Sociedad

El Elefante Blanco y la estrella social

Por Mariana Blanco

Hacía mucho tiempo no me pasaba eso de terminar de ver una película y no poder levantarme de la butaca (que hay que reconocer que son muy cómodas ahora). No me considero una persona cinéfila, pero si he visto una variedad de temáticas con las que comparo la particular experiencia que viví al terminar de ver Elefante Blanco.

Desde la correcta elección de la música hasta el encadenamiento de tomas, Pablo Trapero supo combinar todos los elementos del lenguaje cinematográfico para hacer sentir la historia que quería contar. Hacernos percibir una «estrella social» con una problemática en cada punta.

Esta reflexión no es de la película en sí; si no de la piel de gallina que me generó la imagen final. Ver a los curas que construyen capillas y toda una estructura dentro de una villa y trabajadores sociales que dan su tiempo y energías para trabajar por los demás. En el mismo ámbito que policía corrupta y políticos insensibles, es un baño de realidad. Me considero una optimista sin retorno, y ante la propuesta de Trapero me quedo con un… “y ¿ahora qué hago con esto?”.

En el momento que compré la entrada, estaban en cartelera Blancanieves y los Vengadores. No es que tenga algo en contra del cine made in Hollywood, es más, consumo también sus propuestas. Pero… ante alguien que pregunta “¿qué hay en el cine?” Le digo: ¿cómo ver un cuento de manzanas envenenadas cuando en la sala de al lado la realidad de miles de personas te golpea en la cara?

Así que salí de la sala, manejé a mi casa y no dejaba de pensar. ¿Cómo alguien puede robarse el dinero para hacer viviendas para aquellas personas que no pueden juntar para comer mañana? ¿Cómo alguien con múltiples propiedades deja sin techo a miles? Y los políticos nos representan… lo peor de todo: ¡los votamos! Burocracia inservible, cuantos proyectos como el que defiende el Padre Julián (Ricardo Darín) mueren en escritorios.

Esa fue una de las ideas que no dejaban de dar vueltas en mi mente, cuál tormenta golpeando las casitas en una playa caribeña. Mi visión del mundo mutaba, mis paradigmas cambiaban y una sola pregunta se me cruzaba… “y ¿ahora qué hago con esto?”.

Comprendí que en la Iglesia hay muchos tipos de personas, y que para hacer el trabajo que los curas realizan en esta película, no solo es fuerza de voluntad y entrega, es un auténtico ejemplo de amor incondicional. “Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos” es una frase del Padre Mujica que se muestra numerosas veces en pantalla. ¿Cuántos pueden realmente mencionar las palabras con el sentido que cada una de ellas merece?

Los principales protagonistas, al menos una vez, mencionan estar cansados, admiten querer “mandar todo a la mierda” y no volver a la villa. Enfrentar tiros, paco, muertes y punteros a diario no es para cualquiera. Y sin embargo ahí está, esa entrega, ese amor que va más allá de misas y papeleo. Es voluntad de querer mejorar las cosas, de dar y estar disponible, aún cuando el otro todavía no comprende porqué das tu tiempo y tu vida.

¿Y qué decir de la imagen que muestra de las personas que viven en la villa? No puedo decir nada. Quedo muda, inútil, lejos. De nuevo la piel de gallina me demuestra que este tema toca mi lado sensible y me pregunto… “y, ¿ahora que hago con esto?”.

Yo opino por Maximo Tell

Elefante Blanco puede ser solo una película con historias cruzadas que surgen y se mezclan sin trazo lógico, como las calles de la villa. Podría ser tan solo una radiografía social, bien montada para ser exportada en la industria del cine, pero si abrimos el otro ojo nos damos cuenta de que hay mas.

Iglesia, pobreza, violencia, drogas, amor, policía y la incomprensión por doquier. La lucha de los pobres, el aprovechamiento de una Iglesia y el amor de otra facción; la corrupción de la fuerza, la soledad de la adicción al entorno violento. Cada uno sufre sus incoherencias y contradicciones. Con la piel, en un rezo o un disparo. La sociedad sigue pasando por sus autopistas de la vida mientras algo pasa de la Amazona a Bayres.

¿De qué lado vas a estar cuando llegue el momento del disparo del final? Del de la policía corrupta, la Iglesia enriquecida, la política burocrática o el otro. Y si decidís estar en esta otra orilla ¿Qué vas a hacer para cambiar esa realidad? Hubo un hombre que lo pensó, hay otros que lo imitan. Por él, por nosotros y los que ya padecen de la opresión social mas cruel. La que abandona, condena y les es indiferente. Necesitamos un bautismo de consciencia.

Mariana Blanco

Periodista y orgullosa docente. Contagia frescura y parece incansable. Confía en que su profesión puede aportar un poco de claridad y entendimiento a la sociedad. Hace mucho enamorada y hace poco casada. Se preocupa por cada ser vivo y es vegetariana.