Música Recitales

Juana Molina hizo temblar Club Paraguay

Por Tefi Cabanne

La noche estaba helada pero el frío no parecía amenazar la convocatoria del evento. Unos 30 metros de cola me separaban de la entrada y la gente no paraba de llegar. Parejas, grupos de amigos, amigas, solitarios; había de todo. Por suerte el ingreso fue rápido y ordenado. Adentro todavía se podía caminar, con cierta dificultad, pero Club Paraguay aún no estaba repleto. Me apuro por encontrar alguna ubicación que me permitiera apreciar el show desde mi baja estatura. Mientras sonaba algún dream pop, cuatro reflectores azules alumbraban al público. Sobre el escenario había dos sintetizadores, dos guitarras, un bajo y una batería. Una hora más tarde, 500 personas coparon la capacidad, el lugar estaba colmado.

 A las 22.20, se abrió la puerta del camarín y la luz que reflejó en el escenario hizo exaltar al público. Aplausos, silbidos y gritos de ansiedad; Juana se hacía esperar. Subió un chico a probar el sonido de los instrumentos y los micrófonos. 15 minutos más tarde se apagaron las luces, la música y la ovación fue instantánea. Allí apareció ella, luciendo un vestido negro corto con huesos blancos bordados en las puntas. A la derecha del escenario, sentado en la batería, estaba Diego López de Arcaute y en el otro extremo, Odín Schwartz. Arrancó con Cosoco, el quinto tema de Halo, su último disco. “Muchas gracias, hola”, dijo con una sonrisa al finalizar.

El público no paraba de moverse de un lado al otro y los pocos que estaban inmóviles capturaban el show con su celular. Juana se sacó la guitarra y comenzó a bailar al ritmo de Cara de espejo. Siguió con Paraguaya, el primer corte de Halo. Luego llegó Eras, de su anterior disco Wed 21, que hizo explotar a la gente. Las luces del escenario bailaban a la par y el sonido era excelente. Poco más de 20 minutos de espectáculo y no había nada que criticar.

Juana agarró la lista de canciones y la acercó a la luz para poder leer. “¿Qué viene?”, gritó uno.“Un día”, respondió ella. La gente comenzó a saltar desaforada y no era para menos, se venía un hit. El primer tema de su álbum homónimo hacía agitar hasta al más tímido. Continuó con otras dos canciones de su último disco: Sin Dones y Lentísimo. “Diosa”, la piropeó otro. “La diosa del horror”, le contestó. Luego de casi una hora y media de show, la cantante presentó la banda e incluso hizo que el público coreara el nombre de Diego y Odín. Tocaron un tema más y se bajaron del escenario. No había pasado ni un minuto que al grito de “otra, otra, otra”, la banda volvió a su lugar para interpretar Sin Guía, No. Ahora sí el espectáculo había terminado y el aplauso era incesante. Juana Molina se despidió con un “Chau, gracias” luego de una hora y 35 minutos de show.

Se encendieron las luces y la gente empezó a salir a paso lento. Con un setlist de 17 canciones había dejado boquiabierto a más de uno. Sus característicos scats, loops y sintetizadores hicieron vibrar a todo Club Paraguay. El 27 de mayo, en una noche fría, fui testigo de un recital creativo y artísticamente impecable.

Tefi Cabanne

Licenciada en comunicación social, diplomada en marketing digital y diseñadora por oficio. Ama la música, le apasionan los deportes y es fanática de los viajes.