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La reflexión periodística sobrevive con @mauriciollaver

Por Maxi Tell

Seleccionar columnas que han sido publicadas en diferentes tiempos y momentos es un does buy facebook likes work riesgo. El contenido puede quedar descolocado y hasta las versiones del propio autor se pueden ver arrinconadas ante la natural bodybuilders coherencia. A su vez hay una cuestión de temporalidad parcial y hasta un sentido transversal de la actualidad por la que desconfiar. Justamente por esto es que lo primero que pensé es que un periodista como hugh jackman wife Mauricio Llaver no se animaría a hacerlo.

Cuando me refiero a la especie o tipo de periodista como Mauricio, invoco a aquellos formadores del what is buy instagram followers oficio que tomaron el amor por la escritura leyendo todo el tiempo, todo. Son esos comunicadores que manejan absolutamente todas las reglas ortográficas, gramaticales y los tiempos verbales a la perfección, sin importar si van en la página dos del diario o en la lista del supermercado. Son aquellas bestias de redacciones en penumbras que con el humo de un cigarro de moda, escandalizaban las noches al golpear férreamente una maquina de escribir.

Hay muchos que aún se arrastran agonizando o peleando contra una jubilación que la tecnologías le han decretado. Pero hay otros, hay varios, y Llaver es uno de “los otros”. Son esos otros que no se dejaron vencer por la velocidad o las pantallas. Pasaron de la maquina de escribir a la PC y hoy se animan con éxito a Twitter. Han modificado sus lógicas y corregido su oficio hacia lo que pueden aportar a este tiempo. Esa revolución interna del oficio periodístico que corre por las venas de Mauricio básicamente da sentido a su libro Las Columnas de El Sentinel.

Porque el riesgo que marcaba al principio queda atrás cuando lee las columnas de un periodista que entendió su lugar antes de que cualquier plataforma o disposición tecnológica lo quiera guiar. Reflexiones periodísticas que nos recuerdan a porque leíamos las contratapas de algunos diarios impresos hace años o bien qué era eso tan especial que nos hacia buscar la columna de un periodista específico cada semana. Algo tan simple y exquisito como la reflexión de un hombre preparado, que ha viajado y supo vivir para contar mejor algunas cosas. Sin ponerse sobre nadie, siempre dejando margen para que el lector sea quien complete la idea y se anime a seguir pensando o buscando información. Periodismo como disparador.

En un poco mas de 140 columnas de rápida lectura y con un tono espontáneo, Llaver nos invita a recorrer algunos de los hechos más importantes de la humanidad de estos años, hallazgos personales que lo marcaron y perlas que atesoraremos todos los amantes del café amistoso con buenas anécdotas.

En lo formal el libro se divide en Las cosas que me hacen vibrar, donde uno puede imaginar e ir pintando en su mente, la silueta del pensamiento Llaver. Su mundo y sus pasiones, la música, el fútbol y los libros. En los capítulos “Espionaje” y “Personajes“, el siglo XX que lo tuvo de contemporáneo se expresa libremente y como apostillas de una crónica, nos regala observaciones ineludibles. Los siguientes “Mentes estimulantes” y “Viajes” tienen esa raíz histórica que acompaña al autor desde siempre.

Llaver encuentra en todo momento una oportunidad para aportar un dato histórico o entrelazar imaginariamente una dimensión viajera a toda charla. La formalidad, por la cual también siempre se le reconoce, encuentra cabida en los capítulos “Este país” y “Aquellos países“, donde arriesga visiones de Latinoamérica y cumple con eso que todo argentino ha vivido al cruzar fronteras: intentar explicar a la Argentina. Finalmente, “El espectáculo del mundo y de la vida“, trae quizás ese lado B que debía quedar plasmado. Donde el autor toma cuestiones particulares y hasta quizás difíciles de encasillar pero que valen la pena ser contadas.

Llaver asume el riesgo y simplemente volviendo al origen de su pasión periodística nos regala una esperanza: la reflexión periodística no ha muerto. Quizás los Medios sigan yendo a los lugares obvios de la vulgaridad que vende o se fuguen corriendo detrás de la inmediatez competitiva, a mi me encontrarán en un café cualquiera disfrutando al sol de un libro como este. Pensando, compartiendo, esperando viajar en la próxima reflexión o anécdota que un verdadero periodista tenga para contar.

Maxi Tell

Sagaz, lector, divertido y emprendedor. El cerebro de Negro&White y el mentor de muchos temas que marcan nuestra agenda. Un momento para leer algo diferente.