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Sports

Lance Armstrong, crónica de un final anunciado

Por Fabrizio Gotelli

En una entrevista que tuvo dos partes, y que Lance dio en exclusiva a la celebridad Oprah Winfrey en su canal OWN, (muchos conocieron la existencia del canal por la entrevista), Armstrong admitió su dopaje durante gran parte de su carrera, incluídos sus siete Tours de Francia recientemente quitados por la UCI.

«Me dopaba por el afán de ganar a cualquier precio.»

Con una serie de preguntas que tenían como posible respuesta «Sí o No», el americano afirmó que en las siguientes preguntas. ¿Alguna vez tomaste sustancias dopantes prohibidas? ¿Alguna vez consumiste EPO? ¿Te hiciste transfusiones de sangre? ¿Utilizaste testosterona, cortisona y hormona de crecimiento? ¿Usaste sustancias prohibidas en todas tus victorias en el Tour?

«Es imposible ganar siete Tours de Francia si no me hubiese dopado.»

La entrevista deja una sensación de poco mas allá de las disculpas del caso. No especificó como se dopó, ni tampoco quienes fueron los que le proporcionaron las sustancias dopantes. Tampoco agregó mucho sobre sus ex compañeros de equipo, tan sólo dedicó un poco más de tiempo a George Hincapié , ninguneo a Floyd Landis y Tyler Hamilton, los primeros ex compañeros en salir a los medios a incriminarlo. Dijo de su médico Michelle Ferrari que era una persona inteligente aunque no dijo que depositó 1 millón de dolares en su cuenta. Lo único destacable fue el pedido de perdón sobre los fans y sobre Betsy Andreu (esposa de un ex compañero), y su masajista Emma O’reilly. Ambas tildadas de prostitutas y perseguidas por Armstrong.

«Sí, fui abusivo. Intenté controlar la narrativa. Si no me gustaba lo que alguien decía, intentaba controlarlo. He sido así toda mi vida.»

Tan solo el tejano mostró como era en el pasado un cínico, manipulador y controlador de todo a su alrededor, que siempre se sintió ganador y que nunca lo iban a atrapar, a la vez nunca pensó que hizo trampa ya que era todo culpa de la «cultura del dopaje» por lo que nunca sacó ventaja de sus rivales. Se mostró como lo que es, aunque lamentablemente eso ya lo sabíamos con sus actitudes rudas, desafiantes y altaneras.

«No sentía que estaba haciendo trampas. En ese momento no. Busque en el diccionario la definicion de trampa, que era tomar ventaja sobre un enemigo. No lo sentía. Todos jugábamos igual.

«No tenía miedo a que me descubrieran. No venían a tu casa, sino a las carreras. Ahora el sistema ha cambiado. Hacen los controles fuera de competición. No hubo tanto de eso. Las cosas han cambiado.»

Para terminar la entrevista (segunda etapa), Lance siguió con detalles que a mi entender a nadie le interesaban. Cuenta que le dolió irse (lo fueron) de Livestrong (su fundación contra el cáncer , y como le contó a su hijo mayor sobre el caso (algo de su vida personal y la de su hijo que no es relevante).

Sobre su futuro agregó que podría competir en el Maratón de New York con 50 años o en otras competiciones como el triatlón (nadie quiere competir con el tramposo) aunque no cree que le levanten la sanción de por vida. Por ultimo, dijo que perdió en dos días 75 millones de dolares (nada mas obsceno que hablar de dinero en un mundo que se derrumba).

Armstrong con Oprah.

Las repercusiones fueron totalmente abrumadoras en su contra en todos los medios del mundo, que le soltaron la mano. También paso lo mismo con el resto del mundo deportista. Se dice que tendrá que devolver 30 millones de dolares al correo postal de EEUU (su primer main sponsor), además de que se le abrirá de nuevo una causa en la Justicia de Estados Unidos. Por lo pronto, no va a testificar en ningún organismo de dopaje oficial.

«Ya sé que la gente no me va a creer, pero me gustaría pedir disculpas a tanta gente a la que hice daño.»

El daño hecho para el deporte en general y en especial al ciclismo, es irreparable, tanto así que al borrar los siete tours, se perdió el 7% de

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los ganadores de la carrera francesa de un plumazo. Tanto fue el daño que el Comité Olímpico Internacional quiere dejar afuera al ciclismo de ruta para los próximos juegos olímpicos.

El final de Armstrong no llegó en 2012 con la decisión razonada de la USADA, ni tampoco en 2011 cuando se retiró por segunda vez del ciclismo, ni cuando volvió en 2009 y salió tercero en el Tour de France, tampoco en 2005 cuando se despedía con siete Tours de Francia. El final se encuentra antes de todo eso y fue cuando cruzó la línea del dopaje. Desde ese momento (data de 1995) la carrera del tejano fue una simple y vil mentira.

Yo opino

*Por @georgeblanco

Lance Armstrong compareció ante los jueces menos pensados. Durante años le dijo que no a tribunal que se le pusiera enfrente, incluso se cargó a un diario (el francés L’Equipe, impulsor mediático de la debacle), e incluso se atrevió a desafiar a organismos nacionales e internacionales. Trato de mentirosos a sus ex compañeros, e intento ridiculizar tanto a la USADA como a la UCI, organismos antidopajes norteamericanos y mundial, al punto que casi lo logra, despertando contradicciones en la investigación y las formas en que el dopaje convivió durante años con el ciclismo. Lance casi lo logra. Lance parecía que, como tantos ídolos inmortales, podía llevarse por delante a quien quisiera. Una lección, a partir de una encrucijada, fue el rompimiento del mito, en una maniobra tan pensada como su vida, que muchos llaman el intento de redención.

Armstrong no pudo más y se quebró, con su orgullo y cinismo a cuestas. Confesó con Oprah custodiando cada uno de sus movimientos, como si se tratara de una carrera contra el tiempo. Una contrarreloj, posiblemente la última de su trágica carrera, como él mismo la definió. Una carrera que comenzó hace una semana, la de Armstrong viniendo desde atrás, pidiendo un manto de piedad y reconociendo (para algunos a medias), su culpabilidad. El arrepentimiento en palabras de Armstrong, parece un título difícil de lograr, algo que los medios reclaman desde el primer día. Sin embargo, en la segunda parte de la entrevista para OWN, Lance quiebra, a su manera, y termina por admitir las miserias.

Me tocó estar en Estados Unidos los días previos y posteriores a la confesión. La conmoción, que excede al ciclismo para extenderse a todo el deporte, tiene sin embargo los colores de la bandera americana. Críticos y fans, opinión pública en general, no soportan ver como el ex ídolo cae estrepitosamente, y con él una leyenda que por años infló el pecho del país. Lance Armstrong pide a gritos que se lo baje del pedestal. Ya no es un ídolo, mucho menos un héroe. Se transformó en un ser humano con grandes virtudes físicas y deportivas, pero que manchó para siempre su carrera con errores que para muchos son imperdonables, en un ámbito tan emparentado con el sacrificio y el sudor como el ciclismo.

Pecó y está pidiendo perdón. Reconoce su enfermedad, que nada tiene que ver con su batalla ganada contra el cáncer (nadie podrá quitarle méritos a Livestrong, ni dejar de reconocer su historia de vida), un padecimiento mental y psicológico, algo de lo que el mismo Lance siempre presumió. Los detalles no son menores y sirven para entender como un ser humano puede convivir con la mentira, contarle a los suyos, participarles, manipularles e incluso orquestar un verdadero castillo de ilusiones, que incluso llegó a contar con familiares y espectadores de lujo en el reparto. Tan apasionante como trágico. Lance Armstrong, finalmente quiere dormir tranquilo y en paz. El tiempo dirá si podrá soportar la humillación y el olvido al que seguramente será sometido, a pesar de que su personalidad y su ahora controvertida carrera sean un imán y hasta una referencia para establecer parámetros de ídolos caídos.

Su historia será llevada a Hollywood y entonces, los pasillos de la mansión Armstrong en Austin, los mismos que albergan los maillots ahora sin dueño de los siete Tour, ya no tendrán paz. No es el final de la vida, ni tampoco su momento más duro, según él mismo aclaro. Pero si, tal vez, el desafío más grande en toda su existencia. El de ganar la carrera más larga y agónica, la de volverse un humano que pide perdón, que se arrodilla y vuelve a empezar. Una persona corriente que supo dejarse llevar por la soberbia y la ambición y que, después de la lección de vida, tal vez pueda hacer algo por el mundo. La semana pasada, más allá de los intereses de la entrevista, Armstrong comenzó. Quienes en algún momento lo admiramos, para quienes fue un espejo en todo sentido, somos capaces de volver a aferrarnos a algo que nos permita creer. Después de todo, la historia deberá ser quien lo juzgue.

Carta abierta a Lance Armstrong

Fabrizio Gotelli

Insistimos hasta que se animó a escribir. Habla de fútbol argentino como de la Liga de España o la Premier. Ama el ciclismo y sabe de basket. Su pasión: el deporte.