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“El sonido y la furia”, un cuento relatado por un idiota

Por Augusto Dericia

“El sonido y la furia” de buy likes on instagram William Faulkner narra la decadencia de los chul soon Compson, una familia tradicional que vive al sur de los how tall is sylvester stallone Estados Unidos, integrada por Caroline Bascomb Compson, Jason Compson y sus hijos: Quentin, Jason, Candace y Benjamín, y los sirvientes: Dilsey, Versh, T. P., Luster y Frony.

Un libro que atrae por su curioso buy facebook followers subscribers título, por su kali muscle net worth autor pero que antes de lanzarse a leer es necesario tenerle cierto respeto. Una is buy instagram followers legit guía de ayuda que cuenta algunos tips y no morir en el intento.

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El relato se divide en cuatro fechas narradas en primera persona por distintos personajes de la historia: siete de abril de 1928, contado desde la perspectiva de Benjamín – o Benjy- que algunas veces se lo nombra como Maury. Es el capítulo más difícil de entender y el más importante. Benjamín sufre un retraso mental (que en ningún momento de la novela específica): no habla, ni tiene la capacidad de pensar, confunde los tiempos, los recuerdos y las palabras, necesita siempre de algún esclavo que lo cuide. Por eso, para tener noción del tiempo en la narración de Benjy, cuando lo acompaña Luster se trata del tiempo presente, T.P. durante la adolescencia de Benjy y Versh en la infancia.

Otra ayuda es la cursiva que el propio Faulkner se encarga de poner en el relato ya que son en esos momentos donde la mente de Benjy viaja entre el presente y el pasado. También es importante tener en cuenta que cuando mencionan a Maury se refiere a Benjamín de niño.

A lo largo del capítulo a Benjy lo llevan de acá para allá, registrando acciones (como una cámara de video), rechazado por la familia salvo por su hermana Candance o Caddy, como dice ella. El arranque del primer capítulo es un claro ejemplo de la confusión y el rol del enfermo: cumpleaños número 33 de Benjamín, Luster lo lleva al cerco para ver un partido golf, hasta que en un momento los jugadores llaman al caddie (el chico que lleva los palos de golf) y a Benjamín se le mezcla todo por el parecido de Caddy y caddie.

La clave de la novela, la cual marcará un antes y un después, es una escena del primer capítulo en la que Caddy está subida al árbol y sus hermanos ven los calzones sucios desde abajo. Cada uno tendrá un pensamiento que le condenará su futuro.

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El segundo capítulo es el dos de junio de 1910, relatado por Quentin, el hijo mayor y más capacitado para estudiar en la universidad. Para cumplir el deseo -y el de pagar el casamiento de Caddy-, los padres deciden vender el terreno donde mejor se sentía Benjy. Un capítulo que narra exclusivamente Quentin desde su conciencia pero deambulando por la calle, relacionándose con una niña, recordando situaciones con los padres y principalmente pensando en cuanto ama a Caddy. Con una narrativa confusa por momentos ya que tampoco es cronológico como el primero, y que al final de capítulo nos encontramos con páginas sin puntuación, gramática ni ortografía; un recurso utilizado por Faulkner para mostrar la conciencia del mismo Quentin y que lo lleva a tomar una decisión trágica.

El tercer capítulo es el seis de abril de 1928, contado por Jason; el hijo soltero, rencoroso, racista y materialista. Jason en esta parte figura como el pilar de la familia, en un ambiente drástico por su madre loca, el hermano retrasado, el odio a los esclavos y el vínculo con su sobrina Quentin (sí, nombre igual que uno de los hermanos), hija de Caddy. Narrado de una manera líneal, empieza a dejar en claro que la decadencia de su familia no es responsabilidad de los integrantes realmente enfermos.

Por último el cuarto capítulo, ocho de abril de 1928. Aquí un relato en tercera persona pero que tiene como protagonista a Disley, la sirvienta más importante del hogar. Un capítulo que narra los movimientos y pensamientos de Dilsey como miembro externo de la familia pero testigo prestigioso de la decadencia de los Compson.

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Título

“Mañana, y mañana y mañana, se arrastrara ese corto paso, día a día, hasta la última sílaba del tiempo escrito. ¡Apágate, apágate, breve candela! La vida es sólo una sombra que camina; un mal actor que, durante su tiempo, se agita y se contonea en la escena, y luego no se lo oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no significa nada”.

Es una frase que extrajo Faulkner de la obra trágica “Macbeth” de Shakespeare para ponerle un título a su libro. Algunos señalan que en partes de la frase mencionan a diferentes personajes de la novela, pero claramente cuando menciona que la vida es un cuento contado por un idiota, refiere a Benjamín, que sabía lo que ocurría pero no porqué.

“El sonido y la furia” es un clásico de la literatura, uno de los libros más destacados de William Faulkner, que utiliza las características de los personajes para adaptar su narrativa a ellos; para exhibir en 1929 temas como la castración, incesto, suicidio, racismo y traiciones familiares, a través del relato de una familia del sur de Estados Unidos que estaba condenada a la desaparición. Pero no por Benjamín que muchas veces es declarado como el culpable, sino por el trastorno que rodeaba a los demás integrantes, creando un ambiente miserable en el seno familiar.

También cuenta con dos adaptaciones a la pantalla grande: en 1959, dirigida por Martin Ritt y en 2014 por James Franco quien también interpreta el papel de Benjy Compson.

Una historia y un autor difícil, pero con significado alguno.

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Augusto Dericia

Periodista profesional y por vocación. Divertido, curioso, inconformista y de espíritu crítico. La música, su cable a tierra. Sueña por un mundo más justo.