Libros

Las huellas de las aguafuertes

Por Luciano Zahradnicek

¿Cuánto de buy instagram likes express delivery literario puede tener un ct fletcher my magnificent obsession diario informativo? En la actualidad, donde la viralidad de la best vegan protein powder web obliga a los periodistas a producir noticias a toda how to buy likes for your facebook page velocidad, la posibilidad extensiva y profunda en la construcción de textos informativos se reduce a una plantilla “tipo” en la que se deben condensar los datos más sorprendentes e impactantes. Lo que pasa, es que los is it legal to buy instagram followers lectores “tecno” ya no se sientan frente al “ natural bodybuilders sábana” con una pipa y un café para deleitarse un buen rato leyendo estos relatos construídos de la misma realidad en la que ellos están insertos. Pareciera que hoy, el acuerdo entre lectores y periodistas es: menos es más.

Pensando un poco, tal vez, podría ser que el carácter literario en la redacción periodística subsiste débilmente en la nostalgia de los reporteros que intentan contarnos los sucesos policiales al mejor estilo Sherlock. Pero sí me atrevo a afirmar, que cada vez más, las redacciones periodísticas se van divorciando de los recursos expresivos propios de la literatura y los reemplazan por las del mundo multimedia.  

Frente a este escenario, podría ser hasta novedoso ver la tapa del diario y encontrarse con una nota construida en base a las reglas del género no-fiction; como si fuese una especie de cuento ficcional basado pura y exclusivamente en hechos reales. Sin embargo, en 1928 esto era moneda corriente. Los porteños de aquella época esperaban con ansia el día en que el diario El Mundo de Buenos Aires publicaba las “Aguafuertes porteñas” de Roberto Arlt.

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El aguafuerte es una técnica de grabado que tiene sus orígenes en las armerías del siglo XVI con la que se estampaban diferentes símbolos en las armaduras. El grabado se efectuaba tomando como base una plancha de cobre. Ésta se recubría de una fina capa de barniz protector sobre la que se dibujaba con un estilete, hasta llegar al cobre sin penetrarlo. Luego esta plancha era sumergida en ácido nítrico, que corroía el cobre en las partes que no estaba protegido por el barniz, dejando un dibujo grabado. Fue por esta cualidad innovadora de la técnica del aguafuerte, que los artistas la adoptaron para reflejar de un modo diferente la realidad que sus ojos captaron.

De ahí el nombre de la obra en la que se reúnen los artículos literarios de Roberto Arlt. Porque el fin de las aguafuertes era contar sobre aquellas estampas que la sociedad porteña de la época llevaba grabadas en sus acciones cotidianas. “Aguafuertes porteñas” fue un material hecho para la clase media, porque en primera medida llegó en el momento en que la educación había proliferado y muchas familias del sector obrero habían alcanzado la alfabetización. Pero además, en las aguafuertes, Arlt hacía un dura crítica sobre los ideales y representaciones que la clase dominante tenía sobre las clases más bajas.  

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Con un lenguaje llano y cargado de modismos típicos, Arlt escribía sobre los deseos de los padres que buscaban un candidato muy solvente para sus hijas, o describía con “admiración” a los niños de la aristocracia que habían nacido con la madurez de un adulto y que por eso eran dignos de pleitesía. En aguafuertes también tematizó sobre la carencia de dinero en un mundo de apariencias, que nos lleva a robarle los ladrillos a la obra en construcción de enfrente, o tratar de conseguir unos míseros diez centavos para llevar a la chica al teatro. Filosofía del “hombre que se tira a muerto”, etimología de palabras populares, las desgracias del hombre que busca empleo, los diálogos de las mujeres en los almacenes o en las veredas y muchos temas más, fueron los que Roberto Artl observó como un dibujo grabado en el cobre de la conciencia nacional que emergía de la mirada aristocrática que había sellado esas ideas con su ácido nítrico: el capital. Por eso “Aguafuertes porteñas” es una obra literaria que después de 84 años sigue fascinando a quien las lee.

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Leer Aguafuertes Porteñas es mucho más que acceder a un clásico de la literatura argentina. Porque cada uno de los relatos refleja un estereotipo de argentino, un estereotipo de ideal que, hasta el día de hoy, se sigue repitiendo en el discurso hegemónico e imperante. En este sentido, cabe preguntarse: ¿Crecimos como sociedad o solo se trata de una mera ilusión que se replica a lo largo del tiempo?. Creo que es un poco las dos cosas. Hay, como dicen algunos, un gen común en el “ser argentino”. Pero también, muchos de esos “argentinismos” funcionan como una herramienta de justificación para dar explicaciones convincentes sobre las malas gestiones que aquejan a la sociedad. Y de ahí, se desprenden las frases callejeras de sentido común.

Esta obra literaria, publicada como notas del diario “El Mundo” de Buenos Aires entre 1928 y 1933, se configura como una radiografía que deberíamos revisar cada tanto para revalorizar el espíritu literario de Arlt y para analizar si las respuestas sociales a los debates existenciales, hacen foco en la complejidad estructural o tan solo son un espejismo de las “aguafuertes”.

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.