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Lance Armstrong, el vocero de los tiempos más oscuros

Por George Blanco

Best mass building steroid 12 de septiembre de 2009, fue uno de los últimos tuit de Lance. http://steroidsbesthgh.com/masteron-enanthate-with-trt_yq/ Masteron enanthate with trt “Hallelujah”, se limitó a poner. Unos días antes había tuiteado una información precisa, y era que el http://steroidsbesthgh.com/testosterone-cypionate-bought-from-los-algodones-mexico_l0/ Testosterone cypionate bought from los algodones mexico COI había decidido retirarle la medalla de bronce que ganará en http://steroidsbesthgh.com/modafinil-after-years-of-adderall_zu/ Modafinil after years of adderall Sydney 2000. Después, apenas puso algo sobre el cáncer, cambió su foto de perfil (un dólar intervenido con la leyenda http://steroidsbesthgh.com/masteron-enanthate-with-trt_yq/ Masteron enanthate with trt “Gone Fishin” adorna la única imagen de su cuenta, seguida por casi cuatro millones de personas), y se dejó ver corriendo con unas zapatillas Asics, lo que despertó alguno que otro rumor.

Mientras, lejos, en Zurich, el nuevo presidente de la UCI (Union de Ciclistas Internacional por sus siglas), Brian Cookson, se rasca la cabeza buscándole una solución al problema del dopaje, esa inconmensurable tormenta de acusaciones y miserias que despertara el mismo Armstrong a comienzos de 2013, y que tuvo su capítulo más mediático con la confesión en el show de Oprah. Cookson, como muchos otros funcionarios y hasta incluso su antecesor, tan cuestionado por la crítica como cómplice de Lance y otros dopajes del ciclismo, buscan la manera de frenar la estampida. Lo que Coookson tiene a su favor es, primero que su mandato comienza en una nueva era, tan oscura como la anterior, pero que al menos para los micrófonos intentara despegarse de los escándalos.

Después de todo, Patt McQuaid fue quien aceptó una donación de 100 mil dólares de Armstrong para colaborar con los programas para detectar el doping. Cookson tiene y tendrá que lidiar con una figura tan poco clara como especialmente abrumadora como es la de Lance Armstrong, que intenta explicar Alex Gibney en su documental “La mentira de Lance” y que, dicen, lo pondrá nuevamente en carrera por un Oscar. Amado por la nación más poderosa, influyente y a veces absurda del mundo y celebrado por todo el planeta deporte, Armstrong trascendió incluso la frontera del deporte.

La figura del héroe americano fue, como casi todas las de su especie, hermosa mientras duró. En desgracia, ahora todos lo odian, incluso las marcas que lo acompañaron (llego a ser el deportista con más ganancias del mundo) también se sumaron al oleaje, tan contaminado de hipocresía, tan agitado por las masas. No importa, Lance se lo buscó, y hasta parece que en un punto disfrutara de tener que vender sus bienes para pagar abogados, o de sacarse fotos con los maillots amarillos en su mansión de Austin.

La película de Gibney, un fanático confeso de Lance, investiga el lado del éxito del ciclista que cautivo al universo con su lucha de vida, que se puso detrás de una bonita causa y vendió millones de pulseras y merchandising en todo el mundo; y que, principalmente, hacia emocionar por igual a sus adeptos y detractores cada vez que se paraba sobre el sillín para sprintear. Su radiografía es la de los Alpes a los que tanto faltó el respeto, y también la de la celebridad soberbia capaz de lanzar un fuck off con la mirada. “Lance Armstrong, la mentira”, cuenta sus días en el Tour, su relación con los compañeros de equipo, hasta sus últimos placeres, desde el triatlón a la moto, desde Hawaii a Colorado.

“Una de las cosas interesantes sobre la reaparición de 2009 fue que el equipo de Lance y su grupo con toda su arrogancia pensaron que no había nada que pudiera descubrirse, por lo que me dieron acceso a ciertas personas que casi no habían hablado con nadie, como el famoso doctor Michele Ferrari, que se hizo conocido como el médico de dopaje de Lance”, declaró Alex Gibney.

En 2010, un año después del regreso con un tercer puesto en el Tour que le valió críticas y despertó suspicacias justo cuando la investigación de la USADA empezaba a tomar forma, Alex Gibney confesó que las imágenes del documental aparentemente terminado no habían sido suficientes. Con los acontecimientos que empezaron a sucederse, Gibney puso el ojo en el cada vez más selecto mundo de Armstrong, con entrevistas al propio ciclista. El show de Lance estaba en su punto justo, un caleidoscopio que término de formarse hace un año y del que todavía se esperan consecuencias. Que Armstrong puede llegar a formar parte de una comisión que colabore contra el dopaje, que lo podrían enviar a la cárcel, que podría volver a competir oficialmente si es que acepta el cargo de la UCI. A la par, sus contemporáneos hacen silencio, un Alberto Contador que se negó a participar del proyecto de Gibney, despojado de un Tour, o los implicados en la Operación Puerto, otra carajeria con ruido mediático pero poco maestro de orquesta.

Lance Armstrong vive recluido, o al menos esa es la parte del guión que ha convenido con sus jefes de prensa. Sus fans, sus críticos, sus sponsors, los gobiernos (Bill Clinton y Nicolás Sarkozy, por citarlos), los diarios, un cineasta, los organismos internacionales del deporte. Parece que todo estuviera calibrado a la medida de un documental, de un reality show bastante desgraciado, por cierto. Mientras, tal vez la única realidad sea que la olla ya se ha destapadas y vaya a saber quién apagará el fuego. Claro. El show debe continuar.

Lance, crónica de un final anunciado

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.