Sociedad

En tren se pasa el Niágara en bicicleta

Por Augusto Dericia

“Porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta”, canta Juan Luis Guerra, en referencia a la situación que vive un paciente al asistir a un buy 700 instagram followers hospital público. Y como esta canción se pueda adaptar a la situación de cualquier país de stephen amell body transformation Latinoamérica, Fundación Alma nació con el objetivo de ayudar a los pacientes a cruzar el Niágara, pero en tren.

En 1980, el pediatra argentino Martín Jorge Urtasun junto con un grupo de profesionales y amigos, se interesó por pensar alternativas frente a la dificultad de los pacientes pediátricos para llegar hasta Buenos Aires para recibir atención médica. Frente a tal realidad, se pensó que -en vez de viajar los pacientes- los médicos debían llegar hasta los lugares en donde estaban las necesidades. Y se eligió el tren como medio efectivo para concretar el proyecto: un modo de transporte de insumos, aparatos y recursos humanos.

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Hoy, y a pesar de la rareza de trasladarse en tren en Argentina, Fundación Alma lleva 35 años de compromiso sobre rieles, atendiendo cerca de 90 mil pacientes en más de 200 viajes. Todo gracias a los médicos voluntarios y asistentes, que se encargan de visitar pueblos y comunidades rurales durante 5 días.

“En cada uno de los viajes participan entre 10 y 11 profesionales voluntarios de la salud. Hacemos alrededor de seis viajes por año, en el que cada uno se renueva el personal. Igualmente hay personas que quieren estar siempre”, cuenta Magdalena Pardo, voluntaria de la ONG y nieta del fundador.

El objetivo de la fundación es brindar un servicio primario de salud, para luego derivar al paciente a un hospital para su tratamiento, y transmitir una educación para la salud. Buscan que las comunidades puedan empoderarse sobre el cuidado, trabajando en conjunto con las familias, escuelas y ONGs locales.

Fundación Alma subsiste gracias a donaciones de la gente a través de su cuenta bancaria y de empresas privadas. La única ayuda del Estado es la alianza con el ferrocarril para la tracción y el mantenimiento de los vagones.

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¿Cómo es el funcionamiento del tren?

Los vagones se enganchan al ferrocarril Belgrano, ya que no contamos con locomotora propia. Este ferrocarril viaja por el norte, por lo tanto siempre nos trasladamos a pueblos del norte del país, con mayor necesidad y lejanos de las ciudades. Históricamente el tren tenía tres vagones, que contaban con sala de pediatría, odontología, enfermería, trabajo social, laboratorio, sala de rayo para que los niños y adolescentes salgan del tren con un diagnóstico completo. También el tren posee habitaciones, baños y cocina para la comodidad de los propios voluntarios.

Por un incendio en los vagones, desde mediados del 2015 el tren quedó fuera de servicio. Pero no impidió que la fundación continúe desarrollando la actividad: Alma realiza viajes con grupos más reducidos, los voluntarios atienden en consultorios locales y se alojan en casas de familias.

¿Cómo es la experiencia de viajar en tren para los voluntarios?

Les encanta, a pesar de que el traslado es lento. Los días de viaje se aprovechan para conocerse y para ir preparando el trabajo. Pero mas allá de eso, el tren tiene una mística muy especial entre los voluntarios y las personas que lo esperan. Permite unir puntos que son difíciles de unir y es es un medio de trabajo muy eficaz: permite que los voluntarios hagan todo arriba del tren. Además, es raro que algún habitante del norte no lo haya visto alguna vez.

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¿Y la experiencia de la visita al pueblo?

Sienten y trabajan su profesión de una manera muy distinta. Aprenden más porque salen a conocer los problemas de la comunidad. Les queda una sensación grata, a favor de un otro que lo necesitaba. El médico tiene algo de eso, porque trabaja con gente que necesita ayuda, pero estos son pacientes que realmente lo necesitan. Y a muchos voluntarios hasta los hace reflexionar sobre su orientación vocacional.

Magdalena también cuenta que se divierten mucho porque los niños reciben a los médicos con actos escolares, se hacen amigos de los habitantes, tocan la guitarra y luego los invitan a un asado, creando un ambiente familiar, solidario y con mucho amor.

¿Como nieta del fundador, cómo fue que te involucraste?

Fue todo desde chica, tengo recuerdos de mi abuela recaudando dinero en bingos y reuniones de té. Y luego el aporte desde mi profesión de Licenciada en Comunicación Social. Lo que me gustó fue compartir con mis abuelos y otros familiares algo que transcendiera el vínculo.

Magdalena admira de su abuelo la imaginación para llevar adelante el proyecto de algo tan alocado como un tren hospital.

“Mi abuelo está súper contento, es un orgullo porque son pocas las ONGs que duran tanto, pero preocupado por obtener el nuevo tren. Fue tremenda la perdida de los vagones porque estaban desde que se inició, y ahora a los 89 años quiere ver el tren de nuevo”, comenta Magdalena.

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¿Qué objetivos se plantean?

El Ministerio de Transporte se comprometió a brindar nuevos vagones para el próximo año, así que estamos en la negociación. Una vez que los obtengamos, tenemos que equiparlos, rearmar el tren desde cero. Es un sueño gigante.

También seguir con el nuevo sistema de visitas con grupos más reducidos a otras comunidades del país. Pensando a largo plazo, lo ideal sería que estas personas cuenten con un hospital a su alcance y nos necesiten cada vez menos, pero desde nuestra fundación es generar cambios en las comunidades que visitamos.

Por suerte existen ciudadanos inquietos e inconformistas, que nos les alcanza con estar satisfechos con sus logros personales y del círculo íntimo. Por suerte están estos “locos”, con sus locos proyectos, que por más locos e imposibles que sean tienen la esencia de llevarlo a cabo con puro corazón y amor. Ante un Estado ausente, es necesario gente con nuevas ideas y con pasión por la profesión y por el otro.

Fundación Alma entendió que para cruzar el Niágara en bicicleta se necesitó un tren. Pero principalmente la ayuda de voluntarios para facilitarle un poco más la vida a estas personas.

Augusto Dericia

Periodista profesional y por vocación. Divertido, curioso, inconformista y de espíritu crítico. La música, su cable a tierra. Sueña por un mundo más justo.