Viajes

Dos días de magia en Praga

Por Victoria Agulla Tagle

http://steroidsbesthgh.com/can-steriods-kill-you_ep/ Can steriods kill you Mi vuelo iba desde París a Praga directo. Llegué a horario. En el aeropuerto todo estaba señalizado en inglés, checo y chino. Éste era común y corriente, nada del otro mundo. Pero si había muchos prototipos de turistas: grupos de jóvenes, parejas de la tercera edad, estudiantes, familias o viajeros a solas con sus alter egos -esta sería mi categoría-, con tantas ganas de descubrir el corazón de http://steroidsbesthgh.com/where-can-i-buy-clomid-fertility-drug_s9/ Where can i buy clomid fertility drug Europa como yo.

Me tomé el bus que me llevaba al centro. Mientras Google Maps me ayudaba a descifrar los nombres de las calles por dónde pasábamos, yo sentía a través de la ventana el aire estival y pesado de la ciudad de High test low tren Praga. Sabía que me tenía que bajar en Igf 1 side effects Masarykovo Nádrazí. Sin embargo, estaba tan distraída que cuando me percaté que estábamos en mi parada, el chófer ya había cerrado las puertas del bus. “Uh! ¿Y ahora a dónde voy?” pensé.

El trayecto continuaba por la autopista. La próxima parada resultó ser en un hermoso y amplio… parking. Tuve entonces que volver subiendo y bajando escaleras cargando 25 kilos para atravesar el parque y así evitar la ruta que lo cruzaba. El clima no ayudaba. El calor era intenso, el sol fortísimo, el viento casi impalpable, y mis ganas de llegar al hotel infinitas. Desde mi corto y pesado primer trayecto por la ciudad de Praga me di cuenta que la gente era alegre, amable y cordial. En muchas calles no había semáforos, pero la gentileza de los conductores era suficiente para dejarme cruzar.

Apenas llegué al hotel, volví a salir para recorrer la ciudad sin valijas ni dirección alguna. Así nomás, me fui a dar vueltas por las plazas que rodean el centro de la ciudad hasta que subí el monte y me adentré en un parque.

Cuando se hicieron las 19:30 me di cuenta que estaba totalmente perdida dentro del predio. De repente aparece un guardia vestido con uniforme de militar y se dirige hacia mí con la palabra “Mrs.”, no sabía si me iba a retar o qué pero yo enseguida le pregunté “Can I go this way?”. Dándome el okey, el serio señor me hizo pasar por un túnel oculto.

Le agradecí y continué mi paseo hasta que se hicieron las 20h, momento en el cual se me acercan otros tres militares para preguntarme qué hacía en el parque a esa hora y decirme que el parque estaba cerrado, que estaba prohibido el ingreso, y que para salir me tenía que quedar con ellos para atravesar el castillo. Me puse a conversar con uno de ellos (sobre el mundial de fútbol…) hasta que subimos el monte y salimos por una puerta trasera de la fortaleza. Resulta que estaba candentemente perdida en los jardines del Parlamento Checo.

Seguí caminando por la zona, donde se encontraban también jardines, edificios y estaciones llegando a un área más residencial. Estaba atardeciendo, así que decidí volver al hotel, total, tenía todavía un día más en la bella Praga.

7:00 AM y los punzantes rayos de sol ya se colaban por la ventana de mi cuarto ubicada en el altillo del hotel, indicándome que era hora de empezar mi recorrido por la Ciudad Dorada.

Alrededor de las 9:00 de la mañana ya estaba en la plaza principal del casco antiguo de la zona: la Old Town Square, una de las plazas más animadas y bellas que he visto en mi vida.

No hay hora alguna en la cual no haya artistas independientes, jóvenes y ancianos tocando sus violines, guitarras, acordeones y hasta algún piano. Esta plaza es para quedarse horas y horas. Nunca nadie podría aburrirse en ella.

    

Sin embargo, yo tenía que seguir, ya que Praga tiene numerosas maravillas más que esta emblemática plaza.  

Tenía muchas ganas de caminar, recorrer, subir, bajar. Así fue que sin mapa y sin itinerario me dirigí hacia la parte alta de la ciudad, y cruzando uno de los tantos puentes que conectan los barrios redescubrí el parque donde había estado el día anterior. Subiendo hasta la cima me encontré con la Petrin Hill, una especie de mini Tour Eiffel a la cual se podía acceder para deslumbrarse con la vista más panorámica que se puede tener de Praga.

    

Desde allí se puede entender de donde viene el nombre “La ciudad de las cien torres”. Se podía ver todo: la catedral St Vitus, el Castillo de Praga, la Iglesia San Nicolás, el Monasterio, la Ópera, y muchas otras cosas. El espectáculo era magnifico. Las cúpulas verdes me recordaban a Hamburgo, las fachadas de colores a los Países Bajos y los techos naranjas a la ciudad del Cuzco.  

  

Frente a la torre, se encontraba la Mirror Maze, una suerte de capilla con muchos espejos, un precioso decorado aunque con entrada un poco cara (4€) para lo pequeño que era.  

Bajando por el parque, llegué al Lennon Wall (¡sabía a dónde quería ir!), un pequeño pero colorido y emotivo muro al músico británico. Durante el régimen comunista, en esta pared se escribían frases que reclamaban libertad pero fue a partir de su asesinato el 8 de diciembre de 1980 que este muro se convirtió en un fiel homenaje a John Lennon. Lo que comenzó con un simple retrato del Beatle hoy está lleno de color y palabras relacionadas a su obra musical.

    

Perdiéndome por el Little Quartier me encontré con la iglesia de San Nicolás que había ya percibido desde lo alto. En su capilla, hermosa por dentro y por fuera, Mozart –ni más ni menos!- tocaba el órgano. Cerca de allí se encuentra también el museo de la música, imperdible en una ciudad como ésta, sobre todo para los amantes de las filarmónicas y sinfónicas. Otra capilla monumental del siglo XVI es donde se encuentra la Infanta de Praga, una estatua del niño Jesús, la cual, ubicada arriba en el altar, cambia de vestuario regularmente. La figura porta diferentes vestidos dependiendo el día. Representantes de diferentes países vienen a vestir a la infanta con sus vestimentas típicas. Desde ahí y ya cruzando la Nerudova Street uno puede encantarse con las diferentes casitas de variados colores que convierten la arquitectura praguense en un verdadero cuento de hadas.    

  

Hacia el noroeste del centro se encuentra el museo judío, el cual se divide entre diferentes monumentos dispersos sobre el antiguo barrio hebreo, conocido en checo como “Josefov”. A pesar de haber sido destruido a finales del siglo XIX, hoy, el barrio se encuentra totalmente restaurado y conservado. Una de las causas de este notable cuidado es la cantidad de judíos presentes en Praga desde su fundación hasta la actualidad. Resaltan el escritor Franz Kafka, el compositor Gustavo Mahler o el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, entre muchísimos otros. Todos los monumentos son históricamente valiosos y admirables, pero el más impresionante es la Sinagoga Española. Por fuera no es gran cosa, pero por dentro, su decoración dorada y brillante con claras reminiscencias andaluzas, invitan al visitante a contemplarla por un largo rato. Más allá de la belleza que proporciona este lugar, la exposición de objetos, recuerdos y ornamentos judíos y sus respectivas explicaciones son sumamente interesantes. Entre todas las vitrinas se pueden observar más de 40.000 objetos judíos, haciendo de esta colección una de las más importantes del mundo. -Estaba prohibido sacar fotos-.   

   

Del otro lado del Río Moldava, en el área más valiosa de la ciudad se encuentran dos imponentes monumentos: el Castillo de Praga, conocido por ser el más extenso de Europa, ubicado en lo alto de la meseta, junto con su muralla eterna y sus parques impecablemente cuidados que atraen a miles de turistas diariamente; y la Catedral San Vitus, la cual se impone, con su preservado estilo gótico, en lo alto para llamar la atención desde cualquier sitio. Dentro de ella, sus vitraux de todos colores iluminan la iglesia en forma de arco iris gigante.  

    

En esta parte se encuentra, además, el museo de uno de los escritores más deslumbrantes de la literatura universal: Franz Kafka. En éste se encuentran fotos, escritos, dibujos y recuerdos del genio escritor checo. 

Para volver hacia la Old Town, hay que cruzar el Charles Bridge House, un histórico puente conocido por sus increíbles vistas y sus colosales esculturas. Éste conduce a los puntos culmines de la historia y el arte checo en Praga: el Teatro Nacional, más allá el Museo Nacional, luego la Ópera y por último la el ayuntamiento de la ciudad. En la parte nueva se encuentra The Dancing House del reconocido Frank Gehry, que da inicio a la “Ciudad Nueva”, un barrio más bien residencial, fundado por el Rey Carlos IV a mediados del siglo XIV. Lindo para caminar sin prisa pero sin pausa.  

Dejando de lado las delimitaciones sectoriales, hay dos aspectos notables en la ciudad de Praga: sus galerías y sus parques. Vayas a dónde vayas, “La madre de las ciudades” hace que te topes con alguno de estos dos sitios. La galería más importante es, sin dudas, la Art Gallery of Prague. Allí se exponen especialmente colecciones inéditas de grandes figuras del arte. Este verano fue el turno de Andy Warhol, Salvador Dalí y Alfors Mucha. La muestra de Warhol resalta mucho de lo que la mayoría de la gente conoce de él. En ésta se puede ver como el artista observaba el mundo; serigrafías en masa, obras basadas en el capitalismo norteamericano, retratos de personalidades exitosas, y diseños en las portadas de los mejores discos del rock. Imperdible fiel reflejo del Pop Art.  

  

En cuanto a la muestra de Dalí, el surrealismo aparece en cada escena. Lo más interesante de esta colección es su variedad, con elementos religiosos, ilusiones ópticas, animales superdotados y plantas extraordinarias. Pero todas unidad bajo una misma concepción: la simbología. El símbolo más famoso, el de los relojes derritiéndose, se podía también apreciar en una de las iluminadas salas del centro cultural. Y como no podía ser de otra manera, la sala estaba llena apoyando el exhibicionismo que tanto anhelaba el español. La última muestra era la del artista checo Mucha. Estéticamente bellas, las obras del bohemio, decoran la sala con sus tonos dorados, sus detalles brillantes y sus figuras idealistas, realzando -como pocos artistas han hecho- la figura de la mujer.

  

Con la admiración de estas obras di por finalizado mi recorrido por el corazón de Europa.

Dos inolvidables días de encanto, gracia y magia.    

Victoria Agulla Tagle

De sangre creativa e inquieta. Con una sensibilidad especial para la fotografía, descubre al mirar y narra al capturar. Lectora social con gran futuro periodístico.