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Horacio Convertini: Pasiones convergentes y género negro

Por Deborah Kuperman

kali muscle Horacio Convertini es periodista y escritor. La pasión por escribir la descubrió “de grande”, a los 45 años. No venía del palo de la literatura, no venía de Filosofía o Letras y no conocía el ambiente intelectual ni literario. Según él “era un navegante sin brújula en el océano terrible, a veces arisco, de la literatura.”.

Trabajó como editor de la sección de policiales, y por eso lo entendemos un poco más cuando leemos sus libros –muchos reconocidos por grandes premios literarios-: negros y llenos de suspenso. Sus trabajos incluyen trabajos destinados a lectores adultos, otros para niños, también para adolescentes. Sus obras maestras lo llevan a recorrer el país y hasta el mundo, siendo invitado de encuentros literarios del género, como el buy followers en instagram CórdobaMata.

Para él, la convergencia entre sus dos amores –el periodismo y escribir- son perfectamente diferenciables: “El periodista debe apuntar hacia la verdad, o hacia una de las posibles versiones de la verdad. La verdad es un concepto moral, casi religioso, por lo que hay aproximaciones. Se tiene que manejar con información cierta, confirmada y acercarse lo más posible a los hechos tal como ocurrieron. El novelista o escritor no apunta a la verdad ni tiene ninguna obligación moral. Tiene que construir una historia que sea verosímil pero no tiene ningún compromiso con la verdad. Puede construir su propio universo, su propio mundo y mientras que sea verosímil, ya está justificado.”

Hoy, buy 100 instagram likes spread Convertini se desempeña como editor en caralluma fimbriata Clarín y en la revista mark wahlberg net worth VIVA. Mientras, “cuando le pican los dedos”, se pone a escribir. Luego de fracasar en una carrera universitaria y trabajar de “lo que encontrara”, el periodismo apareció en su vida: “fue como un “shock”, me di cuenta que era lo que me gustaba”.

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buy 5 000 facebook likes ¿Qué diferencias hay entre escribir para chicos y escribir para adultos?

Hay una frontera importante. Me resulta más sencillo escribir para adultos. Escribir literatura infantil implica tener en cuenta determinadas cuestiones que tienen que ver con la corrección política bien entendida, es decir, me parece que tenés que dejar un mensaje. No una moraleja, pero el texto debe presentar ciertos valores. La solidaridad, el afecto, compañerismo, respeto por el otro, igualdad… No de una manera panfletaria, desde el púlpito o con el dedo levantado, sino que esos valores queden esbozados en la trama. En la literatura para adultos no es necesario incluir esa persistencia de valores. Todo lo contrario. A mí me gusta escribir historias violentas, que son sórdidas, donde no hay buenos ni malos. No me interesa transmitir esos valores. Los amigos se traicionan, los hijos pueden matar a la madre o la madre a los hijos.
El niño ya va a tener tiempo de enfrentarse a otra literatura más densa. Están en un momento de formación de personalidad, donde si ciertos valores no se enraízan en ese periodo es muy difícil que echen raíces en el futuro pensamiento. Entonces de ninguna manera me parece bueno plantearle a un chico una historia en la que parece que ser malo está bien. Yo pienso en lo que me gustaba leer de chico: historias épicas, donde uno se arriesga por el otro, etc.

¿Crees que hoy es más difícil llegarles a los chicos con un libro?

Hace 6 o 7 años te hubiera dicho que sí pero hoy, no. Tengo un hijo adolescente, de 16 años. He visto cómo creció, los elementos tecnológicos que tiene a su alcance. No existían en mi época y me digo “¿cómo vas a competir con la PlayStation? Nunca, con la lectura, podés competir con la PlayStation.” Sin embargo, en mi experiencia con la literatura infantil, me tocó ir a muchísimos colegios que habían adoptado mis libros en sus planes de lectura. Me encantó ver el entusiasmo con que los chicos me recibían. Me hacía devoluciones y hasta críticas, me proponían hacer la segunda parte de tal novela ofreciendo ideas para esa segunda parte. Los he visto hacer obras de teatro con mis novelas, maquetas, dibujos. Si vos les das la oportunidad a los chicos de desprender su imaginación, lo pueden hacer sin la necesidad de tener un televisor 3D delante de las narices.

Si vos les das la oportunidad a los chicos de desprender su imaginación, lo pueden hacer sin la necesidad de tener un televisor 3D delante de las narices.

¿Qué cambió?

Cambié yo. Cambió mi experiencia, mi relación con los chicos. La escuela primaria de mi hijo fue más o menos en paralelo con mi desarrollo como autor. Veía que el plan de lectura de la escuela era prácticamente inexistente. Pensaba: “ya nadie lee, ni en los colegios se lee”. Me llevé una sorpresa cuando descubrí que, en escuelas públicas y privadas, había bibliotecarios y maestros que sí tenían planes de lectura y se preocupaban por los chicos, y además se preocupaban por que los autores fueran a hablar con los chicos y dejarles “la semillita” de la literatura. Los chicos leen, pero hay que incentivarlos.

¿Crees que cualquiera puede aprender a escribir?

No lo sé. Quedaría políticamente correcto decir que sí, que cualquiera puede aprender a escribir. Pero yo no puedo hacer un montón de cosas, soy un tipo con muchas incapacidades. Básicamente, un inútil en un montón de cosas. Otros tipos hacen maravillosamente bien lo que yo nunca voy a poder hacer. O no tan bien como ellos. Entonces no sé si todos pueden escribir literatura. Puede ser que puedan escribir una carta, o ser periodistas y escribir correctamente un artículo. Pero la literatura incluye recursos narrativos, una trama… y es un poco más complicado, y no todos lo pueden hacer. Entre los que lo pueden hacer hay graduaciones. Hay unos muy buenos y otros, no tanto. Además, es un terreno opinable. A veces pasa que te recomiendan algo y no te gusta, y el que te vuela la cabeza era el que “no estaba tan bueno”.

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¿Cómo ves al género negro en Argentina?

Lo veo muy dinámico. Hay mucha gente que escribe. Mucha gente que tiende a pujar los límites del género, a ampliarlos en la medida en que entienden que no pueden escribir o no quieren las novelas típicas que vienen del exterior. Las novelas con los detectives, o policías de homicidios o periodistas. O que además, son sagas. Hay otro tipo de literatura que es igualmente válida y que a mí me gusta mucho leer. Hay muchos escribiendo este género en Argentina, es muy dinámico. Me gusta mucho eso.

¿Cómo ves al público?

El público en general, creo que quiere lo otro: al detective. Quiere que el detective resuelva un caso en la primera novela, otro en la segunda… Creo que quiere eso pero me parece que uno tiene que escribir lo que quiere y lo que puede. Yo escribo primero lo que puedo, puedo escribir determinadas cosas. No puedo escribir, hoy, una novela de detectives, de enigma. Pero dentro de lo que sí puedo escribir, dentro de lo que me siento capacitado para hacer, escribo lo que quiero. Sí me siento capacitado para escribir novelas infantiles o juveniles pero más allá de esa capacitación no quiero, por lo menos por ahora, escribir dentro del género fantástico por ejemplo. No por desprecio al género, sino porque creo que tiene unas ciertas reglas que desconozco o no domino. No hay seguridad, pero tampoco descarto no hacerlo. Entre otras cosas, me gusta mucho el género de zombies. Me gustaban las películas y series de zombies. Primero como una excusa de entretenimiento con mis hijos, íbamos todos a ver las películas de zombies. Hasta que me di cuenta que las empecé a ver solo y me dije que si me gustaban tanto, no tiene nada de malo escribir eso. Así que ahora estoy escribiendo una novela negra con zombies

Escucharlo hablar nos da escalofríos, como muchos de sus cuentos y novelas.

Horacio Convertini nos demuestra que el campo literario es moldeable y no taxativo. En los géneros no existen límites, los pone cada escritor. Y todo se transforma cuando “se pasan” de los mismos. Hasta para participar de concursos literarios. Sólo hay que perder el miedo, siempre teniendo clara la gran responsabilidad del escritor: “establecer un pacto de lectura, de verosimilitud con su lector.”.

Deborah Kuperman

Adicta a los libros y exploradora de todo tipo de lecturas. Viajera frecuente. Escucha música todo el día, en su cabeza. Periodista profesional.