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Gabriel Rolón, un psicoanalista de biblioteca

Por Luciano Zahradnicek

¿Cuál es el punto de conexión entre un psicoanalista y un escritor? Es que pareciera que se tratase de dos profesiones diametralmente opuestas, que en la cotidianeidad de la labor apenas se rozan en situaciones anecdóticas. Sin embargo, el misterioso mundo del psicoanálisis ha sido fuente de inspiración para muchos escritores que se convirtieron en un fenómeno de la literatura; tal fue el caso de John Katzenbach quién saltó a la fama mundial con su best seller “El Psicoanalista”.

De todas maneras, me pregunto: ¿ambas profesiones pueden coexistir dentro de un mismo ser? La respuesta es sí. Y la prueba viviente de ello es el licenciado Gabriel Rolón, quien descubrió a la expresión de la palabra como el elemento con el que pudo combinar sus dos pasiones; y que de ello surja algo superador.

En este sentido, el autor del superventas “Historias de diván” reconoce cuál fue el interés que lo llevó a convertir el psicoanálisis en literatura: “Mi intención fue mostrar lo que ocurre en el marco de un consultorio analítico. El Psicoanálisis estaba siendo atacado intelectualmente por nuevas corrientes y, casi, degradado a un lugar místico o snobista, y tuve la necesidad de que los lectores sacaran sus conclusiones a partir de lo que hacemos realmente”.

Rolón tiene siete libros publicados desde 2007 hasta la fecha, fruto de su compromiso como analista a defender la ética de su práctica clínica y la oportunidad de dar lugar al escritor que habita en su esencia desde que era un niño.

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A pesar de ejercer hace bastantes años la profesión de psicólogo ¿Te sigue sorprendiendo como para escribir nuevos libros o con el “back up” que tenés alcanza?

El día que no me sorprenda más me habré convertido en un ex – analista. Porque si algo nos enseña el Psicoanálisis es que cada sujeto es único e irrepetible, que tiene un modo particular de atravesar su dolor y su placer y que puede reaccionar de manera imprevisible. De modo que, a pesar de los años de experiencia, en cada sesión puede irrumpir la sorpresa. Y eso es lo maravilloso.

En cuanto a la escritura, mi intención no es ser un autor que sólo cuenta casos. De hecho, dos de mis libros tienen la estructura del ensayo, uno de la novela (Los Padecientes, cuya versión cinematográfica se estrena el 27 de abril) y otro de un relato musical.

Cuento historias basadas en hechos reales cuando siento el deseo de hacerlo, pero no busco en los pacientes la arcilla con la que construir mi carrera como escritor.

¿Cuál es tu mayor desafío a la hora de escribir un nuevo libro?

Que tenga algo de diferente a los anteriores, aunque sea un detalle. Por ejemplo Historias Inconscientes. En el libro hay relatos de casos de pacientes, pero es un mix, porque luego de cada uno de ellos hay un desarrollo teórico, en el tono de la divulgación por supuesto, del punto fundamental que trabajamos con cada paciente. Y además debe poder resonar en algún aspecto del lector.

Por eso pienso tanto antes de iniciar la escritura de un libro. Porque sigo preguntándome qué puedo hacer para ofrecer al menos algo distinto y para desafiarme a entrar en un territorio que hasta entonces no haya explorado con la escritura.

Hasta finales de los noventa, asistir a sesiones de psicoanálisis tenía una carga peyorativa a nivel social. ¿Crees que con la información que tenemos hoy y con trabajos literarios como los tuyos, esos prejuicios han desaparecido?.  

Al menos en las grandes ciudades sí. Recorro el país permanentemente y voy también a pueblos pequeños. En alguno de ellos todavía el derecho a un espacio en el que poder trabajar sobre lo que nos duele sigue siendo visto con algo de prejuicio. Pero, lejos de desalentarnos, eso debe movilizarnos a seguir en busca de instalar la idea de que así como cuando alguien sufre por una cuestión física no es vergonzoso ir a un médico, tampoco debe serlo cuando la consulta remite a una dolencia emocional.

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En junio de 2007 Rolón estrenaba su primer libro publicado: “Historias de Diván. Ocho relatos de vida” que cuenta en 256 páginas diferentes casos reales basados en la relación analista-paciente. La obra que ha tenido más de trece ediciones no es ni un manual para psicólogos ni un capricho literario. Es el mismo Rolón, que en el prólogo del libro aclara que cada uno de los protagonistas tiene algo especial, porque los vio “desgarrarse, reír, llorar, frustrarse y enojarse” durante las sesiones. Cada una de esas historias significaron “desafíos, emociones, a veces golpes duros, otras una sonrisa por lo logrado” y por eso, el autor reconoce que darlas a conocer en un libro, fue un modo íntimo de agradecer lo que esos pacientes lo hicieron crecer. Porque “Historias de diván” tampoco es un trabajo autorreferencial en la que Rolón quiso plasmar su trayectoria como analista. “Si bien todo trabajo tiene algo de autoreferencial – sostiene – he tratado de estudiar mucho y focalizarme en cada disciplina que abordó para aprender, no para dar cuenta de lo que ya sé o lo que soy”.

En los próximos meses, el libro cumple diez años desde su publicación original. Y en esta década, ha tenido tal éxito que las historias mutaron en diferentes formatos, como serie televisiva y obra de teatro.

¿Qué sentís al ver que el libro se siga vendiendo con éxito y que de ese material se desprenden nuevos productos?   

Una profunda emoción. Fue un desafío. Cuando me llamaron querían que escribiera otra cosa. Y sentí que no, que tenía que defender el Psicoanálisis a partir de sus características distintivas: la ética y la verdad. Contar la historia de una adolescente que muere, o de alguien que abandona el tratamiento no parecían escenarios tentadores. Pero mis editores y yo nos decidimos a ir contra lo que nos indicaba la lógica comercial. Y ese es el punto que más agradezco al público: que hayan vuelto un éxito editorial a una obra que nació para dar cuenta de una verdad.

Historias de diván fue libro, serie de televisión y obra de teatro. Y en todas estas disciplinas el público reconoció su génesis: el respeto y la veracidad.

¿Por qué el público empatiza con estas historias?

Porque son veraces y tocan temas que no pueden no habitarnos de algún modo: la sexualidad, la muerte, el desamor, la duda, los sueños, la angustia. Obviamente que en las historias del libro toman la forma en que fueron vividas por sus protagonistas, pero con muy poco esfuerzo esas emociones resuenan en el corazón y la mente de los lectores.

Actualmente Gabriel Rolón es protagonista de la obra teatral que se desprendió del libro, en la que trabaja con sus dos hijos: Malena en el escenario y Lucas en la producción. Llevar el trabajo literario a las tablas significó un desafío en el que el analista eligió contar solo dos de las ocho historias, la del Padre Antonio y la de Majo, “porque me permitían hablar de los dos temas más importantes y enigmáticos para todo ser humano: la sexualidad y la muerte; y además porque en ellos se ve la fuerza del deseo, la importancia de los traumas infantiles, de la palabra y el lugar de la interpretación y contención que debe tener un analista”.

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El arte en “Los Padecientes”  

El próximo 27 de abril se estrena la película “Los Padecientes” basada en tu primera novela. ¿Hasta donde intervino tu participación para el armado de la película?

La verdad es que participé en todo. Desde que nos reunimos por primera vez con Nicolás Tuozz, quien la dirigió, pactamos trabajar codo a codo. Así fui adaptador y guionista del film junto a Nico y a Marcos Negri. Fui a cada día de filmación a hablar con los actores y transmitirles la personalidad y los motivos inconscientes de cada uno de sus personajes. Sebastián Escofet iba mostrándome cada melodía o clima musical que imaginaba y tuvo la generosidad de tomar mis modestas opiniones. Participé también de la post, en la mezcla de sonido y en las imágenes y textos que se usarían para la promoción. La gente de Fox me ha tenido una consideración enorme. De modo que estoy feliz. Pude estar en todas las etapas para intentar que la película, que tiene un alma propia, de todos modos sea fiel a la novela que le dio origen.

Este libro significó tu incursión en el género ficcional-policial. ¿La historia tiene su inspiración en un caso real con el que te enfrentaste como terapeuta?

No. He tomado emociones de relatos de algunos pacientes que atravesaron situaciones difíciles que rozan la problemática que plantea Los Padecientes. Pero es un producto puramente ficcional.

¿En qué se parecen, y en que no, Pablo Rouvioty (el protagonista del libro) y Gabriel Rolón?

Tenemos muchas cosas en común y también muchas diferencias. Ambos somos analistas y eso hace que miremos el mundo de un modo determinado. El compromiso con la verdad, una posición ética determinada, el valor de la palabra, la cercanía al dolor, por ejemplo.

Pero, a qué negarlo, él es mucho más buen mozo que yo y, para mi bien, mucho más atormentado y oscuro.

¿Pensas que el afán por encontrar la verdad (contra todo pronóstico desfavorable) que caracteriza a Pablo a lo largo de la novela, refleja la pura esencia de un verdadero psicoanalista?  

Sí. Sólo que en análisis no buscamos la verdad sino que la construimos junto al paciente. Tomamos retazos de su memoria y armamos una historia que dé cuenta de por qué sufre como sufre. Y esa historia pasará a ser su verdad, aunque quizás no sea la verdad.

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Sus trabajos de alta calidad literaria que reflejan verdad y honestidad profesional son los que llevaron a un psicoanalista como Gabriel Rolón a convertirse en uno de los autores más leídos en Argentina y que sus libros sean fuente de inspiración tanto para sus lectores como para productores de diferentes rubros artísticos. Actualmente, se encuentra trabajando en una “segunda novela que también tiene a  Rouviot como protagonista”. Además está armando una nueva obra teatral y participa de un programa radial. Sin embargo, ninguna de todas estas actividades son excusa para que siga desempeñando la labor que le da alma a quién realmente es: el analista que acompaña a “sus padecientes” cada semana.

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.