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Libros

Escribió, vivió y lo contó: adiós a Gabriel García Márquez

Por Majo Arrieta

Nacido allá por 1927, en Aracataca, un pequeño pueblo colombiano al que según sus memorias la única manera de llegar desde Barranquilla “era en una destartalada lancha de motor por un caño excavado a brazo de esclavo durante la Colonia (…)”, Gabriel García Márquez pasó por este mundo cumpliendo una clara misión: elevar la literatura de estas tierras y demostrar el potencial del relato latinoamericano. Su carrera lo llevó a recorrer y vivir en distintas ciudades de su Colombia natal y en el viejo continente. Pero fue en México, donde encontró su segundo hogar, exhaló su último aliento y se despidió de este mundo para continuar viviendo en la inmortalidad de sus relatos.

Las historias que contó y los personajes que creó transitan desde hace tiempo por cada rincón del planeta. Cada vez que alguien toma uno de sus libros, logrando abandonarse a esas vidas con tintes fantásticos, y hundirse en las detalladas descripciones, García Márquez vuelve para resurgir del papel; porque no hay mejor manera de conocer a un escritor, un artista de la palabra, que a través de su obra.

Aquel anciano con bigote y mirada picaresca, Nobel, periodista, cronista, escritor y guionista, que fue parte del Boom literario latinoamericano junto a Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, dejó una gran herencia cultural al mundo.

En principio creyó que su rumbo iba por el lado de la abogacía y las ciencias políticas, pero siendo testigo del Bogotazo, decidió abandonarlo todo en pos del periodismo y la literatura, profesiones con las que estuvo comprometido toda su vida.

Sus inicios como escritor comenzaron en El Universal de Cartagena, en El Heraldo de Barranquillas y en El Espectador de Bogotá, donde publicó su primer cuento La tercera resignación. Escribió crónicas, reportajes, críticas cinematográficas, editoriales. Vivir de la escritura, en los comienzos, no fue fácil; pero su prosa lo hizo caracterizarse y sobresalir. Sus relatos marcaron un nuevo estilo de escritura periodística, una manera especial de narrar los acontecimientos y los sucesos de la vida. Consistió en contar historias comunes y extravagantes que suceden en la sociedad, dotándolas de trascendencia a través de las palabras.

Su búsqueda por revalorizar esta tarea del periodismo lo llevó a crear la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNIP) cuyos pilares se apoyaron en la experiencia y trayectoria de su carrera. Desde entonces, la organización brinda talleres y debates sobre los cambios en el oficio, fomenta las investigaciones y el análisis, y pone énfasis en la ética y la cultura.

“Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente».

Las experiencias de su vida y de las personas que lo rodeaban inspiraron personajes, escenarios, escenas dentro de sus novelas. La Hojarasca fue la primera y cuentan que para que saliera publicada la tuvo que financiar con sus ahorros. Entre medio de varias, apareció Cien años de Soledad posicionándolo como uno de los autores referentes del siglo XX, y valiéndole el premio Nobel de Literatura.

A pesar de que en su bibliografía hay otras obras que desatan más empatía, atrapan mejor al lector o lo dejan más satisfecho; Cien años de Soledad es una de las novelas latinoamericanas por excelencias, que consolidan su estilo como realismo mágico.

Cada historia de Gabriel García Márquez, Gabo, Gabito (como le decían los amigos), tiene un pedazo de su propia vida, de su propia experiencia, de sus propios recuerdos.

Hay rastros del lugar donde se crío con sus abuelos en Cien años de Soledad, de la vida de sus padres en El amor en los tiempos del cólera, de la muerte de un amigo en Crónica de una muerte anunciada, además de su propia vida en Vivir para contarla. Cada descripción detallada guarda su percepción del mundo y nos hace partícipes de realidades diferentes donde los sucesos pueden ser inverosímiles, pero percibidos como reales. Su habilidad como escritor logró eso, tanto en los relatos ficticios como periodísticos, en los reportajes novelados, en la personalidad de sus personajes.

La política, las cuestiones sociales, la moral, el amor, tejen las tramas de esos relatos. Despiertan fascinación o rechazo, reflexión o indiferencia.

“En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”.

A pesar de su popularidad como novelista, García Márquez tuvo una estrecha relación con el cine. Primero trabajó escribiendo críticas cinematográficas —en las que destacó su interés por el neorrealismo italiano— y luego comenzó a meterse de lleno en la elaboración de guiones. Para apoyar a los artistas de la región creó la Fundación el Nuevo Cine Latinoamericano, que luego dio origen a al Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba. Pero, su vinculación al séptimo arte continuó con la adaptación de varias de sus novelas a la pantalla grande, con mejores o peores resultados, que algunos atribuyen a la dificultad de traducir su lenguaje literario a la pantalla. Es más, en reiteradas ocasiones, corajudos directores intentaron convencerlo de llevar al cine Cien años de Soledad, pero sólo recibieron la negativa del autor. Entre algunas de las obras que se tradujeron al lenguaje audiovisual, se encuentran: Eréndira (Ruy Guerra, 1983), Crónica de una muerte anunciada (Francesco Rosi, 1986), El coronel no tiene quien le escriba (Arturo Ripstein, 1999), El amor en los tiempos del cólera (Mike Newell, 2007), Del amor y otros demonios (Hilda Hidalgo, 2010) y Memoria de mis putas tristes (Henning Carlsen, 2011).

 

Convencido de lo que quería, vivió, trabajo y amó como quiso. Dejó en el mundo intensas y complejas historias, algunas perturbadoras, algunas reales. Su vida fue escribir y ahora, sólo lo encontraremos en el mítico Macondo, en las páginas de los libros que leamos, en la eternidad de las palabras que plasmó en papel:

Ojos de perro azul (1955)

La hojarasca (1955)

El coronel no tiene quien le escriba (1957)

La mala hora (1961)

Los funerales de la Mamá grande (1962)

Cien años de soledad (1967)

Relato de un náufrago (1970)

La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972)

El otoño del patriarca (1975)

Crónica de una muerte anunciada (1981)

El amor en los tiempos del cólera (1985)

El general en su laberinto (1989)

Doce cuentos peregrinos (1992)

Del amor y otros demonios (1994)

Noticia de un secuestro (1996)

Obra periodística completa (1999)

Vivir para contarla (2002)

Memoria de mis putas tristes (2004)

Majo Arrieta

Periodista y Lic. en Comunicación Social. Apasionada de las artes en todas sus formas, de la vida al aire libre. Por momentos fotógrafa, por momentos escritora. Un híbrido con muchísimas aristas para conocer y leer.