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Los libros de LeBron James

Por George Blanco

En los libros quedarán las estadísticas. Que Miami logró el tercer anillo de su historia con Wade como bandera, que LeBron James llegó para ganar sus dos consecutivos (después de aquella desilusión en la final frente a Dallas) siendo MVP en el 2012 (vs Oklahoma) y 2013, en el séptimo de una de las NBA Finals más apretadas de los últimos tiempos. Párrafo aparte.

De LeBron hablarán, llenarán páginas desde sus histrionicos e inmaduros días en Cleveland (también con final incluida, casualmente perdida frente a San Antonio) hasta sus despilfarrados discursos cargados de vanidad e histeria. Como dijo hace apenas unas horas, “No me importa lo que digan. Soy LeBron James”. Lo que LeBron no hizo, es cambiar sus palabras, que es lo que siente. Por el contrario, alimento su discurso, le dió armas para escudarse y entendió cuál era su legado. Cuál era su protagonismo en esta historia.

LeBron se dio cuenta a tiempo. Mejoró su tiro de tres, aumentó su capacidad de encestar, aprendió a jugar en equipo (los odiosos encantados de compararlo con MJ pondrán a Wade como su Pippen) y se quedo hasta largas horas de la noche entrenando para aumentar su penetración, incrementar su temida masa muscular e imponer un juego físico que ya tiene copyright propio. Los libros, es probable que también hablen de esto. También es probable que se hagan eco de todo aquello que se dijo, se dice y se dirá de él. Está predestinando a estar en boca de todos.

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LeBron se calmó, cambio euforia por miradas furtivas y corazón cuando tenía que cargarse partidos sobre sus grandes y alguna vez empequeñecidos hombros: como frente a Indiana, como frente a los Spurs en 2013, y en aquellas decisivas finales frente al Thunder en 2012, después de haber sido blanco de tantas críticas por su supuesta falta de carácter en partidos importantes. Cambió los silencios incómodos por elogios y suplicas de perdón. Como esos grandes a los que, inexplicablemente se los cuestiona y exige de forma desmedida y preetensiosa.

LeBron, hoy es más LeBron. Sus 30 puntos promedio en series de playoff a 7 partidos, sus múltiples MVP, o los puntos convertidos que lo encaminan a convertirse en uno de los máximos anotadores de la liga ya lo ponen como la gran figura capaz de romper las taquillas de la historia NBA. Sus contratos multimillonarios, alguna que otra extravagancia y su figura aniñada en un cuerpo de 2,10 y una dentadura que mete miedo, se han encargado de darle carácter de imprescindible para cualquier show.

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Anoche anotó 37 puntos, tomó 14 rebotes y dió 4 asistencias. Después de una falta que le cometieron, en uno de los tantos pasajes en que Miami dominaba por tres y San Antonio acechaba, LeBron miró a la platea, planchó los brazos y sonrió tranquilizando “Tengo esto controlado”. Le creí aunque me hubiese gustado permitirme la sospecha.

Aquel tipo temerario y enredado, talentoso y rebelde, se transformó en un hombre capaz de hacer del ejercicio de liderazgo una prueba constante a la que se somete una y otra vez, como si hiciera falta probarlo. Hizo un cerrojo con su seguridad y planteó una nueva dimensión en el basquet. Ni la de Jordan ni la de Kobe. La dimensión James. Bron dejó de ser un niño para volverse un hombre. LeBron James, hijo de madre soltera, crecido en un barrio pobre de Akron, Ohio, habrá soñado con salir en los libros. Lo que seguramente no soñó el Rey, es con escribir su propio libro. Anoche se agregó un capítulo más y aún le quedan muchas hojas en blanco.

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George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.