Sociedad

«El pueblo de Yemen», reflexión desde un campo de refugiados

Por Malú Ansaldo

En alguna parte del este de Djibouti, justo afuera de una pequeña aldea llamada Obock, ACNUR estableció un campo para los miles de inmigrantes que llegan en bote desde Yemen. Está situado en la otra parte del Golfo de Adén, en donde se abre el Mar Rojo; más de 4.000 personas han llegado a este campo desde que se estableció en abril del 2015. Viven en carpas, tienen dos escuelas, agua corriente y electricidad. Pero no tienen un teatro. Al menos no tenían uno hasta la semana pasada.

Era temprano el sábado cuando nos subimos en varios vehículos para atravesar el país desde Djibouti City hasta Obock.  En el camino, nos cruzamos con varios asentamientos nómades y el escenario estaba mayormente dominado por montañas arenosas, el océano y cabras. Muchas, muchas cabras.

Llegamos al campo al mediodía y fuimos recibidos por miembros del staff, un pequeño y estupendo equipo, quienes rápidamente nos mostraron el lugar asignado para nuestro show y  ayudaron con el montaje del mismo. Como telón de fondo, y camarín para toda la compañía, utilizaríamos una de las carpas  junto a nuestro minibús estacionado detrás de ésta. En el piso pusimos unos cobertores de plástico con el logo de ACNUR y, mientras el elenco se preparaba y repasaba sus líneas -en esta ocasión tuvieron que hacerse algunos ajustes ya que dos actores estaban enfermos; por lo que, el fantástico John Dougall tuvo que hacer de Polono  y Claudio al mismo tiempo- los Stage managers comenzaron a montar la escenorafía y a poner los vestuarios en su lugar con la ayuda del público que comenzó a congregarse a  nuestro alrededor.

Los niños llegaban de a docenas y jugaban con nosotros mientras observaban, con ojos bien abiertos, cómo sacábamos los materiales de nuestros baúles y nos preparábamos para hacer el show. Se acomodaron naturalmente en un semicírculo y esperaron pacientemente a que estuviésemos listos. El sol todavía estaba bien alto pero el reloj estaba en nuestra contra: no teníamos luces extra. Dependíamos enteramente de la luz del día.

Cada miembro del elenco dió un paso al frente y, luego de un cálido “Salam Alaikum”, presentó el personaje que le tocaba representar ese día. Entusiasmo era lo que se percibía cuando alguno de los actores nombraba a más de un personaje. ¡Algunos de ellos pueden interpretar hasta 8 papeles por show! Y hoy, por primera vez en la gira, John iba a interpretar a Polono y  a Claudio  lo que provocó también un gran entusiasmo entre nosotros.

Antes del show y durante el intervalo, Amira– quien era nuestro contacto en ACNUR- leyó en árabe un pequeño resumen de cada parte del show. A su vez, repartimos algunas sinopsis en papel en ambos idiomas (tanto en inglés como en árabe). Muchos de los presentes habían leído o estudiado Hamlet en la Universidad y solían ir al teatro en Yemen, principalmente en la ciudad de Aden.

Hombres, mujeres y niños de todas las edades se acercaron y disfrutaron la obra, sentados en el piso, parados, sentados en sillas de plástico. En un momento, me senté entre medio del público y charlé con tres mujeres que habían estudiado en Londres y que eran fanáticas de las obras de Shakespeare. Ellas les traducían a los niños la historia y los ayudaban a entender el argumento de la obra. El público aplaudía con cada abrazo, se reían de las locuras de Hamlet y se lamentaban cuando Ofelia cantaba sus tristes canciones. Pero lo que realmente disfrutaron fue el duelo entre Hamlet y Laertes. Y por supuesto, la música.

Conocí a Adib, un ingeniero que solía trabajar en Aden y que ahora era el director de la escuela secundaria del lugar. Adib seguía la historia mediante las sinopsis que nosotros habíamos repartido y decidió utilizar la historia de Hamlet para trabajarla al día siguiente en la escuela. Me preguntó: “¿Cómo llegaron hasta aquí? ¿Por qué vinieron? Estamos muy lejos”. Le respondí que ya que nos era imposible llegar a Yemen, por las circunstancias políticas que su país estaba atravesando, buscamos un lugar donde estuviesen los yemeníes. Después de todo, los países están hechos de gente y como todos ellos están allí, ellos eran Yemen. “”, dijo Adib con una enorme sonrisa. “Nosotros somos Yemen. Somos el pueblo de Yemen. Y les agradecemos profundamente por esto.”

Una pequeña niña llamada Nada, recorrió todo el día el lugar agarrada de mi mano. Le encantó poder espiar qué sucedía detrás de bambalinas y ver qué estaban por hacer los Stage managers . Por lo que, la invitamos a tocar uno de los instrumentos que acompañaba la última escena. ¡Nada estaba eufórica! Una vez que terminamos, con la ayuda de otra mujer que me tradujo, ella me preguntó si volveríamos al día siguiente.

Finalizamos nuestra performance con aplausos y todos acercándose al escenario para saludarnos y  tomarse fotos con nosotros. Justo cuando el sol estaba cayendo, comenzamos a desarmar el set y aún más personas se aproximaron para ayudarnos. Mientras tanto los niños comentaban cuáles habían sido los mejores momentos de la tarde y yo les pregunté por qué creían que Hamlet estaba triste, qué era lo que le pasaba…

Sólo estaba actuando, ahora ya está contento”, dijo alguno señalando a Naeem– quien interpretó a Hamlet ese día- que, por cierto, estaba tan feliz como todos nosotros. Felices y llenos de polvo, rodeados por la asombrosa gente de Yemen.

Todo esto me hizo reflexionar algo durante el show: antes de que los actores salgan a escena, Hamlet hace un monólogo en el cual se cuestiona su habilidad de sentir en comparación con aquel actor que puede llorar cuando representa un papel aunque no sea su propia historia.

Las personas que conocimos en Obock huyeron de la guerra civil, dejaron sus hogares y perdieron a la mayoría de sus familiares, viven en circunstancias extremas y yo me pregunto: ¿cómo pueden apreciar tanto el hecho de que les traigamos este show, esta historia que viene de una realidad tan lejana…?

Obtuve una respuesta observándolos detenidamente durante el show. Sus rostros se iluminaban y su humor cambiaba, se reían, cantaban, bailaban con nosotros, ellos disfrutaron y se divirtieron. Viajaron a un lugar diferente, muy muy lejos, a la tierra helada de Dinamarca. Y, al menos por un momento, ellos fueron como cualquier persona, como las miles de personas que vieron nuestro show en los 160 países que visitamos durante los 21 meses pasados. Ellos sólo fueron personas mirando un show, no refugiados, no desplazados, no víctimas. Sólo personas. El pueblo de Yemen.

Fuente Globe to Globe Hamlet

Malú Ansaldo

Sudamericana en Londres, contribuyendo a la mobilidad de actores alrededor del mundo. Productora de Hamlet Globe to Globe tour en Shakespeare's Globe. Nómade contemporánea.