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Daniel Cerezo, sobre resiliencia y felicidad

Por Iara Tevez Nesteruk

http://royalmaderavineyards.com/raise-testosterone-levels-naturally Raise testosterone levels naturally Daniel Cerezo presentó su nuevo libro, http://jedaware.com/testosterone-on-women Testosterone on women “Gerencia de la Felicidad” en la Universidad Siglo XXI, que introduce una innovación en términos de gestión de recursos humanos. Al contrario de lo que se puede creer, no tiene como origen un estudio científico en alguna universidad europea. Simplemente es producto de un hombre que lleva como escudo de vida la Testosterone product resiliencia y la http://kokinetics.com/testosterone-shot-for-women Testosterone shot for women empatía y que cree en la http://kenwoodliquors.com/primobolan-night-sweats Primobolan night sweats felicidad como herramienta superadora.

“Solía avergonzarme de mi pasado pero ahora no. Lo que viví me convirtió en la persona que soy hoy”. Como Turinabol gains pictures Gerente de la Cultura y Felicidad en la empresa de alpargatas de diseño Testosterone undecanoate oral absorption Paez podríamos creer que Cerezo siempre tuvo todo fácil. Tampoco es cierto.

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Nació en San Juan y al año de vida se mudó a http://peralees.com/propionate-side-effects Propionate side effects Buenos Aires con su familia en busca de un futuro prometedor. A su padre le garantizaron trabajo, casa, auto y éxito. Pero al pisar el suelo bonaerense se dieron cuenta de que la realidad estaba lejos de ser esperanzadora: terminaron viviendo en el garaje prestado de una tía.

“A mi padre lo mata Buenos Aires” relata con la voz compungida la muerte de su padre a los 38 años, cuatro años después de haber llegado a la provincia. Luego de eso, la historia empeoró cada vez más. “Usurpamos un terreno y yo salí a hacer changas desde los cinco años para poder sobrevivir” A pesar de haber tenido una infancia dura, en la que muchas noches la familia Cerezo no tenía para cenar, las ganas de salir adelante fueron mucho más fuertes que cualquier adversidad.

Daniel inspira confianza y alegría, ya que la sonrisa no se le borra al relatar las dificultades que pasó cuando era niño. “Siempre fui una persona muy conflictiva, mi historia en sí es conflictiva. Imaginate, a los 9 años quería ser Gladys la Bomba Tucumana” relata con una sonrisa y el auditorio estalla en risas.

A los 9 años sólo conocía la calle y el contexto problemático que acarrea. Sin embargo, gracias a la recomendación de un amigo se acerca a la Testosterone undecanoate gains Fundación “Crear vale la pena”, que trabajaba con el arte en contextos de pobreza. Allí conoce a su maestra de piano, una concertista llamada Nandrolone gnc Liliana Alpern, que le presentó una de las cosas que más lo hacen feliz: la música. Conocer la música lo salvó y lo sacó de las calles. “¿Yo voy a poder tocar todo eso?” le preguntó Daniel a Liliana con ilusión. “Vos vas a poder tocar eso y mucho más, podes tocar todo lo que quieras tocar”.

Primero comenzó aprendiendo en el piano canciones de Gladys La Bomba Tucumana, Los Palmeras, Gilda, Los Charros. Al poco tiempo ya tocaba temas de Beethoven, Debussy y Piazzola.

Liliana Alpern fue para Daniel de esas personas inspiradoras con las que te cruzas pocas veces en tu vida. Así, a los 14 años, le impuso un desafío para ayudarlo a crecer aún más: darle clases a otros chicos de su barrio. “Para dar no hace falta que tengas algo en el bolsillo. Lo único que tenés que hacer es querer ayudar a otros.” Aceptó con mucho gusto y se calzó la capa invisible de los superhéroes cotidianos. Salió a moverse y poco a poco fue venciendo las pobrezas – no materiales – que creía que tenía.

“La pobreza poco tiene que ver con lo económico, sino con lo que hacés vos para proyectar tu proyecto de vida, que hacés vos para poder decir quien sos sin importar el título, ni el cargo que tengas en una empresa sino quien sos como persona.” Nos explica Daniel con emoción. A los 17 años empezó a coordinar el centro cultural comunitario, donde el foco dejó de estar en su autodesarrollo como persona y se trasladó a encargarse de actividades para que chicos como él puedan mejorar su calidad de vida. Al poco tiempo pasó a ser Director Ejecutivo de “Crear vale la pena”.

“A los jóvenes les aconsejo que en algún momento todos dejan de ser jóvenes, y que deben empezar a pensar en su futuro, ¿Qué van a hacer? Que deben valorar todo lo que tienen y no se dan cuenta. Que no se termina el día cuando llega la noche, sino que el día termina cuando uno decide que se termina. Y empezar a valorar esas cosas que uno aprendió de chico: sus amigos, su familia, su contexto. Y por sobre todas las cosas, las personas que te dicen que estás haciendo algo mal y te aconsejan, es porque realmente te quieren. Nadie aconseja a alguien que no quiere. Si a vos realmente te están aconsejando, te están dando una oportunidad, te están diciendo que hay algo en tu vida que tenés que cambiar, que lo escuchen porque esa persona realmente lo aprecia.”

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Daniel tiene un historial larguísimo de colaboración con distintas ONGs, entre ellas, la Fundación Inicia con la que martes y jueves visitaba a presos del Penal de San Martin. Preparó un taller sobre liderazgo que les permitía pensar a estos chicos un proyecto de vida para cuando salgan en libertad. “Un líder que no puede liderar su plan de vida, no es un líder”.

“En un primer momento los vi con una gran tristeza y desconfianza, perdidos. Pero en cuanto vos les das una oportunidad, en cuanto ellos ven que vos estás confiando en ellos y les das una posibilidad de cambio esa mirada se transforma en esa esperanza que están buscando. Esa oportunidad ya automáticamente los cambia. Y su mirada termina siendo super proactiva. Una mirada emprendedora, una mirada con ganas.”

Años después, gracias a la propuesta de Tomás Pando, co-fundador de la empresa de alpargatas de diseño Paez, se sumó al equipo como Gerente de Felicidad y Cultura, que supera y entra en conflicto con la concepción tradicional del mero gerente de recursos humanos.

“Principalmente, me encargaba de hablar uno por uno con las personas que trabajaban en Paez. La idea era generar un vínculo, confianza, una cosa recíproca con el otro: no verlos como solamente un operario o un administrador o un gerente sino como persona. Trataba de generar oportunidades y proyectos que alimenten su alma.”

Es así como empieza a generar la idea de su libro “Gerencia de la felicidad”, en el que instaura la concepción de que es posible ser feliz en el trabajo. “70% de nuestras vidas lo dedicamos al trabajo, por lo tanto, hay que lograr que sea un lugar confortable.” Para lograr ese ambiente confortable hay que revalorizar las relaciones humanas y sobre todo, la felicidad.

“Yo creo que la felicidad está subestimada, ya que se lo asocia con la parte ocia. Y no, creo que la felicidad pasa por otro lado. Hay que tener en cuenta la felicidad en el ámbito laboral, el ámbito personal, en su vida social y en todos lados.”

¿Cuáles considerás que son los obstáculos para ser feliz?

Los prejuicios, la ignorancia, la falta de diversidad, los miedos. Todo eso me parece que son paredones que de detienen para ser feliz.

¿Y cómo se podrían superar?

Creando confianza, tratando de conocer cosas distintas, experimentar cosas nuevas. Ser un aventurero y con mucho amor.

Daniel Cerezo es un transformador social que es incapaz de quedarse de brazos cruzados, sin intervenir en el contexto que lo rodea. Es por eso que en 2010 funda CreerHacer, una consultora que trabaja para crear espacios de encuentro con personas de diversos orígenes, sectores y regiones para realizar la integración efectiva y la transformación social permanente. Su visión es la creencia de que en los contextos de pobreza económica se pueden poner en valor las riquezas sociales y los valores culturales, empoderando a líderes emergentes que transforman realidades.

Para ser una persona que luchó toda su vida contra las pobrezas, como cierre, le preguntamos a Daniel sobre sus riquezas personales.

La riqueza que yo tengo tiene que ver con lo que yo he ido superando: tener amigos en cualquier sector social, mi familia, tener la posibilidad de construir con otros.”

Y mientras disfrutamos como Daniel toca en el piano “Once y seis” de Fito Paez junto a su hijo Lautaro – la música y su familia, dos de las cosas que lo hacen más feliz, juntas – podemos afirmar con seguridad que Daniel Cerezo es un hombre rico.

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Iara Tevez Nesteruk

El fuego como filosofía de vida, es mejor arder que apagarse lentamente. Le gusta hablar de música, política y películas. Sueña con viajar y conocer todos los rincones del mundo; también dejar ese mundo, un poquito mejor de lo que lo encontró. Estudiante de Relaciones Internacionales.