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Viajes

En el interior y exterior de la gran manzana

Por Lola Rainero

Para los turistas, New York City es Midtown, el Empire State, el Central Park, y el Brooklyn Bridge. Sin embargo, no se reduce solamente a eso, hay mucho más del otro lado, entre los rascacielos. Inclusive, muchos de los que pasean por la ciudad se pierden de conocer algunos de los rincones más lindos de Manhattan por conformarse con las calles más turísticas. Nueva York es más que las luces, los edificios, y la cantidad de gente que la visita y habita: Nueva York es diversidad en cada persona, es arte en cada esquina, es el estilo cosmopolita en su máxima expresión; es historia y modernidad al mismo tiempo, y es una cultura que se diferencia del resto de Estados Unidos para convertirse en lo universal, en la comunión del mundo entero.

Empecemos por el sur de la ciudad: el Distrito Financiero. Todos los que caminan por allí son, probablemente, empresarios o trabajadores; la mayor parte del tiempo apurados para no llegar tarde, ni perder el próximo tren o encontrar un taxi disponible; todo parece transcurrir tan velozmente que el tiempo se escurre con mayor rapidez que en cualquier otro lado. Sin embargo, más allá de ser el alojamiento de miles de oficinas y de Wall Street, en esta zona es donde se encuentra el World Trade Center con toda la tristeza y nostalgia que el simple recuerdo del 11 de septiembre genera en los habitantes y trabajadores de esta ciudad (y de todo el país). Cualquiera que pase por el 9/11 Memorial o la nueva Freedom Towerconstruida en lo que antes eran las torres gemelas—siente el dolor de aquellos que lo presenciaron. De hecho, aún se continúa trabajando en la remodelación y construcción del lugar, lo que deja al descubierto lo acontecido allí.

A pesar de todo, cada día se avanza un poco más, y cuando tomo mi tren desde World Trade Center, paso caminando por esas calles que estuvieron bajo escombros y entonces veo, a la Freedom Tower, esbelta e iluminada, destacándose entre los demás edificios.

Avanzando hacia el norte comienza el verdadero estilo chic de Manhattan, en donde los edificios altos se ven solamente en el horizonte y la arquitectura neoyorkina de hierro fundido se convierte en predominante. Esta zona conocida como Lower Manhattan inicia con el distrito de TriBeCa, compuesto por viejas fábricas remodeladas en lofts y departamentos que, con su esplendida vista de la Estatua de la Libertad y del río Hudson, son el hogar de celebridades, de artistas, y del famoso festival de cine que lleva su nombre. Se trata de un barrio residencial lo suficientemente sofisticado y exclusivo, para personalidades con cierto estilo de vida como Beyoncé, Justin Timberlake, Robert De Niro, MerylStreep y Chris Martin.

Continuando por este punto cardinal, está el famoso SoHo, conocido por su estilo artístico y por su reciente transformación en una de las sedes de moda, alojando a marcas como Chanel, Prada, Alexander Wang, Fendi, entre otras. El corazón del barrio es la calle Broadway, entre Prince St. y Spring St., por donde transitan miles de turistas por día. No obstante, al adentrarse por una de las calles paralelas, es en donde se siente la verdadera vibra que transmite este vecindario, con galerías de arte, cafés al estilo parisino (Le PainQuotidien, uno de mis favoritos), y locales de ropa de diseñadores emergentes.

Cinco cuadras  hacia  el sur de SoHo, aparece la verdadera diversidad que ofrece la ciudad: de una esquina a otra el estilo cambia totalmente y se transforma en China Town.  El distrito fundado por la cultura oriental, proveniente de la inmigración china, te transporta inmediatamente al otro lado del mundo. El punto de encuentro entre ambos barrios es Canal Street, desde donde se puede observar la delicadeza de SoHo de un lado y el dinamismo de China Town, desde el otro.

Por otra parte, al igual que en la pequeña “ciudad” china, Little Italy, logra tomarle un pequeño espacio a Manhattan para transformarlo en una perfecta imitación de Italia, con sus restoranes de alta calidad y las mejores pastas de la ciudad.

En este recorrido, no puede faltar Greenwich Village, o mejor conocido como The Village. Al igual que cualquier joven en sus 20 años que visita Manhattan, no es casualidad que éste sea mi distrito favorito. Allí se encuentra NYU, la Universidad de Nueva York, por lo que el barrio se caracteriza por su tan notable vida estudiantil y los cientos de jóvenes que transitan por ahí. El punto de encuentro es Washington Square Park, la plaza que se encuentra rodeada por las distintas escuelas y facultades de la universidad donde los alumnos toman sus recreos con la hermosa vista del Empire State a lo lejos.  Un ejemplo del estilo de vida que se vive en The Village es la famosa serie Friends, que se lleva a cabo en este barrio.

Por su alta influencia juvenil, The Village, es conocido por ser la capital del estilo bohemio, el paraíso de los artistas, y la cuna de los movimientos de derechos humanos surgidos en los años ’60. Por otro lado, es mi distrito predilecto también por su arquitectura residencial tan clásica de Nueva York, que muchos pueden conocer por el famoso departamento de Carrie Bradshaw en Sex & the City (ubicado en Perry Street, una de las calles más lindas de la ciudad).

Continuando con el estilo tan sofisticado de Lower Manhattan llegamos a Chelsea y al Meat-Packingdistrict, barrios residenciales y sedes de modernos hoteles y restoranes muy parecidos a TriBeCa. El famoso “Meat-Packing” es un barrio que se transformó en uno de los hot spots de la ciudad en los ’90, luego de que sus antiguas fabricas y frigoríficos de carne fueran remodelados en departamentos, estudios de arte, y boutiques de conocidas marcas de moda como Stella McCartney, Alexander McQueen, y Diane von Fürstenberg, lo que le dio un carácter hipster chic a la zona. Tanto Chelsea como el Meat-Packing están unidos por The High Line, un parque elevado a una altura de alrededor de 2 km de largo ubicado en las antiguas vías de tren; que se caracteriza por su increíble vista al río Hudson y a todo Lower Manhattan, con espacios recreativos para comer, sacar fotos, y descansar.

Cambiando totalmente de ambiente, se llega a Midtown, la capital de las luces, los rascacielos, y los turistas. Se puede decir que éste es el distrito protagonista de la ciudad, lo que cualquier persona que esté en otra parte del mundo conoce por fotos o películas. Es la verdadera metrópolis de la modernidad y lo que constituye la principal característica de New York City. Es en Midtown en donde está “todo”, en donde se mueven las millones de personas que transitan la ciudad, y de donde salen todas las luces que le dan a Manhattan el brillo que siempre tuvo. No podría describir en un sólo párrafo (o en un artículo entero) la cantidad de cosas que hay para hacer y visitar porque, a diferencia de los demás barrios, no hay uno o un par de aspectos que caractericen Midtown.

Midtown es todo lo que es Nueva York: es Times Square con sus luces que parecen el centro de una galaxia; es caminar por la Quinta Avenida con el Empire State de fondo y el Chrysler Building al lado; es sentarse en los escalones de la famosa Public Library a tomar un café caliente en pleno invierno; es subir al observatorio del Empire State de noche y ver el resplandor de la ciudad; es caminar por los stands de las ferias que se instalan en Bryant Park; es Rockefeller Center y su hermoso árbol navideño en vísperas de Navidad; es Radio City Music Hall y sus clásicos y tradicionales shows… Midtown es simplemente estar literalmente en el corazón de una de las más bellas ciudades del mundo.

Cuando uno pasa mucho tiempo en Nueva York, Midtown es lo primero que intenta evitar. Después de un tiempo, todo el alboroto empieza a cansar y es como si esta zona desapareciera del mapa y fuera territorio exclusivo de los turistas. Pero, por más indiferentes que los neoyorkinos intenten mostrarse con respecto al principal distrito de Manhattan, no hay ocasión en la que vean al Empire State a lo lejos y no sientan mariposas en la panza como cualquier persona que lo ve por primera vez.

Recorriendo el norte de la ciudad —lo cual siempre es conveniente hacerlo por la hermosa Quinta Avenida—, se llega al Central Park, el gran pulmón de Nueva York. No hay nada más lindo que una caminata por sus veredas entre los árboles, los puentes, los lagos, y la hermosa vista de los antiguos edificios que lo rodean. Sea invierno, verano, otoño, o primavera, el Central Park es una de las maravillas de la ciudad y es increíble que exista semejante forestación en medio de semejantes edificios. Lo más lindo del parque es la energía de la gente, siempre tranquila comparada con las transitadas calles de Manhattan, todos paseando a sus mascotas, jugando con las ardillas que caminan entre las personas, sentados en una de las grandes rocas para contemplar mejor la vista, patinando sobre hielo, o haciendo alguna actividad deportiva. Es como si el ritmo de vida se desacelerara en ése lugar.

En ambos lados del parque, se encuentran los dos barrios de la alta sociedad neoyorkina. Por un lado, el Upper East Side, hogar de los grandes millonarios, intelectuales y políticos de los dos últimos siglos.

Caracterizado por puro lujo, el Upper East Side es lo que para Europa son sus palacios: es la realeza de Nueva York. Sin embargo, del lado oeste del parque, el Upper West Side, apunta a un tipo de residente de clase alta, con un estilo más relajado e incluso más parecido a lo que es Lower Manhattan. Estos barrios, son caracterizados por su alto nivel cultural; gracias a  la cantidad de instituciones a las que le dan alojamiento, como el Museo Metropolitano del Arte, el Museo de Historia Natural y la Universidad de Columbia. La gran belleza de estos distritos se encuentra en caminar por sus respectivas avenidas que rodean al Central Park, observando la arquitectura tan fina y clásica de los edificios junto a la gran vegetación del parque.

Por último y fuera de la isla se encuentran Brooklyn y Queens, que al estar excluidos geográficamente, son áreas un tanto diferentes a lo que es Manhattan, pero que también contribuyen con la diversidad que hace a  la ciudad tan especial y dinámica. ¿Lo qué mas me gusta de estos distritos? La vista.

La vista que hay desde estos lugares simplemente te quita el aliento. Es increíble como de a poquito, mientras uno cruza el puente de Brooklyn, los rascacielos se van alejando para transformarse en una imagen completa a lo lejos. Pero, un consejo: todos los turistas aman Brooklyn para ver la ciudad del otro lado, pero nadie sabe que la mejor vista de todas está en realidad del lado oeste, cruzando el río Hudson, en la costa del estado de Nueva Jersey; en ciudades como Hoboken o Weehawken. Al estar un poquito más alejadas de la isla, la imagen de Manhattan es aún más panorámica, desde allí se puede ver toda la ciudad a una distancia perfecta, y no solamente una parte de ella.

Ciudades hermosas las hay en todo el mundo, no hay duda que es imposible elegir una sola como la más linda, o la más divertida, o la más interesante. Y probablemente muchas de las características de Nueva York antes mencionadas existan en cualquier otra parte: barrios chinos hay en todos lados, pequeños cafés parisinos también, y ver al EmpireState a la distancia no se diferencia mucho de ver a la Torre Eiffel o al Big Ben. Pero lo que hace a Nueva York única e irrepetible, es su energía: esa sensación que transmite de que en esa isla todo es posible, esas ganas de querer hacerlo todo. Es una ciudad que siempre está un paso adelante, una ciudad que renace de sus cenizas cuando es necesario, que simplemente te despierta y hace que estés al mismo ritmo que ella.

Es algo inexplicable, pero todo aquél que tiene la suerte de experimentar estas calles como propias afirma que no hay lugar como esta ciudad, y tal vez sea porque Nueva York, en realidad, es el mundo entero. O mejor dicho, en palabras de John Steinbeck, “el clima es escandaloso, el tráfico es una locura, la competencia es asesina. Pero hay una sola cosa al respecto – una vez que viviste en New York y se convirtió en tu hogar, ningún otro lugar es lo suficientemente bueno”.

Lola Rainero

Futura Licenciada en Comunicación Social y tal vez futura neoyorkina. Amante de la moda, los gatos, el sushi, el café y los aviones. Viajera frecuente y escritora ocasional