Música

Eminem y el último intento de volver a ser en #TMMLP2

Por George Blanco

Hay discos que agobian a sus artistas, los transportan a una interminable montaña rusa cargada de ego, los corrompen y, claro, los ponen en la cúspide de una cultura tan surreal como determinante. La del rock, o en este caso, la del hip hop. En el caso de Eminem, inauguró su propia. Así de abrumador y fascinante resulta todo, sobre todo cuando las cosas funcionan. Después, sucede que la vara es tan alta que resulta casi imposible conformarse, incluso para el propio MC, Eminem, que no ha podido dormir en su mansión de Detroit después de aquel icono que resultó The Marshall Matthers LP.

La versión 2, entonces, como un peligroso juego de palabras, lo sumerge inmediatamente en la comparación. Dañina, consigo mismo. Para el que escucha, es inevitable remitirse a la catarata de insultos y enojos que adornaban de una manera precisa -y preciosa- aquel disco. The Way I Am y Amityville son dos maravillosas expresiones de un interprete tan retorcido como preparado para surfear la ola, su propia ola. Eminem no resiste comparaciones externas, él es demasiado grande. Tanto, que en los últimos años y por la misma cuestión que marcamos en estos párrafos, se ha ensombrecido a él mismo.

The Marshall Matthers LP 2 intenta desde el comienzo parecérsele su propia vieja escuela (Si TMMLP fue su punto más alto en términos de impacto, The Real Slim Shady lo hizo coquetear con su lado más brutal), con rimas cacofonicas dignas de la mejor versión del rapero, pero que sin embargo van corrompiendo en su costado más pop y benévolo. A todo momento parece acercársele a himnos como Kill You (Break es, tal vez, la canción más virtuosa del álbum), e incluso contiene parte de la verborragia en sus letras. El problema es que en TMMLP aquello resultaba casi un hallazgo, irreverente, despreocupado y hasta novedoso para la relación interlocutor-intérprete. En The Marshall Matters LP 2 la incontinencia verbal (Rap Gods) aburre, roza lo absurdo, aunque logra ponerlo de nuevo en el centro de la escena. Un argumento es el arrepentimiento para con su madre, blanco de aquel disco y redención en éste.

Eminem, como no, vuelve a recurrir a Rihanna para componer The Monsters, una canción que en nada se diferencia de (Recovery, un disco subvalorado que sin embargo a mi entender posee todo lo que no tiene MMLP2), que hace pensar que ya no es una colaboración de buena onda entre amigos para volverse una estrategia sostenida. ¿Realmente es necesario? ¿Puede sobrevivir Em sin una estrella global pop o su prontuario no es suficiente? En la caprichosa comparación, Eminem queda desacreditado como el tipo que pateaba estructuras dentro del mainstream del hip hop, y en el nuevo rumbo parece haber encontrado cierta comodidad. TMMLP2 vuelve sobre sus pasos pero sin la versión más ocurrente de Em, aquel desaforado y maleducado chico blanco de Detroit desnudo de guiones ahora se ha vuelto un empresario que ha dejado pasar demasiado tiempo.

Una respuesta posible para el enigma planteado por TMMLP2 quizás sea intentar despegar a uno de otro aunque desde el título la comparativa sea ineludible. El mismo Eminem ha declarado que no debe ser necesariamente una secuela, pero no ha desmentido que sea una lógica continuación de aquel suceso mundial. Lógica por el mismo peso de la obra, The Marshall Matter LP, y continuación porque a Slim Shady parece habérsele acabado la usina creativa, o al menos haberlo dejado de intentar. Recovery, sin embargo, tenía ese componente esencial de los primeros discos, histriónico, enojado y en pleno lamento. TMMLP2 en su primera escucha y a pesar de todas las buenas intenciones, parece ser la mejor broma de lo que fue.

Al final, el artista se vuelve un cliché de si mismo, no puede superarse y se dedica a mirar con melancolía y mucha entereza su propio pasado. Después de todo, en su caso puntual, sólo él puede trasceder su propia carrera. En The Marshall Matters LP 2 prefirió divertirse y no mucho más.

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.