuel, los IKV arrancaron más de un suspiro en la platea femenina.

El momento se tornó más íntimo y especial al cantar la canción dedicada a su padre, El Flaco Spinetta, en donde se pudo observar una águila dorada viajando alrededor del planeta y fotos del recordado músico desde niño.

A partir de ahora, la pudrimos. El que no salta es un facho” gritó Dante luego del homenaje a su padre y Yacaré, Funky Futurista, Coolo, convertían al escenario principal del Cosquín Rock en una gran discoteca bailable para la admiración de todos los presentes. Remisero y Abarajame, no se quedaban afuera del setlist de los IKV que siguen logrando adeptos dentro del rock nacional con su estilo particular.

A esta altura, sonaba un poco raro que el horario esté tan adelantado y que las bandas hayan comenzado antes. Todo tiene un por qué en la tierra del rock and roll. Es que caminando, la masa logró identificar el sonido único e inigualable del querido Pity Álvarez. Parecía una mentira, un chiste pero no lo era. El genial Pitty, estaba tocando con sus Viejas Locas en el escenario alternativo de Movistar.

Y así, se develaba una de las grandes sorpresas (la mayor del día, sin dudas) cuando el músico salió a cantar con su saco rojo para los presentes que no dudaron de cantar con él bajo la lluvia. El árbol de la vida, Sale el sol estuvieron en el setlist corto pero efectivo del “Pity” que dejó contentos a todos los que esperaban su presentación aunque no estuvo anunciada en la grilla oficial. Un plus de felicidad.

Otra sólida actuación y digna de recuerdo, fue la de Skay Belinson. Con sombrero de cowboy y toda su onda, subió al escenario principal cerca de las 22:15 para hacer delirar con sus temas propios actuales y los recordados de los Redonditos de Ricota como cerrar con Jijiji y el pogo más grande del Cosquín.

Y llegó la hora del plato fuerte. Del hombre que viene cerrando la primera noche del Cosquín Rock, hace años, haciendo historia cada vez que lo hace. La lluvia no paraba pero eso no era impedimento para las miles de almas esperando por el gran Charly García. “Cerca de la revolución”, “Rock and roll yo”, “Demoliendo hoteles”, “Desarma y sangra” (de Serú Giran), hicieron olvidar el frío y la lluvia a los presentes para disfrutar del maestro de la música nacional. Otra de las sorpresas de la noche (aunque anticipada por José Palazzo el día viernes), fue la presencia del Pity Alvarez para cantar La sal no sala junto a García, lo cual, obviamente, hizo delirar al público presente.

Como si el Pity no fuese suficiente, el alma de Sui Generis se hizo presente. Nito Mestre y Charly Garcia nuevamente en un mismo escenario. A esta altura, el público no podía entender las sorpresas que daba la noche. Como todos los años, un gran despliegue en fuegos artificiales, despedían la primer e inolvidable noche de este Cosquín Rock 2014.

El Cosquín Rock Invisible, Día 1

Por @matiasnaranja

El autodenominado Festival más grande de todos los tiempos no sé si cumple esa premisa, pero si intenta hacerlo en base a una amplia selección de bandas, varios escenarios, espectáculos extras y algunos atractivos más. Por supuesto, semejante pastiche satisface a algunos, los menos exigentes, y termina dejando un sabor agridulce en aquellos que buscan en el Cosquin Rock una experiencia definitiva en cuanto a festivales.

El Cosquin Rock es signo del deterioro de la relación entre la escena del rock alternativo y los productores. Si bien todos los años tiene figuras de renombre que aseguran una convocatoria masiva, hay que señalar que esas figuras se vienen repitiendo año tras año, con escasa variación entre cada edición anual. Con el oído pegado en las radios fm del palo, el line up de la edición 2014 mantiene a las figuras infaltables de los últimos tiempos, tratando de satisfacer a esa imagen imprecisa y casi estereotipada que es el roquero medio para los medios. Y el público responde a eso: Petisas culonas con el flequillo stone, las Topper de lona deshilachadas y los pañuelos árabes al cuello, el cántico de “A los pibes de Cromañón los mató la corrupción”, el homenaje eterno y reciclado hacia figuras del pasado del rock argentino, entre otras cosas. Todas señales que muestran cual es el público y qué es lo que este busca.

Sin embargo, y a pesar (o gracias a) esto, uno puede disfrutar con relativa comodidad de los pocos números llamativos que cada año aparecen en la cartelera. Si bien no hay pesos pesados del under, como Él Mató a un Policía Motorizado o Massacre, hay músicos que, fuera de los dos tablados más convocantes, tienen muchísimas cosas para ofrecer. Un ligero atisbo de esperanza entre tanta meseta estética.

Guauchos y De La Rivera: dos versiones de la energía

El Domo Naranja es uno de los dos escenarios para bandas emergentes que hay en enorme predio del Aerodromo de Santa María de Punilla. Ubicados en lados opuestos del terreno, en cada locación un puñado de bandas desconocidas para la marea de gente que pasa por el campo y curiosea desde la distancia toca para un público cautivo: salvo algún curioso hastiado del rock a la Pomelo o bien de la recurrente celebración del pasado inmediato, los que están presentes en el minúsculo espacio destinado al público son conocidos de la banda, compañeros de aventura o, por último, versiones vernáculas del hipster cordobés que escucha cuarteto de manera irónica.

Dentro de la media pelota de fútbol gigante que es el Domo suena Guauchos, una banda formoseña (hay rock en Formosa, por lo visto) que fusiona ritmos folklóricos con arreglos de rock crudo, que va directo al hueso y que le otorgan a las zambas y chacareras una nueva identidad, más contemporánea y fresca. En un set breve de media hora, el quinteto brinda una actuación muy poderosa, con un frontman inspirado, los formoseños dejaron el listón bien arriba en cuanto a lo que energía se refiere.

Y si bien dejaron el listón arriba, la volatilidad del público hizo que esto poco importara. He aquí uno de los principales problemas a la hora de encajonar bandas en ascenso a un lugar específico: quedan condenadas al ostracismo, porque el público que las va a ver es en mayor o menor medida el que las ve siempre. Cuando el público de Guauchos se retiró y el de De La Rivera tomó su lugar, no importaba mucho cuan buena impresión hubiese causado la otra banda: los oyentes se habían renovado.

Casi jugando de locales, el grupo toco temas de su último LP, Cassettera. Después de encender la pista con Cheveré, siguieron con la irregular Break Me Down (no entiendo ni comparto algunas decisiones de composición, cómo el uso improlijo del spanglish en esta canción), y pusieron a cantar a todo el auditorio con Flash, su reciente single.

Con una propuesta cercana a Chromeo desde el sonido, el cuarteto cantaba nada está mal si suena De La Rivera… Y tenían razón. La energía cruda que Guauchos había dejado en algunos de nosotros pronto se transformó en un ir y venir de pies y cabezas al ritmo funk ensamblado por la banda de Villa María. La Reina de la Fiesta del Escabeche (sí, eso existe: se los juro) subió para contornearse sensualmente (o de la manera en que las comedias románticas de los noventa nos enseñaron que era la sensualidad) al son de Liebre, sin mayor éxito. La canción no necesita más sensualidad que la cálida y seductora sección rítmica que el bajo y la batería electrónica le dan.

En Corazón, una balada midtempo bastante distorsionada, el set de De La Rivera va llegando a su fin. Estéreo Japonés de algún modo provocó un ataque de risa a uno de los miembros de Rayos Láser, compañeros de sellos, mientras el vocalista de De La Rivera hipnotizaba a la platea femenina, como si de un flautista de Hamelin se tratara.

El pogo funk es una cosa extraña. Un baile típico del punk se siente fuera de lugar cuando se lo despoja de la violencia propia del género que lo vio nacer. Con Los Principiantes, los espectadores entrados en confianza se soltaron, convirtiendo en realidad lo que el cuarteto cantaba un rato antes. Nada está mal si suena De La Rivera.

Hipnótica & The Valderramas: dos caras de la misma moneda

Hipnótica está atrasado diez minutos. De a poco, el Domo Naranja se llena de muchachas chics, con sus pantalones de jean minúsculos, sus tacos imprácticos y remeras a la vintage fabricadas por alguna marca de moda. Contra la pared de lona del Domo, parte del personal estable de Discos Del Bosque presta atención los movimientos de los plomos mientras acomodan los instrumentos. Un ¡Dale, flaco! que sale del público precepita las cosas. Algunas chicas gritan con los primeros acordes.

Afuera, a tres cuadras, minúsculos en el escenario principal, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur salen a comerse la noche con el latinfunk característico de sus últimas producciones. Y el gran perdedor de esto es Hipnótica.

Dentro del Domo, ciertos problemas de conexión y una mala ecualización transforman a Espejos en un tema que lejos se encuentra de su versión original. A pesar del bache, Hipnótica no se sale de ritmo y sigue desarrollando su versión cargada de capas de lo que es lo pop. Algunos salen del recinto cerrado y corren hacia el main stage, donde los acordes de Ula ula sirven para batallarle un poco el frío a la noche.

Más adelante esperan la lluvia y el viento, el pogo más grande del mundo bajo la batuta de Skay y la versión acústica de Mariposa Pontiac, pero a eso lo va a ver toda la gente. No va a estar oculto a la vista de todos.

Soledad Avila

Experta en celebrities, Red Carpet e It Girls. Apasionada por la moda y amante furiosa del deporte. Adicta al indie rock. Es una caja de sorpresas -geniales-.