Viajes

Ilha Grande y Paraty: Paraíso terrenal y Brasil colonial

Por Lucia Castagno

La última vez que fui a Río de Janeiro sólo escuché los buenísimos comentarios de otros viajeros sobre discount autodesk factory design suite ultimate 2016 Ilha Grande: ¡Hermoso! ¡Espectacular! ¡Un paraíso! Y así me fui de 7, con tantas ganas de conocer esta isla que dos meses y medio después estaba volviendo.

La primera parada fue, nuevamente, en download Smith Micro Spring Cleaning 11 Deluxe Río de Janeiro, donde aproveché para encontrarme con una amiga que estaba allí de vacaciones e ir a algunos lugares que todavía no había visitado de la cidade maravilhosa. Luego de apreciar las vistas desde el mirante de http://southamptonfreelibrary.org/anadrol-50-mg anadrol 50 mg Leblon y la Pedra do Arpoador, tomar unas cervezas en Lapa y recorrer el Jardín Botánico y la Feria Hippie de Ipanema, estaba lista para partir hacia Ilha Grande.

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Para poder llegar a la isla es necesario ir a http://www.nursesnow.com.au/oem/discount-adobe-dreamweaver-cc.html discount Adobe Dreamweaver Cc Angra dos Reis primero y desde allí tomar una lancha rápida (40 reales) o una barca (15 reales) hacia http://narissadoumani.com/oem/purchase-microsoft-office-visio-standard-2010.html purchase microsoft office visio standard 2010 Ilha Grande. Así fue que un martes por la mañana fui a la Rodoviária de Río de Janeiro y compré un pasaje (de la empresa Costa Verde) hacia Angra dos Reis. Tres horas después estaba llegando a la pequeña Terminal de Omnibus de Angra. Desde allí tomé un colectivo urbano hasta la Estación Santa Luzia y desde allí caminé unos 200 mts hasta llegar al muelle de donde salía la barca a Ilha Grande (que parte diariamente a las 15.30 h).

Luego de una navegación de una hora y media sobre aguas calmas, la Vila do Abrão comenzó a divisarse. buying dnp Vila do Abrão es la zona más habitada de la isla, donde se encuentra la gran mayoría de hostels, posadas, bares y comercios. Bajé de la barca apreciando el bellísimo paisaje y esperando encontrar rápido el hostel que había reservado esa misma mañana. No podía ser tan difícil, ya que esta Vila se compone por algunas pocas calles de arena y tierra señalizadas con sus nombres.

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Pocos minutos después entraba a un pequeño hostel llamado http://narissadoumani.com/oem/best-price-sony-vegas-pro-9.html best price sony vegas pro 9 Hakuna Matata.  Ni bien pasé por la puerta, vi que otro viajero recién llegado estaba haciendo su check-in con la dueña del hostel. Nos presentamos enseguida y así conocí a Andrés, un argentino hijo de taiwaneses viajando con su mochila por el litoral de Río de Janeiro. A partir de ese momento nos convertiríamos en una http://www.nursesnow.com.au/oem/download-autodesk-inventor-2015.html download Autodesk Inventor 2015 dupla viajera. Cuando el sol ya se estaba escondiendo fuimos hasta la playa más cercana, donde se podían apreciar las bellas luces de un crucero anclado a lo lejos. Más tarde esa noche nos dirigimos hacia http://southamptonfreelibrary.org/best-legal-anabolic best legal anabolic Aquario, un hostel con un amplio bar al aire libre y una inmejorable vista al mar donde conocimos a Martin, un inglés que también se hospedaba en Hakuna Matata.

Al día siguiente desayunamos y decidimos aprovechar el día lo máximo posible para conocer las paradisíacas playas de http://www.nursesnow.com.au/oem/download-autodesk-alias-autostudio-2018.html download Autodesk Alias Autostudio 2018 Ilha Grande. Así tomamos un tour llamado http://narissadoumani.com/oem/cheap-autodesk-maya-lt-2015.html cheap autodesk maya lt 2015 “Media vuelta” que recorre las playas del norte de la isla en lancha (por 110 reales). A las 10.30h partimos entonces junto a otras nueve personas (de Francia, Portugal, Brasil y Argentina) rumbo a Lagoa Azul. La lancha estacionó cerca de unas grandes piedras y nos sumergimos en las aguas cristalinas para hacer john cena steroids snorkel. Era la primera vez que hacía snorkel en un lugar así, tan lindo y lleno de peces de colores y tamaños diferentes. Después de Lagoa Azul, nos llevaron hasta Lagoa Verde, donde pudimos observar más pececitos nadando sin miedo cerca de los curiosos visitantes.

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Luego del snorkel llegó la hora del almuerzo en Praia Japariz. Recargadas las energías continuamos hacia Saco do Céu, donde se encuentran la Praia do Amor y Praia Camiranga. Allí paramos una vez más para nadar en las aguas calmas y transparentes. La última parada fue en Praia da Feiticeira, otra linda playa con una cascada del mismo nombre en su interior. Ya casi convertidos en seres anfibios emprendimos la vuelta hacia Vila do Abrão cerca de las 16.30h.

Después de cenar con Andrés, Martin y un nuevo huésped australiano, nos encontramos con dos chicas chilenas y otras dos de Noruega que también compartían hostel con nosotros y decidimos ir todos juntos a la playa. Armamos campamento a orillas del mar sobre la arena húmeda de la Praia do Abrão. Pasamos un rato divertido hablando de temas aleatorios (un poco en español, un poco en inglés) hasta que decidimos volver a descansar a nuestro hogar compartido.

A la mañana siguiente despertamos con una idea clara: ir a la playa Lopes Mendes. Había escuchado que esa playa era hermosísima y que estaba en el top 10 de las mejores del mundo. Nuevamente a las 10.30 h, Andrés y yo llegamos al muelle para subirnos (por 30 reales ida y vuelta) a una gran barca que nos llevaría hasta allá. Después de una hora de navegación llegamos a la Praia do Pouso, desde donde hicimos una trilha de 15/20 minutos hasta llegar a un lugar muy parecido al paraíso.

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Enseguida nos quedamos impresionados con lo que estábamos viendo. Aguas calmas y turquesas y una enorme extensión de arena blanca y fina. Varios árboles ofrecían sombra para poder resguardarse del sol y disfrutar mejor de aquella maravillosa playa. Poco después nos encontramos con el chico australiano, que había hecho la trilha de hora y media por la montaña, y con las dos chilenas que habían llegado en otra barca. Pasamos la tarde disfrutando de la belleza de ese lugar, perdiendo la noción del tiempo, olvidándonos de cualquier cosa que estuviera mal en el mundo.

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A las 17 h tomamos la barca de regreso a Vila do Abrão. Con Andrés teníamos planeado irnos de Ilha Grande esa misma tarde, en la última lancha rápida hacia Angra dos Reis. Llegamos a la Vila a las 18 h y nos informaron que la última lancha salía a las 18.30 h hacia Conceição de Jacaerí, un pueblo cercano a Angra. Bajo una débil llovizna, corrimos hasta el hostel para buscar nuestras mochilas y volvimos al muelle justo a tiempo para partir. Así dejamos Ilha Grande, navegando a toda velocidad mientras el día se volvía noche y las luces de Vila do Abrão desaparecían a lo lejos.

Llegamos a Conceição de Jacareí y rápidamente tomamos un colectivo urbano que nos dejó frente a la Terminal de Omnibus de Angra dos Reis. Allí esperamos un colectivo interurbano que por 12.50 reales nos llevó hasta Paraty. El viaje de dos horas pasó muy rápido gracias a que dormí buena parte del camino y sólo desperté cuando el colectivo paró frente a la Terminal. Bajamos y preguntamos por la ubicación del Backpackers House Hostel, que resultó estar a escasos 50 mts. de allí. Para llegar a la recepción atravesamos un pequeño jardín con pileta y hamacas paraguayas. Dejamos nuestras mochilas y salimos a tomar una caipirinha en un bar del pintoresco centro histórico. Volvimos al hostel pasada la medianoche y allí encontramos a Martin (que había llegado más temprano ese día). Charlamos un rato y nos fuimos a dormir. Habría tiempo para conversar por la mañana.

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Desperté y bajé hasta la sala de estar para descubrir un desayuno como nunca antes había visto en un hostel. Una larga mesa estaba llena de platos y potes con todo lo que se puedan imaginar: diferentes tipos de panes, tortas, mermeladas, dulce de leche (con chocolate y con coco), jamón, queso con especias, guacamole, huevos revueltos, tomates secos, aceitunas, berenjenas, etc. Super completo y para todos los gustos. Una vez satisfecha, era hora de empezar mi recorrido por Paraty, ya que esa misma tarde partiría hacia San Pablo. Esta vez, Martin se sumaría a Andrés como fiel compañero de exploración.

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Era una mañana soleada y bastante calurosa. Con la luz del día, los colores de Paraty podían apreciarse con mayor claridad. Las calles de piedra y las antiguas construcciones de estilo portugués aparecían ahora en todo su esplendor. Vale decir que esta ciudad fue, durante el período colonial (1530-1815), sede del puerto exportador de oro más importante de Brasil. Atravesamos el centro histórico y la Praia do Pontal y caminamos hasta llegar al Forte Defensor Perpétuo. Desde allí apreciamos la bella vista del mar y volvimos sobre nuestros pasos para seguir camino hasta Praia do Jabaquara. Allí encontramos un bar argentino con cómodas hamacas paraguayas donde decidimos instalarnos. Bajo la sombra de los árboles se estaba muy bien y ahí nos quedamos por un par de horas, charlando y tomando algo para saciar la sed.

Cuando regresamos al centro histórico, me ocupé de entrar a cada tienda de recuerdos que había. Compré unos imanes para sumar a la colección y no pude resistirme al pasar por una heladería en esa tarde tan calurosa. Una hora antes de la salida de mi colectivo volvimos al hostel y nos sentamos en el patio para compartir una última cerveza. Cuando el reloj marcó las 17 hs estaba en mi asiento, cansada pero feliz por cómo había resultado todo. Feliz por haber conocido lugares hermosos bendecidos por la naturaleza, por haberme encontrado con grandes personas y por haber compartido con ellas momentos inolvidables.

Lucia Castagno

Comunicadora social, viajera