Sociedad

La story que nadie pidió: Matrix 4 y un cigarrillo en el Amazonas

Por Florencia Margaría

Nadie puede negar que estamos en una época del cine en la que nos están dando con todos los gustos. Por nombrar algunos, por ejemplo, el cierre de la trilogía de Night Shyamalan y, ahora, parece que vamos a ver el final (¿o el comienzo? ¿o las explicaciones?) que tanto esperábamos después de Matrix Revoluciones. Sin embargo hablar de Matrix hoy no es lo mismo que en 2003. La razón es muy obvia, lo sé. Estamos en medio de una metamorfosis hacia lo digital tan vertiginosa y acelerada que parece que viviéramos todo el tiempo con la estabilidad mental y la adrenalina de un niño de cinco años en una montaña rusa. Y la verdad, no es para menos. Pensemos que, en 20 años, hemos sido capaces de incorporar, apropiar y descartar herramientas tecnológicas casi de forma diaria. Increíble, ¿no?

En relación a nuestra estabilidad mental (sií, esa que vive con picos de adrenalina como en una montaña rusa), Alessandro Baricco en The Game nos invita a pensar que la “revolución digital” es el resultado de una “revolución mental” que comenzó a gestarse en la sociedad y que, como resultado, fue creando todas estas herramientas con las que convivimos y nos gustan (y mucho).

Siguiendo este hilo conceptual, la pregunta que nos sigue hacer es esta: ¿Es el resultado de la “revolución tecnológica” una metamorfosis antropológica sin control? O mejor dicho: ¿Qué idea de humanidad hay detrás de los distintos Zuckerbergs o Jobs? ¿O simplemente son ideas de negocios que producen, involuntariamente y un poco al azar, una nueva configuración de esa humanidad?

Permitanmé intentar responder estas preguntas con un extracto del discurso del Arquitecto en Matrix Revoluciones cuando expone su solución al problema de la perfectibilidad del sistema: “el 99% de los individuos acepta el programa cuando se le da la capacidad de elegir, aunque sólo sea una elección a nivel inconsciente”. Está claro y ya todos sabemos que al sistema al que las hermanas Wachowski se refieren es, ni más ni menos, el capitalismo.

Voy a poner un ejemplo que es caprichoso: hace 20 días se quema el Amazonas. A todos en algún momento de nuestra primaria se nos dijo que “es el pulmón del planeta” ¿o me equivoco? Bueno, si nos machacaron el cerebro con esto, ¿porqué nos enteramos recién hace unos días que estaba pasando? Podría volver a pegar la respuesta del Arquitecto de Matrix acá y también respondería. Pero no, sería muy vago. Mejor que responda Bolsonaro: “Brasil es nuestro, la Amazonia es nuestra”. Terrible, ¿no?

Bueno, agreguemos un poco de contexto. Resulta que OpenDemocracy divulgó unos documentos donde se puede ver que, en realidad, el Amazonas se está consumiendo como un cigarrillo para poder darle curso a un plan que se llama “Calha Norte” (Canal Norte) y que es un plan estratégico de militarización de la región amazónica para evitar que se lleve a cabo otro proyecto multilateral de protección de la selva: el denominado corredor ecológico Triple A: Andes, Amazonas, Atlántico.

Estas quemadas intencionales tienen por objeto la “preparación” del Amazonas para la implementación de estas obras: un puente sobre el río Amazonas en la ciudad de Óbidos, una hidroeléctrica en Oriximiná y la extensión de la carretera BR-163 hasta la frontera con Surinam. La columna vertebral de “Calha Norte”.

Ahora, ¿qué hicimos cuando nos enteramos? De mínima, compartimos una story en Instagram (o 2, o 3, o las que sean). Seguro también le dimos like a más de una foto de Greenpeace que puso la foto de un leopardo siendo rescatado. ¿Voy bien hasta ahí? Ok, sigo. Capaz hasta lo charlamos con amigos, familia o en el trabajo. Si vamos un poco más, hasta decidimos no ir más de vacaciones a Brasil en señal de protesta.. (aunque en realidad, tampoco íbamos a poder ir por la inflación, el dólar y la crisis).

Pero después… Sí. ¿Qué pasa después? Volvemos a hacer zapping en Netflix mientras esperamos comida que pedimos por Rappi y vemos si alguien nos contesta esa story que subimos. Porque en realidad NO CAMBIA NADA.

Acá puedo dejar que vuelva a hablar el Arquitecto de Matrix: “La anomalía es sistémica. Crea fluctuaciones aún en las ecuaciones más simples”. ¿Qué significa esto? El capitalismo creó a la revolución como estrategia intrínseca para mantenerse firme. Y, en ese camino, creó herramientas para que lo hagas desde tu casa, comiendo helado, viendo una película. “¡Qué viva la revolución!”.

Florencia Margaría

Politóloga de profesión, Comunicadora de corazón. Winelover y del análisis de las miradas.