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Oscars

Lincoln, un animal político de otro tipo

Por Milly Sur Bianchiman

Este es el momento justo para tragarme mis palabras, cuando hice referencia a Steven Spielberg y  su uso del patriotismo fanático en una película de guerra o política, para comparar al director con  Kathryn Bigelow. Lincoln no es precisamente un film que se hubiese esperado de Spielberg.

Situado en los momentos culminantes de la eterna Guerra Civil, desde enero hasta abril de 1865, Spielberg decide omitir las batallas sangrientas y focalizarse en Abraham Lincoln  (no de forma Biopic) y sus peripecias políticas para lograr que se aprobara la 13º enmienda que aboliría la esclavitud y le pondría fin inmediato a la guerra duró más de cuatro años y dejó más de 600.000 muertes.

Lo atractivo de Lincoln es justamente ver que Spielberg deja su mitificación del patriotismo de lado para mostrar el costado sucio de la democracia y de uno de los presidentes más queridos y “honestos” de Estados Unidos. Y otra vez, como en un análisis de Zero Dark Thirty, según la postura, uno puede creer que el fin justifica los medios. En este caso, hizo falta de corrupción y un montón de tramoyas ilícitas para que se pudiera terminar con la esclavitud. El perfil deshonesto que se muestra no solo rompe con la tradición fílmica de Spielberg, sino con lo que estamos acostumbrados a ver sobre grandes magnates políticos americanos.

“No puedo lograr ni una maldita cosa que tenga algún significado o valor hasta que nos curemos de la esclavitud y terminemos esta guerra pestilente. ¡Yo necesito esto! ¡Esta enmienda es la cura! Estamos de pié en el escenario del mundo ¡ahora! ¡Con el destino de la dignidad humana en nuestras manos!¡Se ha derramado sangre para brindarnos este momento! Abolir la esclavitud con una garantía constitucional define el destino, para siempre, no sólo para los millones que hoy están encadenados, sino que también para los millones que nacerán en el futuro”

Se necesita una hora y media, lenta, de película para encaminarse hacia el momento previo a la votación de la enmienda y hay que ser ágil para comprender los tecnicismos políticos; pasado los momentos más denso, la película se transforma en un thriller político apasionante, divertido en partes y melancólico que no espera engrandecer aún más la imagen que se tiene de Lincoln.

Con un caminar encorvado y los ojos ensombrecidos por sus grandes cejas, Lincoln lleva encima el peso de la guerra, que no deja de atormentarlo en cada palabra que arrastra, tanto en el ambiente más intimo como en el público. Daniel Day Lewis nos muestra que la magia existe solo cuando el actor se enamora de su personaje (y pensar que DDL le escribió una muy conmovedora carta a Spielberg rechazando el papel). El actor plasma la solemnidad y un aura especial que hace entender al espectador porque Abe fue tan querido por el pueblo y por sus allegados.

Hay mucho para decir sobre lo actoral. La pasión por la actuación y el enamoramiento por la historia se encuentra en todo momento y hasta en el más mínimo papel. Si descubren al maravilloso James Spader entre todos ellos, sientanse satisfechos. Sin opacar a Lewis, tanto Sally Field y Tommy Lee Jones aportan otros matices a la historia, que permiten entender la situación de Abraham desde otras dos perspectivas. Sally Field emociona con su dolor de madre y esposa, atormentada por la pérdida de un hijo, pero no parece suficiente para una nominación al Oscar. En cambio, Tommy Lee se debate la estatuilla dorada por Mejor Actor Secundario con Robert De Niro, interpretando al hilarante e incomprendido abolicionista, legislador Thaddeus Stevens.

La verdadera emoción en Lincoln yace en el arte de torcer brazos y forjar un compromiso bajo cualquier costo. Al fin y al cabo se trata de Washington. Todo el mundo quiere algo a cambio. Es difícil pensar en otra película que brinde placer mediante el esfuerzo físico de la política, que sirve como impulso para lograr el bien común.

“Decir que lo único que hicimos es demostrarle al mundo que la democracia no es

caos, que hay una gran fortaleza invisible en la unión del pueblo; decir que hemos demostrado que un pueblo puede soportar un terrible sacrificio ¿y aún así unirse? ¿No será posible que eso salve al menos la idea de democracia a la que aspiramos? ¿Volviéndose eventualmente digna de eso? A cualquier costo, lo que sea demostrado mediante sangre y sacrificio debería estar demostrado ahora.”

Es interesante lo mucho que se puede analizar sobre la política luego de ver Lincoln. Qué locura es que el partido democrático haya rechazado desde un principio y en todo momento la abolición de la esclavitud, siendo que hoy Norteamérica tiene un presidente negro y del mismo partido. Cuestionado o no, Abraham Lincoln tuvo mucha visión del mañana y a Steven Spielberg solo le bastó utilizar sus cuatro últimos meses de vida para mostrar que no todos los políticos son iguales y que alguna vez, con corrupción incluida, la política fue noble e inspiradora.

Milly Sur Bianchiman

Cinéfila. Cómic fan. Amante y defensora del hábito de leer y los animales. Detallista a ultranza. Apasionada de los recovecos del séptimo arte.