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Liliana Hendel: “La presunción de inocencia en un sistema patriarcal garantiza la impunidad”

Por Luz Agüero

Liliana Hendel es una periodista argentina, reconocida por haber trabajado en medios como Canal 13, Telefe, TN y el noticiero de la Televisión Pública, pero principalmente distinguida por su visión con perspectiva de género. Su primera profesión, la psicología, le permite mirar y entender las cuestiones humanas con otra profundidad. Publicó un libro llamado “Violencias de Género: Las Mentiras del Patriarcado” donde ahonda en las problemáticas que preocupan al feminismo. Vino a Córdoba para exponer en TEDx, el ciclo de conferencias destinado a “ideas dignas de difundir”.

 

 ¿Podés adelantar algo sobre tu exposición en TEDX?

Mi charla se llama “El crimen perfecto de la justicia machista”, y voy a hablar de una enfermedad que no existe como tal. La misma se denomina SAP (Síndrome de Alienación Parental), y este invento daña a los niños/as y a las madres que intentan protegerlos. Mi charla es sobre una de las expresiones de la violencia machista,  una violencia invisibilizada por razones que tienen que ver con intereses patriarcales. En mi libro hago mención de este tema en el capítulo de las masculinidades: “Nuevas masculinidades, Viejas patrañas”.

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Hiciste una Diplomatura en Género en La Habana, Cuba, ¿te influyó de alguna manera el contexto de este país para escribir en “Violencias de Género” que el comunismo no logró llevar su discurso igualitario a la vida cotidiana?

Efectivamente, el comunismo no logró llevar su discurso de igualdad a la vida cotidiana. Hablé mucho con mujeres  feministas cubanas que la pelean como la peleamos nosotras, pero con algunos temas allí subsanados. Por ejemplo, la cuestión del aborto ya no es un problema para ellas porque está legalizado. Pero hay cosas que no lograron resolverse: en materia de responsabilidad familiar tienen los mismos traumas que tenemos nosotras, alrededor de la figura de la madre hay, igual que acá, una sacralización. Sumándose toda la cuestión del amor romántico, con varones infieles y  mujeres que sufren y perdonan como en los boleros, el tema del piropo y toda esa cosa tan latina. Los partidos de izquierda siguen sosteniendo en la actualidad que las diferencias se van a resolver una vez que se termine la lucha de clases, o cuando logremos la revolución y logremos mayor igualdad en la sociedad. Pero lo que Cuba muestra es que no es así. Lamentablemente la igualdad en términos sociales no disuelve  el ejercicio de poder patriarcal ni el daño que produce. Lo que pasa es que patriarcado sumado a capitalismo para nosotras es una dosis letal.

 

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Generó mucha polémica cuando en el documental “Borrando a papá” apareció tu explicación de por qué en los casos de violencia de género se debería invertir la carga de la prueba en un proceso penal. ¿Qué fue lo que quisiste decir con esto? ¿Cómo fue que llegaste a participar en esta película?

La historia de Borrando a Papá sintéticamente es así. Al grupo de referentes que públicamente trabajamos por los derechos de los niñas/os y de las mujeres, denunciando que el SAP no existe, nos hicieron una serie de entrevistas diciéndonos que eran para un documental sobre igualdad. Aceptamos participar, pero después nos dimos cuenta, cuando estrenó la película, que habían sido incluidos nuestros testimonios para justificar la existencia del SAP y a favor de Los Padres del Obelisco que inicialmente nacieron como la organización APADESHI. (N. de A.: esta última es una agrupación de hombres  que han sido privados de ver a sus hijos por decisiones judiciales. La gran mayoría están implicados en causas de abuso sexual o violencia familiar. Se amparan en la existencia del Síndrome de Alienación Parental y alegan que las denuncias realizadas por sus ex mujeres son falsas.) Terminamos participando en un documental que creíamos que era otra cosa. Cuando nos enteramos iniciamos procesos judiciales oponiéndonos, no fue censura, sino que planeamos en la Justicia que habíamos sido engañados y que de ninguna manera queríamos participar en un documental que planteaba algo que estaba en las antípodas de lo que  pensábamos.

Lo que yo digo en el documental es que la presunción de inocencia en manos de un sistema patriarcal garantiza la impunidad de los violentos. Porque lo que pasa con la violencia machista es que si denuncias, nunca hay pruebas suficientes. Nunca hay testigos porque el hecho se produce en la intimidad, porque no siempre tenes la nariz rota o un ojo morado. Entonces, hasta que no sos un cadáver no toman en consideración que la violencia existió, y se protege al hombre. No hay presunción de credibilidad para las mujeres.

 

La presunción de inocencia en manos de un sistema patriarcal garantiza la impunidad de los violentos

Es decir, que tu propuesta es que la Justicia le crea a la mujer hasta que se demuestre lo contrario, lo que no implica que el hombre tenga que ir preso…

¡No! Para nada. Lo que digo es que el riesgo es muy alto en un país donde a las mujeres nos matan a diario. Las estadísticas oficiales hablan de un feminicidio cada treinta horas, pero esas estadísticas son sobre los casos que se publican, y como no todas las muertes trascienden, yo creo que esa cifra es aún más alta. Con esta estadística, está claro que una mujer no tiene manera de protegerse si denuncia que la están amenazando, no la protegen porque el hombre denunciado está amparado por la presunción de inocencia. Hay que invertir la carga de la prueba para que sea considerada la palabra de quien denuncia en el contexto de la violencia machista. Para que esa palabra le alcance a la Justicia para proteger a la mujer y para poner todos los recursos del Estado a disposición. No significa que haya que llevar al hombre a la cárcel. Pero hay que proteger a la mujer aunque no haya otras pruebas. Si fuera por depender de las pruebas, nunca se avanzaría en los conceptos de violencia psicológica o simbólica que están explicitados en nuestra ley Nº 26.485.

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Liliana junto a los oradores del segundo bloque de TEDx.

 

A partir de tu experiencia como Coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina, ¿te parece que la industria cultural y mediática de a poco va reduciendo los estereotipos de género y la normatividad en los roles sociales?

Lamentablemente no. Las industrias culturales siguen generando y perpetuando estereotipos, pero lo que sucede -y es muy bueno- es que ha crecido una mirada crítica del periodismo especializado y de quienes  comunican. En ese sentido, ha sido muy buena la tarea de la Defensoría del Público, que en este momento ha quedado acéfala, pero que mientras estuvo Cynthia Ottaviano hizo una tarea muy importante. Tarea que hoy su equipo sigue haciendo para señalar de modo pedagógico, y no punitivo, aquellas cuestiones que tienen que ver con los estereotipos y la consolidación de roles esperables para mujeres y varones. No hubo modificaciones estructurales pero sí se modificaron las miradas y las voces que señalan que eso no está bien. Lo que me parece muy alentador.

Ya que mencionaste a Cynthia Ottaviano y a la Defensoría del Público, ¿pensás que con la alternancia de Gobierno Nacional hubo progreso o retroceso en cuanto a las políticas de género?

Hay un gran retroceso. Se han desarticulado y desarmado escenarios. Hay áreas que se están desfinanciando, que tienen que ver con necesidades sociales y con la agenda de género. Pero al mismo tiempo, el INAM, ex Consejo Nacional de las Mujeres, tiene como Directora Ejecutiva a una feminista como Fabiana Tuñez. Mujer con mucha trayectoria, que no baja sus banderas y que ha logrado que el Consejo pase a ser el INAM (Instituto Nacional de las Mujeres), por lo cual tiene una mayor autonomía a pesar de depender todavía del Ministerio de Desarrollo. Tenemos al frente del organismo que debe velar por nuestros derechos a una persona con trayectoria y compromiso, cosas que no tenía la directora anterior. Y me consta que hay equipos de personas muy bien formadas trabajando mucho
Es en este contexto hostil donde salió la Ley de Paridad. Pero también hay defensorías acéfalas que desde hace mucho no tienen financiamiento. En la terna que quedó para la Defensoría del Pueblo de la Nación hay tres varones y a ninguno le importa mucho el tema derechos humanos de la mujeres. Entre quienes se postulan a la de niñez hay personajes que avalan la existencia del Síndrome del que hablo como Gabriela Arias Uriburu o quienes apoyan la implementación de la custodia compartida aun en situaciones de violencia.
Hay muchos grises y creo que como ciudadanía tenemos que estar atentas a que la titularidad de esos puestos no se definan destinándose a militantes aliados o amigos del poder como si no fuera importante quien y para que asume la función.

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¿Cuál crees que será el principal desafío a futuro para el feminismo latinoamericano? ¿Se requiere alguna autocrítica?

Creo que hemos avanzado muchísimo, se han logrado más cosas en los últimos veinte años que en los últimos dos siglos. Pero eso no alcanza. Tenemos un largo camino por recorrer y cada país tiene sus propias características. En Salvador, Honduras y Guatemala el índice de feminicidios es muy alto, hay mujeres detenidas  en condiciones terribles por abortar incluso si eso desampara a sus hijos. Cuando hablamos de Latinoamérica tenemos que diferenciar. La agenda es la misma, las intensidades no…

Nuestra asignatura pendiente como feministas es la sororidad. Deberíamos tener mucha más ternura, mucho más respeto y mucho más afecto hacia esas otras feministas que hacen cosas, que se exponen, que ocupan lugares de decisión y a las cuales criticamos salvajemente cuando no hacen todo lo que deberían hacer según nuestros criterios. Hay peleas que se ven mucho en el interior del feminismo, discusiones sobre si la prostitución es un trabajo o una forma de esclavitud, sobre la subrogación de vientres. Temas que en la actualidad dividen al feminismo, y yo creo que a esa división hay que convertirla en debate y no en confrontación. Tenemos que discutir (como lo hacemos en cada Encuentro Nacional de Mujeres), aceptar que no estamos de acuerdo en todo y visibilizar que el enemigo está afuera. Y que las peleas internas nos debilitan y fortalecen a quien nos ataca.

 

Luz Agüero

Cuando era chiquita y no sabía escribir me empecinaba en dibujar todo lo que creía digno de recordar. Luego me hice rata de biblioteca, y cuando se me acababan los libros agarraba el diario. Quizá por eso terminé siendo periodista y locutora. Y como no soy tan interesante, me dedico a contar historias de otros.