Sociedad

“El cementerio de los desconocidos”, el descanso eterno de los refugiados

Por Augusto Dericia

El Mar Mediterráneo no es el campo de batalla de ninguna guerra y ya acabó, desde 2015, con más de 14 mil refugiados que intentaron llegar a Europa. La mayoría de los cadáveres terminan en el fondo del agua, algunos son rescatados por barcos, mientras que otro puñado es enterrado dignamente en «El cementerio de los desconocidos”.

Esa es la tarea de Chamseddine Marzoug, un pescador de 53 años que sepulta voluntariamente y con pequeñas herramientas los cuerpos que aparecen en la costa de Zarzis, Túnez. Según sus propias palabras, la creación del cementerio no surgió como una idea y el enterramiento no es un trabajo.

“Me ofrezco voluntariamente para enterrar los cuerpos de los inmigrantes que quedan en la playa. Desde 2004, como pescador, veo muertos flotando en el mar. Los refugiados merecen ser sepultados con dignidad y respeto; y, mientras no tengan seres queridos, me permito ser su familia”, declara.

“El Cementerio de los desconocidos”, tal como figura en un cartel en cinco idiomas diferentes, primero fue un basural perteneciente al ayuntamiento de la ciudad costera, en 2006 las autoridades lo habilitaron como un terreno de fosas comunes y Chamseddine Marzoug lo convirtió en un cementerio de refugiados a partir de 2011.

“Lo limpiamos y ahora quedó muy bonito. Sin embargo, comienza a saturarse. Estamos juntando fondos porque queremos comprar nuevos terrenos”, señala el tunecino, que también explica que el cementerio cuenta con 400 cuerpos enterrados en dos niveles de la superficie.

Tal como lo indica el mismo nombre, ninguna de las tumbas está identificada y tienen colocado un cartel con la fecha en la que el cuerpo fue hallado y el número de cadáver encontrado el mismo año. Chamseddine, además, le agrega una planta o unas flores a cada nicho.

La única tumba que está identificada, y por lo tanto está más trabajada y posee más adornos, es la de Rosie – Marie, una nigeriana que se conoce su nombre porque salió junto a 126 personas en una barcaza desde Libia y ella fue una de las fallecidas en el Mediterráneo.

¿Qué es lo más difícil de su tarea?

Rescatar y enterrar es un trabajo difícil, pero la fase más dura es que tienes que llevar el cuerpo al hospital para que averigüen su edad, color y sexo (NdR: los médicos de Zarzis solo se interesan por los tunecinos) y luego la tarea de sepultar cuerpos descompuestos que desconoces.

¿Se ha encontrado con gente que busca a familiares?

Sí, ocurre seguido.

Chamseddine se queja porque no recibe fondos, ya que, según él, nadie dona dinero para los muertos. Sin embargo, subraya: “Me encanta la tarea de enterrar cuerpos, es una manera de que tengan dignidad y respeto. Nunca me detendré”.

¿Cuál es tu sueño?

Mi sueño es tener un hogar para mi vida y poder construir otro cementerio. No tengo deseos personales, y eso que sufrí un accidente en mi pierna y no tengo trabajo. Así estoy orgulloso de mí.

Ilustración de Gustavo Cimadoro

Chamseddine no sueña ni desea que la crisis de los refugiados se termine. Quizá porque la vive en carne propia y conoce bien que en el corto plazo continuará. Quizá porque en el mundo de hoy existen más posibilidades de ampliar un cementerio de inmigrantes a que los responsables se ocupen de la crisis humanitaria en África y Medio Oriente.

Mientras tanto, “El Cementerio de los desconocidos” seguirá albergando refugiados, que gracias a Chamseddine les termina brindando descanso eterno luego de un largo recorrido por un sueño.

Augusto Dericia

Periodista profesional y por vocación. Divertido, curioso, inconformista y de espíritu crítico. La música, su cable a tierra. Sueña por un mundo más justo.