Libros

El apocalipsis del lector

Por Andres Anda

Best peptides for muscle growth 2014 Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Con poco sustento económico, se dedicó a vender periódicos desde 1938 a 1942. Además, se formó de manera autodidacta pasando la mayor parte de su tiempo en la biblioteca y, en ese mismo momento, comenzó a realizar sus primeros cuentos. Sus trabajos iniciales los vendió a las pocas revistas que creyeron en él. Años más tarde se estableció en California, donde dio de qué hablar con declaraciones como: “Hay que tener mucho cuidado con los intelectuales y los psicólogos, que te intentan decir lo que tienes que leer y lo que no”.

Continuó su producción en Los Ángeles, tocando el éxito hasta su fallecimiento en el 2012.

http://steroidsbesthgh.com/50-mg-dianabol-a-day-test-e-500_oy/ 50 mg dianabol a day test e 500 Ray Bradbury supo más de 20 años atrás que el http://steroidsbesthgh.com/max-dose-of-modafinil_hf/ Max dose of modafinil futuro no era muy lejano y nos escribió Clenbuterol what is better Farenheit 451; un libro que tiene la etiqueta de “ciencia ficción” pero en su interior contiene más realidades que ficciones.

En Farenheit 451 el autor nos escribe una historia donde leer obliga a pensar, y entonces nos colocó a un http://steroidsbesthgh.com/how-much-does-nolvadex-cost_ay/ How much does nolvadex cost bombero protagonista llamado http://steroidsbesthgh.com/how-long-should-i-run-letrozole_4c/ How long should i run letrozole Montag, que vive en el un país de donde está http://steroidsbesthgh.com/what-benefits-of-using-arimidex_wh/ What benefits of using arimidex prohibido pensar. Porque leer impide ser ingenuamente feliz, y en este país no hay que pensar para ser feliz.

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El cuerpo de bomberos ha sustituido la manguera por el lanzallamas para quemar y destruir una de las cosas más valiosas de este mundo: los libros. La misión del gobierno tiene la base de acabar con el patrimonio literario de la humanidad, que según ellos impide que el pueblo alcance la felicidad.

Aquella persona que pasea, que sale a tomar un café en la esquina, que se detiene a charlar es inmediatamente un sospechoso, la gente no necesita estar preocupada. Parece que el vidente Bradbury vio en una bola de cristal de nuestros días y describe a la mayoría de la gente de esta ciudad como ignorante, pues ha renunciado a las artes: entre ellas la filosofía, la música y obviamente a la literatura. Su diversión se presenta en las pantallas, en el discurso tonto y sin sentido de los presentadores de televisión. Nadie aquí se hace preguntas. Los ciudadanos eligieron el camino más fácil. Sus vidas son de lo más cómodas.

No hay tampoco lugar para el dolor. La muerte no es nada, no se llora por nadie. La única ‘familia’ es aquella que te habla directamente desde la pantalla, mientras permaneces en brazos del sofá. En el libro, una mujer presume haber votado a un candidato a la presidencia porque era guapo, mientras que el otro era feo y parecía desarreglado… me suena familiar.

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El fuego acaba con lo desagradable. Pero también calienta y permite nuevos inicios. Además del número 451, en los uniformes de los bomberos luce la imagen de un fénix, esa ave mitológica a la que uno de los personajes se refiere así:

Cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Y parece que nosotros hacemos lo mismo, una y otra vez, pero tenemos algo que el Fénix no tenía. Sabemos la maldita estupidez que acabamos de cometer”.

Miles de horas de trabajo, de ideas y de rimas con versos arden ante los ojos de nuestro protagonista que comienza, de a poco, a llenarse de dudas sobre lo que hace y en secreto, Montag se va haciendo de ejemplares y días después, en un arrebato de desesperación comete un acto de imprudencia enorme: decide leerles un poema a su esposa y sus amigas.

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Farenheit 451 es un homenaje a los libros, como lo fue toda la vida de Bradbury, escribiendo y leyendo todos los días de su vida hasta que ésta quiso que descansara, tal vez para no ver su novela hecha realidad.

Al día de hoy, hagámosle un homenaje a Bradbury leyendo su obra y así, al mismo tiempo que concluyamos con un libro, nos tocará a nosotros quemar malos gobiernos.

Tal vez, lo que nunca debiéramos olvidar son las palabras del poeta griego Focílides: “El pueblo, el fuego y el agua no pueden ser domados nunca.”

Nosotros somos los dueños del fuego, siempre lo hemos tenido.

Andres Anda

Apasionado por los libros, a los 16 años Andres se convirtió en redactor y luego director de un periódico local, en Guadalajara, México. Conferencista y escritor