Viajes

Desde el cielo: un recorrido por Aspen

Por Tefi Cabanne

En el centro oeste del estado de likes on instagram buy Colorado, Estados Unidos, se ubica lo que a finales del sylvester stallone body siglo XIX era un pequeño pueblo minero. Lleno de magia y glamour, rocky johnson and dwayne johnson Aspen tiene hoy alrededor de 7000 habitantes y es uno de los centros culturales y artísticos más importantes del país.

Pese a tener su propio aeropuerto es recomendable llegar al valle vía buy unlimited instagram likes terrestre. No sólo es ampliamente más económico sino también más placentero. Viniendo de Argentina, luego de tres vuelos y un par de horas en auto, se comienzan a ver las impactantes Rocky Mountains. El horizonte blanco y los interminables picos hacen del paisaje una imagen inolvidable.

A poco más de 300km de Denver, ya puedo distinguir la arquitectura victoriana de esta pequeña ciudad. Buttermilk, Paepcke Park, Aspen Mountain, Hotel Jerome, álamos, álamos y más álamos me deleitan como si fuera la primera vez que entro a Aspen.

Aspen calle

Una de las cosas que más disfruto de estar de nuevo en Estados Unidos es poder comer huevos revueltos, fruta fresca y un latte bien hecho en casi cualquier confitería/panadería que encuentre. Luego de desayunar, camino un par de cuadras hasta la única montaña que tiene base en el pueblo: Aspen Mountain o Ajax, para los locales.

Retiro los equipos y tomo la góndola que me llevará hasta la cima, a poco más de 3400 metros. Está casi despejado por completo así que puedo ver con claridad el pueblo y la cordillera nevada. La vista es alevosa. No suelo elegir esta montaña porque, comparándola con las otras, sus pistas son cortas y angostas.

Aspen Mount

Después de algunas bajadas, me voy a Rubey Park, la estación central. Muchos me preguntan por qué me gusta tanto Aspen y he aquí uno de los motivos. El sistema de transporte funciona a la perfección, es rápido y gratuito. Respetan rigurosamente el cronograma de horarios y, por si fuera poco, todos los ómnibus tienen soporte para los skies y wifi sin cargo.

Próxima parada: Buttermilk, la segunda y más pequeñas de las montañas, conocida por albergar cada enero los X-Games, el evento más importante de freestyle del mundo junto a los Juegos Olímpicos. Vale aclarar que no tuve problemas con el pase de ski ya que es válido para cualquiera de las montañas. Buttermilk se caracteriza por tener las pistas con menos dificultad y por ser un ambiente muy relajado y familiar. Si bien tiene paisajes privilegiados, en mis dos temporadas anteriores había venido solo una vez. Nunca fue mi favorita porque, al ser considerablemente más baja que el resto, no suele tener buena nieve. Después de disfrutar unos Macaroni & Cheese en Bumps ya estaba de vuelta en la parada de ómnibus.

En 10′ llegué a la base de Highlands, la preferida de los locales. Una vez allí, y habiendo juntado fuerzas con el almuerzo, estaba lista para enfrentarme a lo más desafiante -diría yo- de todo el valle: el Highland Bowl. El último remonte alcanza los 3600 metros de altura, luego tendré que cargarme la tabla al hombro y caminar casi 45 minutos para alcanzar el pico más alto. Si bien el ascenso no es complicado, es extremadamente agotador por lo que se recomienda hacer solo uno o a lo sumo dos Bowls en un mismo día. Ya en la cima, me detengo a admirar el paisaje, a sentir la paz, a escuchar el silencio.

Bowl

El Après-ski, el ritual y evento social por excelencia después de esquiar, fue en el mítico Cloud Nine. Una cabañita a 3300 metros de altura que sirve las mejores fondues. Música electrónica y champagne francés. Ninguno sabía cómo iba a bajar esquiando desde allí.

Cloud nine

Me tomé el ómnibus que partió de Highlands a las 6.20 pm para poder chusmear las pocas tiendas que aún permanecían abiertas en el centro de Aspen. Prada, Louis Vuitton y Gucci son algunas de las marcas más importantes del mundo que tienen su propio local en este valle. Un par de horas más tarde, ya habiéndome bañado, estaba lista para la cama.

El alojamiento en Aspen es muy diverso y hay para todos los gustos y precios. En la base de las montañas, podés encontrar hoteles y apartamentos. Además, en las 80 manzanas del pueblo no solo hay mansiones de hasta 30 millones de dólares, si no también múltiples opciones para dormir. Si querés hospedarte en un hotel de lujo podrás ir al Little Nell o al legendario hotel Jerome. En cambio si no querés gastar demasiado tendrás muchas otras alternativas.

En cuanto a las comidas y a las copas, también hay de todos los colores. Restaurantes finos y caros como Steakhouse No. 316, económicos pero buenos como Hickory House o exquisitas comidas típicas como L’Hostaria (italiana), Su Casa (mexicana) o Kenichi (japonesa). Luego, si querés escuchar música en vivo mientras degustas un rico vino o probas alguna cerveza artesanal local podés ir a The Red Onion o Belly Up, donde –por ejemplo- tocó B. B. King. Todo va a depender del ánimo y las ganas que tengas pero incluso si preferís luces más tenues y un ambiente más relajado tenés Eric’s, un bar/pub justo frente a Su Casa.

Una joya para descubrir

Snowmass es un pueblo que está ubicado a unos 15 kilómetros (30 min en ómnibus) al norte de Aspen. Tiene cerca de 3000 habitantes y todos los servicios que te puedas imaginar, incluyendo su propio sistema de transporte gratuito y la cuarta montaña propiedad de Aspen Skiing Company.

Dicen que si metieras en una licuadora las otras tres montañas obtendrías como resultado Snowmass, no sólo porque su terreno esquiable es más grande que las otras juntas, sino también por la variedad que ofrece. Con la bajada más pronunciada de Estados Unidos y medios de elevación para transportar 33.000 personas por hora, esta montaña tiene además la pista más larga de todas. La base tiene un mall donde podrás encontrar tiendas de todo tipo, bares, hoteles, apartamentos, restaurantes y, para completar, un centro de actividades/cuidado para bebés, niños y adolescentes.

Mi favorita por lejos, Snowmass tiene absolutamente todo. Pistas anchas y con poca inclinación, angostas y verticales, bumps, snowparks, pinos y lo que se te ocurra. La gente es tan cordial como cariñosa y el pueblo de noche es de lo más lindos que pude ver.

The Stew Pot fue el elegido para el almuerzo. Rob, el manager, tiene los mismos ojos que mi abuelo y aquella sonrisa sincera que solo unos pocos conservan. Su espíritu llenó el mío y cuando me senté en la mesa junto a la ventana, supe que estaba en el lugar correcto. Es el restaurant más antiguo de Snowmass y yo tuve la suerte de trabajar acá la temporada pasada. Ni sabiéndome el menú de memoria, puedo elegir con seguridad mi plato. Es todo tan rico que aún teniendo poca hambre me niego a pedir una sola cosa. Voy a lo clásico: de entrada un cup de french onion vegetables y como plato principal, el especial del día: Alpine beef, un exquisito estofado de hongos, cebolla, zanahorias y carne bien tierna.

Los medios de elevación cierran a las 3.30 p.m. así que pude hacer algunas bajadas más antes de emprender el descenso hasta Venga Venga, un pequeño bar justo en la base. Tomé una que otra Coronita mientras charlaba con una pareja de argentinos. El frío de diciembre es cruel y hasta por momentos pareciera insoportable, pero los -12 °C no se sentían gracias al fuego que teníamos en el centro de la mesa.

Me crucé con un amigo que se iba a Zane’s y allá fui yo también. Típica taberna de las películas, con barra de madera, boxes, rockola, flipper y pool. “Ganador queda” escuché de otro argentino que andaba por ahí y empezaron a hacer cola en el metegol. Dos jarras de cerveza, cinco partidos y ya era hora de volver a Aspen. Snowmass no tiene casi vida nocturna y quería cenar en un lindo restaurant.

Siempre tuve la teoría de que en cada ciudad existe un lugar por el que la gente se apasiona y acá en Aspen, ese lugar se llama la Creperie du Village. Un bistró francés que abrió en 2011 y sirve fondues, crepes y raclettes. Con cocina abierta y una decoración de madera lindísima, definitivamente esta es la elección perfecta para sentirse a gusto y comer rico.

Siendo mi tercera temporada acá, tengo una mezcla de emociones que se materializa en una sonrisa. El sentir la tranquilidad de caminar sola a la noche, el respeto al prójimo, la alegría del reencuentro, la calidez de algunas miradas y las palabras de ciertos desconocidos hacen que esta ciudad me cautive de principio a fin, me enamoré de arriba abajo.

Sonará exagerado pero debo decir que el aire de este pueblo pareciera venir de otra atmósfera, más pura, más limpia. El sonido del viento en los pinos me recuerda el motivo de mi regreso y es que, como aquella adolescente que pisó Aspen un 11 de diciembre de 2006, vuelvo a descubrirme, a definir respuestas, a reconocer algunas cosas y a valorar ciertas otras.

Tefi Cabanne

Licenciada en comunicación social, diplomada en marketing digital y diseñadora por oficio. Ama la música, le apasionan los deportes y es fanática de los viajes.