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Entrevistas Lifestyle

De puntas hacia la pasión, los sueños y el éxito

Por Majo Arrieta

Fotos de Álvaro Corral para Córdoba Shopping

Disciplina, sacrificio, perserverancia, pero por sobre todo pasión, son las cualidades y atributos que los grandes artistas de la danza emplean a diario en su profesión, en su vocación y en cada paso que dan sobre el escenario. Dedicados desde pequeños al ballet y seguros de que, lo que hacen, es el sueño tras el cual  dan saltos, vueltas y se mueven al compás de la música, los bailarines llevan una vida que inspira tanto como la expresión artística que interpretan.

En el marco de la gira por el país que lleva a cabo el Ballet Estable del Teatro Colón, para presentar Don Quijote, entrevistamos en el Córdoba Shopping, a su Directora, Lidia Segni, y a los primeros bailarines Nadia Muzyca y Federico Fernández, para que nos cuenten acerca de cómo su vida tiene más cosas en común con la de cualquier persona que tiene un proyecto, la necesidad de alcanzarlo, y las ganas de luchar por él.

Bajo el lema “Del Colón al país” el cuerpo de baile recorre las provincias argentinas para presentar un clásico de la literatura, cargado de romance y virtuosismo, que acerca a la vista, todo el color de la España Cervantina.

 

Una de las tarjetas de presentación que posee una sociedad, son las expresiones culturales y la manera en que estás son representadas en otros países. Por eso, ante una entidad que ha viajado por el mundo como bailarina, profesora, directora y jurado de competencias, como lo es Lidia Segni, decidimos romper el hielo y preguntar desde un principio; ¿cómo es la cultura que se exporta de Argentina al mundo?

La cultura que se exporta de Argentina al mundo, es muy buena, porque hubo una etapa muy importante de gente muy pero muy joven de 13, 14 años que se dedicó de una manera muy fuerte a la danza y que ahora son primeras figuras en teatros importantísimos, en el Royal del Londres,  en el Bouwerie Lane de  Nueva York, en Bélgica, es muy importante eso. A mí, lo que me da la impresión ahora, es que en este momento no hay gente  joven que esté apuntando a eso. Me da la impresión como que la gente joven,  hoy en día, es como más cómoda; le gusta hacer lo que hacen, están contentos con lo que hacen, trabajan mucho por lo que les gusta —que es la danza—, pero  no los veo con  ese arranque, ese empuje de decir “bueno, pero yo quiero ser  Primera Bailarina del Colón, o quiero irme a  Houston, o quiero la escuela de América”, no lo veo hoy.

Vos que has sido maestra de bailarines que han llegado muy lejos, ¿cuáles crees que son las claves que han encontrado para no desmoralizarse en el proceso?

Cuando yo era maestra tenía gente que, hoy en día, uno es bailarín en Nueva York, como ser Hernán Cortejo; otra es Primera Bailarina del ballet de Boston como Érica; otra es primera bailarina del ballet de Arizona, como es Mari Cavalli. Están todas ubicadas en compañías; o como en el caso de Nadia (Muzyca) que es Primera Bailarina del Colón.

Era una camada que, yo daba clase y en la barra, no sabías con cual quedarte; pero eran chicas muy chiquitas, te hablo de 12 años, que iban a la mañana a la escuela del Colón, salían, entraban a la escuela secundaria, salían de la escuela secundaria y venían a hacer clases conmigo de noche, y ensayábamos. Estaban las 24 horas pensando en la  danza, yo, eso hoy, no lo veo tanto.

Hay como algo que … «lo estudio, me gusta, lo hago, pero me gusta también salir, me gusta la diversión”.

¿Puede ser que algunos lo vean para vivir de eso a futuro y otros lo vean como algo complementario?

No, si lo tomas como algo complementario, a la larga se termina, porque  a los 14,15 también ya estas pensando en seguir una carrera universitaria y es muy difícil hacer una carrera paralela a la danza; porque la danza consume mucho tiempo, porque verdaderamente hay que dedicarse a ella.

Toda la gente que está alrededor mío vivieron y viven de la danza. No es que estudias, pero después no sabes de qué vas a vivir, cómo vas a vivir. Yo toda mi vida trabajé en la danza y toda mi vida viví de la danza y nunca me faltó trabajo; pero que pasa que, yo me dediqué a la danza como un abogado se puede dedicar a su estudio, como un médico a su sanatorio; con pasión, no como un pasatiempo. Si es un pasatiempo no va a pasar de ser eso, un pasatiempo.

 Se dice que el ballet es uno de los ambientes más competitivos, ¿cómo se genera un clima de contención cuando se trabaja en eso desde muy joven?

Si te ponés a pensar, hoy en día, todo es muy competitivo. Si vos querés ser algo o alguien es muy competitivo, pero en el arte también se da algo que es el ego. El ego existe, el buen ego. De alguna manera el bailarín trabaja con su cuerpo, se quiere ver bien, se quiere ver hermoso. Hay un ego, que para ser bailarina tenes que tener físico, condiciones, determinadas posiciones; muchas las podes lograr con estudio, pero algunas tienen que ver con vos, porque sino es difícil que llegues a hacer una carrera buena.
Por otra parte, la contención más grande que tenemos es el estado en el que te encontrás cuando estás escuchando música y la estás proyectando con tu cuerpo. Para mí, la danza siempre fue una terapia, la felicidad que yo sentía al bailar, no me la daba nadie. Honestamente yo dediqué mi vida a la danza, pese a que tuve dos vidas paralelas y las pude complementar: tenía mi familia, que era mi esposo y mi hijo; y mi carrera que era la danza, y no la mezclaba. Cuando estaba en el teatro estaba con mi carrera y cuando volvía a mi casa, estaba con mi familia.

 ¿Cuál es el público que  actualmente consume ballet?

Creo que hay de todo público, porque a la persona que le gusta la danza sea clásica o contemporánea, si es buena le va a gustar y va a ir a ver. Lo que pasa, es que hay pseudos bailarines o maestros que dicen ser contemporáneos y que no son ni contemporáneos ni clásicos. Hay muchos maestros que a lo mejor han sido frustrados en la danza clásica y han empezado a enseñar algo y no estaban seguros de lo que estaban enseñando. Es diferente lo que pasa cuando vas a ver a un buen maestro, coreógrafo; te pasa si vas a ver un Gillian Lynne, un Richard Alston, una Pina Bausch, son todos contemporáneos y son fantásticos, pero también te pasa si vas a ver una obra como El lago de los cisnes, Giselle, El Quijote.

Yo creo que en el arte a nivel óptimo todo es bueno, todo es bienvenido.

Dedicada ahora a pleno a la dirección, Lidia realizó una brillante carrera como bailarina. En su paso por los escenarios señala una etapa de su vida marcada por Rudolf Nureyev, uno de los mejores bailarines del siglo XX, que como también señala la Directora del ballet del Teatro Colón “rompió con un montón de cosas y fue el bailarín que, por primera vez, le dio al varón la importancia que tenía; antes siempre era en la pareja el acompañante de la bailarina, y mundialmente era un hombre que estaba tan por encima de todo y con un magnetismo tan grande”

Lidia Segni ha sido bailarina, coreógrafa, directora y maestra de danzas, con su experiencia y trayectoria, recomienda que para triunfar es necesario no quedarse sólo en algo sino tener proyectos a futuro. Además, muy serena afirma que su consejo para llegar lejos es dedicarse a full “de lo contrario no sirve”.

Volar con los pies

Nadia Muzyca  y Federico Fernández son unas de las parejas que interpretan a Kitri y Basilio en la puesta de El Quijote, del Ballet del Teatro Colón. Desde niños, cada uno por su cuenta decidieron cuál sería el rumbo que tomarían sus vidas. Ahora, adultos y con una responsabilidad como artistas, aseguran disfrutar de toda cada puesta en escena. Desentraman historias arriba del escenario, comenzando desde lo más simple para llegar al punto máximo al final. Disfrutan del proceso gradual de representar un rol y desarrollar un personaje a través de los diferentes actos, para culminar siempre en el estallido final de los aplausos.

Son primeros bailarines y con su trabajo a diario mantienen en pie aquello que soñaron cuando niños, interpretar con el cuerpo una historia, una melodía, un sentimiento.

 ¿Se imaginaron de chicos que iban a llegar a donde están ahora?

Nadia: En mi caso de chiquita, como a los cinco años, empecé a bailar, primero como un juego, pero tenía como otra responsabilidad frente a las clases. La profesora veía que tenía como otra disciplina y bueno mis padres decidieron anotarme en el Colón. Me presenté, son tres exámenes para el ingreso; fui pasando los diferentes niveles y a los nueve años ya me encontraba en el mundo del ballet del Teatro Colón y ahí encontré mi pasión. Lo amaba, aún siendo tan chiquita.
Descubrí desde  muy temprana edad qué era lo que yo quería, y mi sueño entero era ser primera bailarina.

Federico: Yo empecé haciendo gimnasia deportiva, y después dejé; en mi casa mi mamá es pianista y mi abuelo violinista y entonces sonaba esa música.  Yo me ponía  a bailar sin haber visto nunca a nadie en especial y mi mamá me preguntó si quería estudiar danza y empecé con mis maestros particulares, Katty Gallo y Raúl Candal y de ahí ingresé al Colón. Después a una compañía, a otra compañía  y por concurso internacional —el mismo día que Nadia—, ingresé y hace diez años que estamos. 

Sí, había imaginado ser primer bailarín algún día. Los dos tuvimos ofertas de afuera, fuimos volvimos, pero decidimos quedarnos en el Colón.

 

¿Cómo es convivir con la disciplina que requiere la profesión?

Nadia: Es un ambiente muy exigente porque de alguna manera siempre estás como siendo evaluando, porque cuando viene un coreógrafo de afuera por más que uno tenga la categoría de Primer Bailarín, siempre te están te están midiendo para ver si das para determinado rol —si vas o no vas— y no deja de ser una presión estar a la altura de las circunstancias y estar a la altura de ser Primer Bailarín de un Teatro como el Colón.
Envidia y esas cosas hay como en todos los lados.

Federico: Lo que pasa, es que a veces lo superamos más fácil porque los primeros que criticamos somos  nosotros mismos. Somos los que primero nos autoseñalamos si está mal o no. Entonces ya lo tenemos un poco más superado cuando llega la crítica ajena. Pero igual duele y da esa sensación de presión que tenemos que vivir, y es normal; es lo que te hace fuerte y lo que te lleva a cualquier tipo de rol en escena

Nadia: Estamos muy observados, obviamente, y también pasa que no todo el mundo quiere ser primer bailarín. En la compañía hay muchos chicos que se conforman con ser cuerpo de baile y no les interesa y están felices con ser parte de todo esto y el sólo hecho de bailar.

Nuestro carácter es lo que forja lo que nosotros deseamos. Ser Primeros Bailarines, que al mismo tiempo significa mucha presión y muchísima responsabilidad.

 ¿Cómo se hace para mantener la constancia y no desmoronarse  ante las dificultades que pueden surgir, o las frustraciones?

Nadia: Con el trabajo diario. Por lo menos, las cosas en mi caso, siempre trato de estar tranquila y segura de que di lo mejor de mí en la función. Di lo mejor estaba tranquila y lo disfruté, listo ya está no es que me hago la pesimista.

 ¿De qué manera se acerca el ballet, una disciplina tan clásica, a las nuevas generaciones?

Federico: En mí caso, veo que siempre ha habido interés por el ballet, desde la época de Norma Fontenla, hasta Julio Bocca y Maximiliano Guerra, que han llevado el ballet a otro lado.

Es muy simple, lo hemos visto cada vez que vamos al interior, desde el teatro más chico a la sala más grande siempre hay alguien que va a ver.

Yo creo que es algo que creció  y se mantuvo siempre. Para mí, es algo que gustó siempre en Argentina y ahora es mucho más popular gracias a que hay muchas funciones que son gratuitas.

Entonces, no es que el ballet es para la gente grande o para una élite. ¿Cuántas nenas uno ve que quieren aprender a bailar y son de clase media, baja, alta? No tiene nada que ver. Hay un grupo de gente que lo hace sentir una élite, pero no es así, para nada.

Majo Arrieta

Periodista y Lic. en Comunicación Social. Apasionada de las artes en todas sus formas, de la vida al aire libre. Por momentos fotógrafa, por momentos escritora. Un híbrido con muchísimas aristas para conocer y leer.