Música

Crónica de un show de Coldplay: mucha música y muchos colores

Por Romi Bonetto

Fotos por Romi Bonetto

Lo que les voy a contar a continuación es una simple crónica de lo que se transformó en uno de los mejores shows que presencié en mi vida. Haré el intento de resumirla e incluir lo más importante.

No me considero una fanática de Coldplay, pero siempre disfruté de su música y sí me quedé con todas las ganas de verlos cuando visitaron nuestro país en el 2010, y es por eso que cuando se me presentó la oportunidad de verlos, no lo pensé dos veces.

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Mientras con una amiga planificábamos nuestro viaje a Estados Unidos durante el año pasado, nos aseguramos de investigar todos los posibles shows a los que podríamos asistir y que coincidieran con los días y lugares en los que nos encontraríamos. Una emoción muy grande nos llevamos al enterarnos que tendríamos la posibilidad de ver a la banda británica el 30 de diciembre en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York. Un día antes de año nuevo, qué gran forma de despedir el año ¿no?

Al momento de comprar las entradas resultó ser que los únicos lugares disponibles no eran para nada buenos (detrás del escenario en platea). No nos convencieron y no las compramos. Yo supuse que era por algo. Seguimos planificando.

Una vez allá, por casualidades de la vida (llamémosle suerte, mucha suerte), unos días antes del show, aparecieron entradas en muy buenas ubicaciones y precio. Sin preguntar y sin pensar dejé que mi otra amiga, MasterCard, hiciera lo suyo.

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El 30 de diciembre nos subimos a la línea N del transporte subterráneo de Nueva York para llegar al Barclays Center. Nuestra ruta consistía en cruzar por el Manhattan Bridge, ya cayendo la noche, y a través de sus estructuras sobre nuestra izquierda, se visualizaba el magnífico Brooklyn Bridge, cual típica escena de película. Para nuestra mayor sorpresa, dicho subte nos dejaba nada más y nada menos que en la entrada del estadio, el cual iba apareciendo mientras ascendíamos en las escaleras mecánicas de la estación. Literalmente.

Una vez dentro del estadio, no sin antes pasar por el infaltable control de seguridad (en el cual al ver mi cámara me informaron que estaba prohibido utilizarlas, pero como soy argentina y no puedo con mi fotógrafa enferma interior, hice levitra in mexico total caso omiso a la advertencia) a cada espectador se le entregaba una pulsera con luz LED que se enciende automáticamente durante distintos momentos del show y lo que la convierte en una parte esencial del mismo.

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Una asistente nos llevó a nuestros lugares y una vez más no podíamos creer la ubicación que nos había tocado. Veíamos perfectamente y teníamos a unos 20mts la pasarela que nacía del escenario donde veríamos salir a x minutos más tardes.

Los encargados de entretener al público anticipando la salida de Coldplay era el grupo Naturally 7, talentosos artistas que realizan música tan solo utilizando su boca, sin instrumentos musicales, bien acappella.

Se iba haciendo hora de que comenzara el show y las pantallas circulares  que colgaban del techo invitaban a colocarse las pulseras.
Y fue así que finalmente se pagaron las luces del estadio y automáticamente después se encendieron 20 mil pequeñas más, a lo que el público respondió sorprendido y emocionado.

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Sonaba Mylo Xyloto, seguida de Hurts like Heaven, para comenzar lo que serían las casi 2hs de un show impecable, con un Chris Martin que irradiaba una energía inacabable sobre el escenario. Él corre, salta, canta, de acá para allá y la gente no puede evitar contagiarse de su buena onda.

Minutos después sonaba la inconfundible melodía de In My Place y verlo a Martin correr y saltar por la pasarela mientras llueven millones y millones de papelitos es realmente un espectáculo visual que eriza la piel.
El repertorio musical consistió en un repaso tanto de su último disco, Mylo Xyloto, y de todos los anteriores, y en el que no podían faltar los clásicos como The Scientist, la hermosa Yellow, Clocks y Fix You, que hizo a más de uno desprender un par de lágrimas.

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Como bien explican los músicos en su DVD: Coldplay Live 2012 (recomiendo que lo vean para darse una idea de lo que fue realmente), que documenta gran parte del Mylo Xyloto Tour, quisieron realizar un show que fuera algo extraordinario: “como dijo Bruce Springsteen, este puede ser el primer concierto de alguien o puede ser el último.” Y uno puede dar fe que cualquiera sea el caso, logran dicho cometido.

Es un show en el que la iluminación juega un papel esencial, ¿y quién no disfruta de un espectáculo de luces? Pero ellas no son las únicas protagonistas, del techo no sólo caía papel picado de colores sino también pelotas inflables. En otro momento se iluminaron las distintas entradas al estadio donde

aparecieron gigantescas formas inflables (sí, también de colores). Es como entrar a la Fábrica de Willy Wonka, pero en lugar de dulces, hay colores por doquier.

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El momento culminante de la noche, más que de la noche, de nuestra suerte (juro que nunca en mi vida tuve tanta suerte junta como en esa ocasión) fue cuando el mismísimo Chris Martin apareció en nuestro sector ¡a 8 butacas por encima nuestro! e interpretó 2 temas en un improvisado mini escenario. Increíble.

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La elegida para el cierre final fue Every Teardrop is a Waterfall, a la que el público coreó y coreó hasta después de que la banda se hubiese retirado del escenario, no sin antes agradecer infinitamente por ser un público excepcional.

No he presenciado demasiados shows, y quiero creer me quedan muchos más por vivir en un futuro, pero este fue uno que quedará grabado por siempre en mi memoria como uno de los mejores.

Romi Bonetto

Soñadora, cool y espectadora sensorial ya sea de la música o el cine. Amante de NYC y de la fotografía, de los buenos recitales, las sagas y los viajes. Misteriosa, Romina te va a atrapar en la primera línea.