Viajes

Un viaje al pasado. Laos, segunda parte

Por M.Carla Oller

Siguiendo el Mekong y a un par de horas de Muan Ngoi se llega a, sin dudas, la ciudad más turística de Laos. Luang Prabang cuenta con Aeropuerto Internacional, tiendas de artesanias y una arquitectura a la francesa. Llena de hoteles boutique y abrazada por el río, el mercado nocturno es ideal para abastecerse de hermosas sedas, platería tradicional asiática, coloridos bordados y hasta las telas originales de las vestimentas de la tribu Hmong. Imperdibles las lámparas de hilos.

En esta ciudad también puede disfrutarse de una gastronomía más exclusiva y variada y sus mercados son también más “ordenados” que en el resto de las ciudades. Todo tipo de licuados pueden combinarse durante un paseo en la tarde: melón, papaya, mango, fruta del dragón rosa o blanca, guayaba, longan y el imperdible durián, una bola gigantesca con pinches que parece un puercoespín. También se prepara uno muy bueno con galletitas Oreo.

En la ciudad y alrededores hay más de 50 templos budistas para visitar, quizás no con el esplendor de los tailandeses, pero su rusticidad y simpleza, los hacen lugares acogedores para la meditación y la contemplación. A pocos kilómetros del centro hay unas espectaculares cascadas para darse un baño. Imprescindible alguna guía para ubicarse.

Desde el centro y bien temprano a la mañana salen combis para Vang Vieng, el poblado predilecto de los mochileros. Desafiando todos los límites culturales, Vang Vieng está lleno de bares con grandes halls abiertos llenos de sillones y televisores donde se proyectan absolutamente todos y cada uno de los capítulos de la serie norteamericana Friends. Allí los jóvenes turistas pasan las tardes tomando un jugo y haciendo sociales, recuperándose de la resaca.

Por tan solo unos dólares, agencias de turismo te llevan río arriba y te largan en un gomón  en una divertida excursión que incluye decenas de bares abiertos cuya entrada principal es por el río, al que uno llega flotando o ayudado por alguna soga, para disfrutar de tragos y cervezas. Estos verdaderos “boliches” al aire libre son la excursión predilecta de los viajeros pero también la más peligrosa: unos 8 turistas mueren por mes tras emborracharse y tirarse al río. Si no devolvés el gomón al día siguiente, no te devuelven el “seguro” que pagaste. He allí, el truco del laosiano.

Vang Vieng también presenta otras opciones para los que buscan naturaleza: los alquileres de motos son muy frecuentes y los caminos por los arrozales merecen la pena. También se pueden hacer paseos en globos aerostáticos para contemplar las montañas desde el cielo.

De la Capital al Sur

Tras un demorado viaje en colectivo hasta Vientiane, en donde la música a todo volúmen, el colectivo atestado de gente y los pasillos repletos de bultos, hacen del trayecto algo más que un viaje complicado, la ciudad capital te recibe con su andar propio: una palpitación diferente al resto de las capitales del mundo.

Tampoco acá se encuentran los shoppings o las grandes tiendas, ni el típico tráfico estilo asiático. Vientiane es para descansar, relajarse, recobrar la respiración y seguir el  rumbo. Comer algo, tomar una cerveza Beerlao y caminar por sus avenidas es el plan perfecto para un día en la ciudad.

Tomarse un colectivo rumbo sur no es para cualquiera. Sepa bien lo que se encontrará:  así como en Laos es de mala educación mostrar las plantas de los pies, es una costumbre muy arraigada el viaje con música a todo volúmen, inclusive de madrugada. Canciones en ese idioma indescifrable cuyos video clips muestran despechadas señoritas llorando por un amor que las abandonó lo acompañarán por su recorrido. Si intentara quejarse, solo bajaran un poquito la música o le “harán entender que no lo entienden”. Una verdadera tortura.

Ya en el Sur de Laos, puede usted llegar a Si Phan Don o “Las Cuatro mil islas”, el archipiélago donde desemboca el Mekong y se forman y deforman innumerable cantidad de islas e islotes. Cuando el río sube, muchas de ellas desaparecen y las aguas -según si es época de lluvia- van cambiando su color.

En este increíble lugar de aguas tranquilas se pueden ver, en ciertas estaciones del año, los famosos delfines de río. Don khong es la isla más grande y Don Det, una de las más pequeñas. Estas islas son ideales para hacer kayak o algún paseo en bote y para relajarse completamente en sus pintorescos barcitos o en hermosas y rústicas cabañas con ventanales al río. Caminar por sus callejuelas, interactuar con los lugareños, disfrutar de espléndidos licuados frutales y de los atardeceres más lindos del sudeste asiático. Eso es Laos, la calma en el medio de la tormenta.

M.Carla Oller

Periodista nómade con ganas de colaborar y contagiar su perspectiva turística y cultural. Viajó mucho y vive en Capital. Trata de estar activa y anda siempre buscando qué hacer.