Música

Joe Cocker en Argentina: Cómo despertar del sueño

Por Maria Victoria Altamirano

Expresar con palabras los sentimientos es tarea harto difícil. Y si esos sentimientos abarcan  todos tus sentidos (y hasta  el sexto: la intuición de que  iba a ver y escuchar una de las mejores voces de la música de todas las épocas, la leyenda viviente de Woodstock y que iba a ser un show contundente), la misión es casi titánica. Eso fue Joe Cocker en Córdoba, Argentina, en una de sus presentaciones de gira por latinoamérica.

90 minutos le bastaron a Joe Cocker para demostrar que el talento verdadero resiste los años, que las puestas en escena excesivamente visuales no son necesarias en ciertos casos , que lo que «Natura non da Salamanca non presta»Un escueto «Buenas noches», un aplauso cerrado…y la música.

Telón negro de fondo, pantalón, camisa y saco oscuro..con zapatillas rojas..Y a delirar. Apenas 15 minutos después de lo anunciado, entró la banda y empezó la noche soñada. En el  arranque clásicos: «Feeling alright», «Hitchcock railway», «The letter» (no recuerdo ya el orden).

Verlo en vivo sólidamente parado en el escenario haciendo esos particulares movimientos con las manos fue un flash. Una voz intacta al paso de los años (¿Podría acaso tener la voz aún más ronca, más negra, más intensa?) Una banda excepcional con dos voces femeninas que lo secundaron a la altura de las circunstancias Nikki Tillman (quien hizo la parte de Jennifer Warnes en «Up where we belong») y Andricka Hall, y hasta un argentino en saxo, Norberto Fimpel que tuvo sus minutos de gloria merecida con unos solos logradísimos.

Video de Neldreams

No faltó nada: «You’re so beautiful», «You can leave your heat on», «When the night comes» pero…y aquí hago el alto sumamente subjetivo (aunque toda esta nota es subjetiva porque como aclaré desde el comienzo nace del sentimiento), digo, hago un alto porque escuchar por primera y tal vez única vez en mi vida en vivo la mejor versión del mundo del tema de The Beatles «With a little help from my friends», ese himno que catapultó a la fama a Cocker  en Woodstock ’69 fue mágico, fue pensar «a esto lo estoy soñando».

Algunos covers más : «Come together» (Beatles again) y una interpretación magnífica y muy personal de «Long as I can see the light» de Creedence Clearwater Revival fueron la apoteosis.

No faltó nada. «Cry me  a river» y apenas un par de temas de su último disco «Hard knocks» (la balada que te pone la piel de gallina es «Unforgiven», una de ellas). Un par de despedidas rápidas e igual de rápidas las vueltas al escenario y un mensaje «Keep on rocking I’ll be back».

Ni comentarios oportunistas, ni banderas, ni complicidades innecesarias (que confieso a mi también me gustan a veces) con el público. 67 años de pura vibra, de llevar la música en las venas, de dejar en el escenario su arte que yo creo es sinónimo de su alma. Eso es Joe Cocker. El no necesita nada más. Tiene todo: voz, repertorio, prestancia y la absoluta convicción en lo que entrega.

Apostilla: Creo que en el Orfeo todos dejamos de respirar cuando sabíamos que en «With a little help…» se venía el grito desgarrador..¿Lo haría esta vez tan lejos de aquel 1969? ¡¡¡SI!!! y más vivo que nunca..profundo, visceral. La ovación fue cerrada, emocionada, intensa.

Pocas veces asistí a recitales donde en algunos momentos el silencio del público desde la devoción y el respeto fuera el instrumento extra del cantante y su banda. Aplausos al final del último acorde de cada canción. Uno no quería perderse nada. Pies que se movían en la butaca y momentos en los que era inevitable saltar como un resorte para aplaudir de pie. Escribo llena de emoción, agradecida a la vida de haber presenciado un show como el de anoche. En mi memoria quedará por siempre el 24 de marzo de 2012. 

Joe Cocker te tomo al pie de la letra tu promesa «I’ll be back». Y te digo viejo bebedor de buen whiskey, si querés podés dejarte el sombrero puesto. ¡Aquí te estaré esperando!

Maria Victoria Altamirano

Periodista amante del rock y la literatura. Autentica y frontal. Podría pasar el día bailando al ritmo de Elvis o escuchando en paz a El Cigala. En N&W demuestra que las mujeres saben de arte y tienen mucho que decir al escribir.