Viajes

Londres, una ciudad correctamente escrita

Por Antonella Bettati

Si me preguntan qué fue lo que más me gustó de Londres, ¿Me aceptan que responda “la tipografía”? En una ciudad donde todo es sobriamente hermoso, es difícil encontrar una respuesta singular para un continuo visual de bellezas. Por eso, mejor, me concentro describir mi elección, la tipografía.

En Londres, hasta el más mínimo cartel indicando que se debe abonar por el uso de un baño está redactado en una perfecta distribución del uso de los palitos de las letras y de los signos de puntuación. Si el medio es el mensaje, ¿la tipografía es el tono? Supongamos que sí, entonces el refinado acento inglés que se estira, relaja y asienta en cada una de sus palabras, se replica en la sobriedad de cada una de sus señal éticas.

Los turistas no atraviesan en Londres las mismas dificultades que en París, donde una flecha hacia un punto en el espacio indica una dirección indescifrable para el caminante que debe elegir entre diversos pasillos al recorrer un subterráneo. La tipografía londinense es un instructivo de buen gusto ante la estafa visual de una heladería en Venecia que coloca todos los euros que pide por un helado en una A4 ilustrada con una lapicera Bic.

Una vez que hemos dejado en claro lo bello y lo bueno de escribir bien y lindo, contamos con la certeza de que no encontraremos en Londres aquello que puede ser comúnmente llamado “cosas feas”. Si el clima tal vez, y el trato de algunos ciudadanos que ante unas pintas de cerveza olvidan su condición de caballeros y resaltan sus modales de piratas. Los souvenirs de recuerdo con la cara del príncipe Williams y su mujer, cuya máxima expresión de fealdad viene en el formato de plato, pueden listarse en lo no bello de Londres. También el abuso del fenómeno Beatle que en las cercanías de Abbey Road puede hacerte visitar una tienda cualquiera bajo el llamado de “la mayor colección Beatle del mundo”.

Cerrado el paréntesis de lo feo, voy a continuar apreciando la eficiencia de su sistema de transporte que permite recorrer la continuidad de sucesos admirables que muestra Londres.

En cada esquina hay mucho para ver, mucho, realmente mucho. Pero voy a aclarar que pongo esta percepción bajo duda debido a que la distancia visual para apreciar los monumentos y sitios de interés es limitada. Fuera de los parques, Londres es una ciudad que no concibe el vacío como espacio urbano, por esto sacar una foto en la que se vea en su totalidad Trafalgar Square o la Torre del Reloj es toda una odisea, como lo prueban estas patéticas fotos que sacamos:

Luego de una recorrida por museos, ferias, monumentos y parques, la noche llega temprano a la ciudad de Londres. A las 17:30 hs. ya es un buen horario para ir a un pub, donde además de tomar cerveza y sidra (sí sidra, la misma que hay en casa para Navidad o Año Nuevo, pero en un entorno más cool que la casa de la abuela) se pueden comer fish and chips, hamburguesas y pie. Para las 21 hs. en lugar de estar cenando, la mayoría ya está con algunas pintas de más (en el próxima párrafo voy a detallar lo maravilloso de este formato) y a las 3 am ya es un buen momento para
volver a casa (al hostel).

Al recorrerla, la ciudad Londres nos deja bien en claro que es una de las capitales del mundo, todo el mundo vive en esa ciudad, todos los idiomas se hablan y todas las tendencias parecen nacer bajo las luces de neón de Picadilly Circus. Dejo un brindis para el final, una pinta de “ale”, la combinación de la mejor unidad de volumen en conjunto con una cerveza de fermentación alta que se sirve en una temperatura en la que por puro prejuicio pensaba que me iba a parecer desagradable.

Este combo feliz de malta no solo es sobresaliente en sabor, sino que además simplifica el hecho de explicar porque a las 19 hs de un lunes es común encontrar a los gentleman londinense borrachos en un pub.

Antonella Bettati

Lic. en Comunicación Social, escritora estrella de mails y sms, CM de @Elinmobiliario para @MoDigitales, ex bailarina de contemporáneo, joven por siempre.