Moda

Geraldine Cunto, la mujer detrás de la clásica elegancia

Por Maria Florencia Ferrero

Geraldine Cunto llegó a la casona de La Martina, ubicada en la pintoresca calle Caseros, y se disculpó por la demora con explicación incluida. Para realizar la entrevista no tiene problemas de locación y recomienda ir al patio para que nos escuchemos mejor. Agrega que está encantada con su primer visita a Córdoba y que sabe que la cuadra del local -aun con calle de adoquines- alberga mucha historia. Desde el primer momento, puedo afirmar que es una fiel representante de la identidad de la marca para la que diseña. Elegante, atenta y con un gran saber sobre su materia compartió una charla sobre la marca y un poco sobre su carrera.

¿Qué perduró en la marca a lo largo de los 30 años?

Creo que el espíritu del polo. Ser “la marca del polo” fue la ambición desde el primer momento. Es real, se respira en todos los aspectos, desde el diseño hasta las actividades que se realizan. Todo va con la premisa del polo de la mano y ese estilo de vida: donde hacer un evento, hacer fotos de campaña o abrir un local.

¿Qué tiene que tener una marca para que perdure tanto tiempo? 30 años exactamente…

Yo creo que una identidad, una herencia y contenido. La Martina es una marca que tiene muchísimo contenido y no es una marca necesariamente de moda, como pueden ser otras que se reinventan a sí mismas haciendo productos distintos que quizás no se identifican con la marca. La Martina tiene una identidad muy fuerte y una herencia y contenido desde el espíritu deportivo que se transmite en cada colección.

¿Qué prenda se renueva temporada tras temporada?

Creo que la polo básica es una prenda que no le podes inventar una tercer manga. Por eso tenes que jugar con los colores, los ajustes, un botón, el peso de la tela y así vas tratando de reinventarla, hacerla atractiva y adaptarla en el tiempo. Hemos hecho prendas en pique, en lycra, sin lycra, más grandes, más chicas, ajustando el puño. Vamos tratando de renovar un clásico icónico de la marca.

¿Qué es lo que más cambió en la Martina estos últimos 30 años?

Hace cuatro temporadas lanzamos una línea que se llama “Blue Tag”, la cual hoy es punta de comunicación en el mundo y Benjamin Vicuña es la figura de marca. Y la verdad que nos empezamos a enfocar muchísimo más en lo que es la tendencia europea. Vemos lo importante que es la idea del “slim fit”, de la sastrería y de todo ese mundo moderno que apuntan a un hombre que se empieza a preocupar por vestirse. Hoy, le importa si la camisa combina con el pantalón y si este tiene el calce que tiene que tener, el lavado del jean, si pañuelo con saco, o no, y ya es una cosa muy instaurada. El cliente argentino, que a veces adopta tarde las cosas, empezó entrar en estas variables, aún inconscientemente.

Ahora los hombres argentinos también se adaptaron a los “slim fit”…

Si, en cuanto al pantalón con lycra para hombres, te decían “Mira si me lo voy a poner…”. Era una cosa impensada y hoy no se lo sacan.

¿Por qué Benjamin Vicuña como imagen de la línea?

Nos pareció una figura que tiene mucha luz, de familia, alegre, que representa sensaciones sanas. Es relevante en América Latina y representa un poco la figura que queríamos comunicar. Es muy simpático, se sintió cómodo en la ropa y eso hizo que hiciéramos las fotos súper rápido.

Y para mujeres… ¿Cuáles son los infaltables de la temporada?

En mujer, el jean blanco. Hay que desmitificar que el blanco engorda. Un buen jean blanco, es muy sentador. La chaqueta de lino en colores neutros y el foco en los accesorios como un buen bolso. Ahí no se puede mentir con la calidad.

La Martina alrededor del mundo y también… En Córdoba

La Martina fue estudiada en Harvard como un proyecto familiar que tuvo alcance y éxito internacional explotando el ADN argentino… ¿En qué cosas se basa ese ADN que lograron?

El fundador siempre dice que el no quería hacer necesariamente ropa sino una marca. Entonces su visión fue de construir una marca que tuviera un peso propio y transcendiera las fronteras nacionales y por eso lo logró. Nunca perdió esa esencia del deporte, que es argentino en cuanto a la excelencia de sus jugadores y la tradición que tiene en el país. Por esto fue la expansión mundial, porque el polo es internacional. Los jugadores argentinos tienen un perfil muy bajo, pero los invita la reina de Inglaterra a un partido o el sultán de Brunei, personalidades que quizás en otro deporte no estarían asociadas.

Fruto de eso, hoy la marca se asocia a sectores de alto impacto que generan la sensación de querer pertenecer a esos círculos. Traducido eso a un textil, que la gente puede ir a comprar, siente en alguna manera que está participando de todo eso y da orgullo ser argentino. “Tradición del polo argentino” es el slogan y cada prenda lleva consigo esa impronta. La gente feliz de usar y comunicar eso, identificándose con ese ADN.

En mercados como Singapur, Tailandia, Malasia en donde se asentó la marca, ¿Qué pensas que atrae a los consumidores de allá?

Les atrae lo remoto de Argentina, lo exótico que puede ser y la tradición del deporte. En Malasia o Singapur, hay miembros de las familias acomodadas que son embajadores de la marca porque ellos quieren. Se acercan a La Martina porque les gusta el deporte y se sienten cómodos con que una marca les pueda ofrecer comodidad y diseño. Además de ciertas colecciones especificas que se hacen para clubes de polo locales entonces se genera una especie de sinergia con el país o la ciudad.

En Tailandia, por ejemplo, se organiza un evento que se llama Pink Polo, donde juegan mujeres y la princesa lo hace todo en rosa. Entonces hacemos desde el casco hasta el palo para jugar en ese tono. Que la marca les brinde eso hasta las piezas de sastrería a medida, es genial para ellos. Esta flexibilidad, ha generado mucha confianza en lugares remotos.

¿Por qué La Martina en Córdoba?

Bueno esta casona es un lugar increíble en un lugar lleno de historia. Eso representa los valores de tradición y herencia de la marca. Es un lujo poder venir acá y conocer a clientes reales, escuchar sus necesidades y ver que quieren. Todo esto te hace que tu creatividad tenga un foco y que cada colección sea mejor. La moda es eso, nunca estar conforme con lo que haces, sino pensar en el futuro y en la próxima campaña.

Una diseñadora a la altura de la marca.

Al igual que La Martina, Geraldine recorrió el mundo de la mano del diseño. Luego de terminar el secundario en Quilmes, Buenos Aires y con solo 18 años decidió mudarse a New York para estudiar en Fashion Institute of Technology. Allí, dice que poco le costó empaparse de las costumbres de la gran manzana, como correr de aquí para alla con un café take away e inspirarse del street style. Sin embargo, su espíritu inquieto y una beca la llevaron a cambiar su dirección al viejo continente. En Florencia, Italia, hizo pasantías en Hugo Boss y trabajó en Salvatore Ferragamo. Hoy transmite todo lo que aprendió, en su país natal.

¿Cómo fue esa experiencia de trabajar en Ferragamo?

Al principio, lo hacía mientras estudiaba y después la nieta del mismo Salvatore Ferragamo me tomó bajo su ala, como asesora personal, y ahí aprendí muchísimo. Me metí en el mundo de los accesorios, el cuero y calzado. Íbamos a museos, a su oficina a ver los inventos que él había hecho. Salvatore inventó el taco chino en los años 30. En esa época no existía el taco todo unido y lo inventó él. Son cosas que no muchos saben y tener toda esa escuela, fue para mí algo impagable que nunca imaginé que me iba a tocar.

¿Cómo fue el cambio de diseñar para una marca con un estilo como Ferragamo a una clásica como La Martina?

Ambas comparten que son marcas de lujo. Eso ya hace que tengan un concepto metido que te hace saber que tenes que respetar ciertos códigos. La calidad no se compromete por ejemplo. Pero la verdad que fue un desafío enorme. Llegué a Argentina y a la semana sin darme cuenta estaba trabajando en La Martina y no lo tenía pensado. De repente me vi diseñando para mujer, hombre, equipamiento técnico, accesorios, eventos especiales y al ser una empresa familiar, es todo muy dinámico. Son pocas personas que están en la toma de decisiones y conmigo fueron muy acogedores y eso te hace sentir que es mucho más que un trabajo, te sentís parte.

¿Qué diferencias hay entre trabajar en marcas multitudinarias como Boss o Salvatore a algo más familiar como La Martina?

En Salvatore, para diseñar zapatos había un diseñador y veinte asistentes. Tenes el que dibuja, el que colorea, etc. Allá se sectoriza un montón. Acá haces de todo y eso es muy rico. Saltar de un producto a otro te abre la mente y a la vez pensas en una integralidad de la propuesta.

¿Cómo ves parado al diseño argentino frente al mundo?

Hoy en Argentina creo que hay una creatividad casi obligada por las circunstancias, de generar cosas con muy poco. Cuando trabajaba en Ferragamo, o si trabajas desde Europa, podes decir que el mundo es tu playground. Queres el mejor cuero, sabes dónde comprarlo, o traes cosas de China. Acá es diferente. Con los elementos que contas, tenes que hacer que las cosas salgan muy bien como si tuvieras esa apertura a todo. Ahí hay un doble desafío, aplicar creatividad y crear soluciones con los elementos que tenes en tu casa es mayor merito y en el país hoy por hoy hay grandes creadores.

Maria Florencia Ferrero

Periodista en proceso. Curiosa de nacimiento. Fiel admiradora del equilibrio de los colores en el arte y la moda. Sueña con recorrer el mundo y conocer cada expresión artística de él.