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L’ Aeroflorale II: Una expedición vegetal que recorre el mundo

Por Paz Garabal

Todo es subjetivo. “Todo lo que una persona pueda imaginar, otras podrán hacerlo realidad”. Lo que uno escribe, esos pensamientos que se vuelven palabras en un texto con significado, o no, para quien lo lea porque es subjetivo para quien lo recibe, tienen que ver con la persona que fuimos. Lo que aprendimos, que hace que sigamos buscando conocimiento sobre  lugares, personas, realidades o fantasías. Aprendizaje que marca nuestro camino hasta llegar al tiempo y espacio en el que estamos ahora. Es gracias a la imaginación de nuestra niñez, que cultivamos hoy,  día a día a nuestro niño interior que nos hace jugar, reír, aprender y soñar. Lo que sueñas, vuela.

Con poca información sobre el evento al que iba a asistir, me dirigí a las cercanías de la Plaza de mayo, de la Ciudad de Buenos Aires. Impulsaba a ver una nave de vegetales. Era domingo, y yo tenía 30 años.

Una enorme y descomunal nave rodeada de plantas, de todas las formas y tamaños. En el medio de la Av. De Mayo. Los transeúntes se preguntaban unos a otros ¿Qué es esto?. Se encontraban paseando por la calle Florida y se tropezaban con una enormidad de hierro, con globos gigantes y una cantidad innumerable de plantas.

Automáticamente tomaban sus celulares y se acercaban a ver este enigmático aparato. Sacando fotos, continuaban preguntándose entre si qué es lo que era, hasta encontrarse con uno de los 16 integrantes de la tripulación de L’ Aeroflorale II. La gente se amontonaba frente a cada uno de los pasajeros de la nave. De todas las edades, preguntaban cómo era posible que esa nave hubiera llegado volando desde Santiago de Chile.

“Aterrizamos aquí, por la lluvia del viernes, tendríamos que haber llegado al Botánico” con una melodía francesa en su español, me explicó uno de los integrantes de la Compañía La Machine, grupo francés que organiza la expedición, financiada por Francia y traída a Buenos Aires mediante un convenio con la Secretaria de Cultura.

“La nave vuela gracias a un gas que es más liviano que el aire, el metano”. El mismo producido por las plantas, hace que la nave vuele. Eh, qué?! Señor, usted me está diciendo que esto, en verdad ¿vuela?

La pregunta que se repetía mientras el público que escuchaba las respuestas, se renovaba era hasta cuando estaban. “Dependemos del clima, y de la autorización del aeropuerto de Ezeiza para poder continuar con la expedición”. Que seguirá recorriendo el mundo hasta llegar a Madagascar.

Experimentos con plantas eran exhibidos alrededor de la nave, por ejemplo, el del crecimiento de las plantas gracias a la música.  Sin indicaciones, sin carteles promocionales, para saber, tenías que preguntar a uno de los tripulantes de la expedición que contaban con un ya armado campamento.

Los niños, pedían autógrafos a los científicos rockstars. “Firmame la remera, por favor” le decía un niño a uno de los tripulantes, que eran una mezcla de Robinson Crusoe con astronautas, con mamelucos con herramientas para jardinería, llenos de tierra. Todos hermosos, salidos de una película. Con arneses, subían y bajaban de la nave.

Los adultos, bardeaban. Preguntaban cómo, por qué, cuándo y dónde. Todos personificaban científicos aeronáuticos intentando encontrar el error en los viajeros botánicos. Los tripulantes contestaban cada una de las preguntas, y explicaban en detalle, sobre el funcionamiento de la nave y sobre la expedición que llevan realizando desde hace 4 años. “Esto no vuela” aseguraba una señora convencida mientras continúan las preguntas que eran respondidas con exactitud y desarrollo.

“Venimos desde Nantes, donde comenzó la expedición”, ilustraba uno de los tripulantes, de origen chileno, que pertenece a un grupo en el que hay científicos especializados en botánica, un técnico especializado en fito-acústica y musicólogo, un sexólogo y un fito-terapeuta.

Por mi parte, llegué a una instancia en que perdí el conocimiento. Todo lo que podía llegar a saber, no existía. Y yo no tenía más de 6 años. Ya no quería preguntar. Impactada por la energía que producían las plantas y confirmando la importancia del cuidado ambiental. Mi imaginación aseguraba que esa nave había venido volando. Y que era mucho mas que teatro, urbanismo y arquitectura. Sino una especie de invernadero volador.

Conversábamos seriamente con mi mamá sobre la posibilidad de que la nave vuele. Hasta que me di cuenta de que un adulto, de unos 30 años, se reía de nuestro infantil conocimiento científico. En ese momento, me di cuenta de que yo también tenía 30 años y que era solo mi imaginación. Con decepción, de volver al mundo adulto, mi cabeza comenzó a realizar una serie de relaciones. Comencé a gritar, feliz, habiéndome reencontrado adulta con mi niña interior. Con lágrimas en los ojos recordé el libro que marco mi infancia, “20.000 leguas de viaje submarino” de Julio Verne,  que me hizo enamorarme del océano y de las criaturas que allí habitan.

A los gritos, (gráficamente como una psicótica buena onda): “¿Julio Verne es francés?” Tenía que serlo. Y si, google que lo sabe todo,  me lo dijo.

La niña de seis años, que vive en mí, me recordó que lo más importante no es llegar sino el viaje que uno vive hasta llegar a destino. Y que la imaginación, es más importante que el conocimiento. Carece de importancia que esa enormidad de hierro envuelta en plantas, en la que no viajan mujeres porque “es como los barcos”, vuele o no. Lo que si tiene un significado trascendental, es la imaginación de esos niños que estábamos ahí, que nos recuerda que todo es posible.

Así como lo hizo un precursor en la ciencia ficción, que nos hizo viajar gracias a sus novelas de aventuras. Dando la vuelta al mundo en 80 días y admirando al Capitán Nemo de la nave Nautilus. Autor nacido en Nantes en el 1800, ciudad donde comenzó la travesía de L’ Aeroflorale II. Como dijo Julio Verne “todo lo que una persona pueda imaginar, otras podrán hacerlo realidad”.

Paz Garabal

Actualmente estudia la Licenciatura en Cine en la IUNA, además de dedicarse a la producción teatral desde hace 8 años, asesorando ciclos musicales y eventos. Le apasiona el cine, le apasiona la vida. Al leerla entendemos cuánto arte tiene encima. Una chica feliz.