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La dura tarea de enfrentarse a la I Guerra Mundial, entrevista a Juan Eslava Galán

Por Jesús Díaz

Como cualquier época histórica que trate, Juan Eslava Galán saca pluma y vuelve a sorprender con su magistral visión de la Primera Guerra Mundial. Muchos han escrito sobre esta contienda, una de las más sangrientas de la historia, pero pocos han derrochado ironía, humor y escepticismo como el escritor andaluz. Y es que ‘I Guerra Mundial contada para escépticos’ es un baúl de recuerdos donde nos encontramos hechos bastantes sorprendentes sobre la IGM. ¡Empezamos!

Una de las curiosidades de esta contienda es la lucha lingüística entre países. Pues bien, cuando, por ejemplo, en Estados Unidos los Frankfurt eran una delicia, pasó a llamarse hot-dogs, pues ¡ni hablar de alemanes en América! Esto pasó también en Reino Unido: “la familia real inglesa pasó de Battenberg (el apellido alemán original, «monte de Batten») a Mountbaten, lo mismo pero en francés (hoy son los Windsor, por su castillo más representativo)”, dice Galán. Pero aquí no acaba la cosa.

La Primera Guerra Mundial, como bien queda reflejado en esta reciente obra, fue un campo de entrenamiento para las mentes más creativas de la época donde se desarrollaron lanzallamas, zeppelins, gases, hélices, monoplanos… “En cuatro años se incorporaron la aviación y los gases asfixiantes. Solo faltaron los cohetes”, confiesa el escritor. “La guerra parecía casi napoleónica, pero el uso de la ametralladora y la alambrada la convirtieron en una guerra del siglo XX”. Sin duda, el arma que más bajas causó fueron los gases, curiosamente arma que no se empleó en la II Guerra Mundial.

¿Por qué no se utilizaron? ¿Tuvo algo que ver que Hitler pasara tiempo convaleciente por haber sido agredido con gases? “La experiencia con estos gases fue tan mortífera para los contendientes que sin ponerse de acuerdo prefirieron no usarlos en la segunda guerra… a pesar de que todos ellos mantenían grandes reservas de ellos por si el enemigo los empleaba», confiesa Galán. Y si bien aquí conocemos  la sofisticación  del armamento y de las tácticas militares, ahora pasamos a la legalización de la prostitución, un hecho bastante normal por la época que ahora causa estupor.

Sin duda para ahondar en este delicado tema habría que ponerse en situación. Muchos jóvenes de todos los bandos habían sido llamados para defender su pueblo, lo que hizo, por un lado, que se involucraran muchos jóvenes que nunca habían usado un arma, jóvenes miedosos con hombres que llevaban en el frente meses e incluso años. ¡Había que consolarlos! Y es así como diferentes gobiernos aceptaron de buena gana que los jóvenes se olvidaran de sus penas acudiendo a prostíbulos. “En realidad todos los ejércitos toleraron la prostitución en la zona inmediata del frente. Había que darle alicientes a unas tropas compuestas por jóvenes que estaban viviendo la experiencia más espantosa en las trincheras”.

Una de las preguntas que más se ha hecho durante la historia es la causa real que hizo que Estados Unidos entrase en guerra ya a finales de esta. ¿Por qué entró en guerra?

El presidente de los EE.UU por entonces, Woodrow Wilson, llegó al poder al son de “No os llevaré a la guerra”, eslogan que sin duda calmó los ánimos de los americanos respecto a la barbarie europea. “El presidente necesitaba apoyo del pueblo americano para entrar en la guerra, y no lo tenía”.

Pero entró. Tenemos que remontarnos a la tragedia del Lusitania, 1915, con casi 1.200 personas a bordo. Existía por entonces el miedo de ser atacado por la marina alemana pero este hecho no frenó las intenciones del Lusitania. Y pasó. El 7 de mayo de 1915, el barco fue hundido con la excusa de que acarreaba cargamento militar. Sobrevivieron 761 personas de las 1.200. “Hoy sabemos que el Lusitania llevaba carga militar, cosa que los ingleses negaron rotundamente en su día”. A este ataque habría que sumarle como colofón “el torpe telegrama que envío Alemania a México para que este último atacara el frente sur de EE.UU”. El telegrama llegó a manos americanas. Y fin. La suma de la tragedia del Lusitania, que ya había irritado los ánimos del pueblo americano, junto con las intenciones alemanas de atacar vía México EE.UU empujo al miedoso pueblo americano a entrar en guerra. Con la entrada del coloso, todo se calmó.

“Alemania perdió la guerra por agotamiento de sus tropas, de sus reservas y de su pueblo, en parte debido al bloqueo naval inglés y en parte al hecho de que los enemigos se reforzaban cada día que pasaban con nuevas tropas y vituallas. Cuando Ludendorff comprendió que la guerra estaba perdida, tiró la toalla”.


Jesús Díaz

Español, periodista y doctorando en Publicidad y RRPP. Defensor a ultranza de la cultura mainstream. Amante de las series, los libros y el cine. "Con un buen enfoque, de cualquier cosa se puede escribir".