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Libros

Javier Castillo, un escritor al que nunca dejo de buscar

Por Luciano Zahradnicek

Desde hace un tiempo, he comenzado a creer que el mundo evoluciona por aquellos que andan contrarreloj. Cuando la mayoría vamos en dirección hacia la izquierda, otros valientes ni siquiera toman la opción por defecto de la derecha. Ellos caminan en su propia dirección

Son osados, decididos, ambiciosos, inspirados e inspiradores, soñadores natos… y por sobre todas las cosas, unos verdaderos apasionados de la vida

Tras el éxito de su ópera prima y los dos libros sucesores que lo convirtieron en el nuevo referente contemporáneo de la literatura de suspenso, Javier Castillo volvió a las librerías con “La Chica de Nieve”; y en cada una de las palabras encontré a este simple muchacho, que saltó una vez más fuera de su círculo de confort para aventurarse a hacer algo grande. Y, tras haber atravesado el material completo, creo que ni él mismo se ha dado cuenta de cuán gigante es lo que ha hecho. 

“La mayor virtud de alguien tenaz es convertir sus últimos intentos en penúltimos” (página 184). 

La tecnología del siglo XXI vino para apoderarse con alta velocidad de cada espacio de nuestra existencia mundana. Las plataformas de streaming nos hipnotizan con una abultada carta de opciones, para lobotomizar nuestro cerebro hasta perder la cordura por el mercado audiovisual. Es que las producciones son cada vez más buenas. Pero si uno se toma el trabajo de preguntar en un grupo de WhatsApp de al menos cinco personas, cuántos libros lee cada uno por trimestre (ni siquiera por mes, ni que pensar por semanas) las cuentas arrojarían resultados numéricos antecedidos por un signo menos. Leemos muy poco, cada vez más, y las excusas que nos justifican sobran: no hay tiempo, el día a día nos lleva puesto, estoy enganchado con una serie, no hay nada interesante y tantas más como no tengas ganas de leer. 

Y en medio de este escenario Javier Castillo se posiciona primero en el ranking de ventas del mercado literario español, tiempo antes de que se publique su cuarta novela. ¿Es acaso un milagro? No, se llama talento

La cabalgata de Acción de Gracias de 1998 le cambiaría la vida para siempre a los Templeton. Su hija Kiera, de tan solo tres años, desaparece en el medio de la multitud. Una búsqueda intensa comienza por la ciudad de Nueva York y encuentran la ropa que vestía la pequeña junto sus mechones de pelo. Se la ha tragado la tierra.

Miren Tiggs, una estudiante de periodismo se involucra desde el momento cero con la desaparición de Kiera Templeton. Un caso que la acompañaría a lo largo de su carrera profesional y que la llevaría a escarbar en lugares ocultos de su pasado que creía olvidado. 

Cinco años después, el día en el que la niña hubiese celebrado su octavo cumpleaños, Aaron y Grace Templeton reciben una cinta de VHS con un video de un minuto, en el que aparece Kira de ocho años, jugando en una habitación desconocida. 

Una vez más, Castillo nos genera la frenética necesidad de dar vuelta la última página para saber dónde está Kiera Templeton. 

El libro se divide en sesenta y un capítulos muy bien organizados. De lectura amena, la historia te atrapa por completo desde el inicio. Tan solo atravesar las primeras páginas el lector ya queda poseído por la historia de Kiera y de Miren. 

Los diálogos son inmejorables porque tienen tal sentido de la realidad, que le permiten a uno poder volar con la imaginación y sentir que en tu cabeza todo este escenario es real, las voces de los personajes, las atmósferas de los momentos y hasta los aromas de los lugares que visitan. 

Con la Ciudad de Nueva York como marco, Castillo nos desafía a jugar con luces y sombras, en torno a una desaparición y la ambición ética y personal de una joven periodista que busca incansablemente para que este mundo que tanto le ha hecho sufrir, sea un poco menos peor. 

He leído los tres libros anteriores y los he reseñado. Y si bien siento profunda admiración y fanatismo por el autor, se me complica innovar con comentarios que no resulten meras cursilerías para llenar caracteres. Entonces pienso qué le gustaría saber a alguien sobre Javier Castillo y su mundo literario de incertidumbres. 

Como lector, tengo el hábito de guardar en las notas del celular las frases que más me gustan de cada libro que leo. Siento que por alguna razón, han sido especiales para mí. Pero con los de Javier Castillo me pasó algo diferente e inusual. 

Descubrí “El día que se perdió la cordura” por casualidad, un buen día que deambulaba por la librería del centro comercial. Me encantó y anoté algunas lindas palabras. Pero sentí que la historia era lo suficientemente contundente como para querer leer la segunda parte que acababa de publicarse. Subestimé como un tonto. Una tarde regresé a la librería y vi en el estante de recomendados la portada de “El día que se perdió el amor”. Me acerqué, lo tomé y leí la sinopsis en la contratapa. Pero no conforme, lo dí vuelta y corrí la portada. La primera frase, sola en la página uno, esa con la que Castillo nos tiene acostumbrados a darnos la bienvenida, me sacudió por completo. Una oración, en un momento casual, vino a responderme un montón de interrogantes que pesaban dentro mío. Lógicamente me lo llevé. 

Al año, moví cielo y tierra para conseguir “Todo lo que sucedió con Miranda Huff” y cuando por fin lo tuve, otra vez más pasó. Aquellas que alguna vez fueron respuestas, con el tiempo se convirtieron en preguntas. Y ahí estaba una vez más, la página uno de un libro de Javier Castillo para responderlas. 

Desde ahí que recomiendo cada material con entusiasmo. No solo por su talento literario y por las historias que muestran un verdadero compromiso con el contextos social global actual. Sino, porque en cada relato tiene el don de escribir y dejarlo todo en el papel. Y eso el lector lo recibe y lo valora. Tengo miles de frases anotadas que las repaso cada tanto. Pero esas dos de aquellas veces, no se me borran. 

Tengo amigos que me hicieron caso y comenzaron a leerlo. Y post lectura viene el debate: “Contame qué te pareció”. Cada vez que eso sucede, son más especiales las devoluciones porque atraviesan nuestras propias experiencias. Hace muy poquito, precisamente en febrero, le regalé mi ejemplar de “El día que se perdió la Cordura” a una querida amiga. Pese a que se lo había ofrecido como préstamo infinidad de veces, por “h” o por “b” nunca concretamos. Pero esta vez quise dárselo en modo de apoyo por cosas de su presente y pasado que la tenían a mal traer. Etapas. Y una vez más, la frase de la página uno, apareció para traer respuestas. ¡Que loco! ¿No? Casualidades. O no, quién sabe. 

“Lo peor del miedo no es que te bloquee, sino que cumpla lo que promete” (página 36).

Enviciado por el gusto desenfrenado que tengo por las frases de Castillo, esperé ansioso “La chica de nieve” que cruzó el océano en un momento de turbulencia mundial. Su página uno no me ha respondido nada, por el momento. 

Pero misteriosamente, y habiendo estudiado la carrera de periodismo, cerré este nuevo ejemplar con una idea que quedó flotando en mi cabeza: “Nunca dejes de buscar”

Sin remate, solo me queda decir que lo mejor que podés hacer en estos días extraños, es quedarte en casa y sumergirte en el mundo contrarreloj de Javier Castillo, para buscar a “La chica de nieve”

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.