Música

Mac Miller, embriagado de amor

Por Santiago Miranda

En el 2016 la industria musical ha tenido una vez más al hip-hop como uno de sus protagonistas. El género está siendo revitalizado por jóvenes que, en una suerte de competencia, van en busca de la innovación en cada uno de sus trabajos. Es en este escenario donde aparece The Divine Feminine, el cuarto álbum de estudio de Mac Miller.

Bajo la consigna “let’s make some music/fuck all of the bullshit”, el blanquito de Pittsburgh deja al descubierto en este disco su lado más musical y abandona (aunque no del todo)  las bases pesadas que sonaban con fuerza en su predecesor GO:OD AM, su “despertar” personal hacia la sobriedad y debut en un sello grande.  Mientras que éste último había sido opaco en carácter, en TDF le abre definitivamente las puertas al soul, al jazz y al R&B con los que ya había coqueteado anteriormente, para que el color imponga libremente su presencia.

En lo conceptual Mac coloca a la mujer como su objeto de adoración e inspiración, coincidiendo con su reciente noviazgo con Ariana Grande, y lo rodea con sus rimas sobre la atracción, el sexo y el amor.

El álbum abre con “Congratulations”, una introducción formal a piano con tintes orquestrales en la que el MC une fraseos hablados con coros, que cierra con el canto angelical de Bilal. Le sigue “Dang!” con Anderson Paak, sin duda el gancho del disco que con su sensualidad y frescura house (escúchenlo las veces que quieran, no se quema…) deja que se despliegue con soltura “Stay”, que tiene a Miller rapeando entre trompetas y ecos femeninos.

Una placentera sensación de embriaguez se genera partir de la erótica “Skin”, que se refuerza en el interludio final de “Cinderella” y en la totalidad de “Planet God Damn” para perdurar en el repertorio restante. Las experimentales “Soulmate” y “We”  invitan al encuentro, destacándose la última con su onda chill y las armonizaciones de CeeLo Green. La participación de Ariana resulta inevitable y la popstar hace su aparición en “My Favorite Part”, un dueto en donde vemos al Mac más enamorado. El final llega con “God is Fair, Sexy Nasty”, una psicodelia que juega entre beats y pasajes instrumentales a los que se les suman los versos del rapero y la voz de Kendrick Lamar. En un cierre muy particular, el álbum concluye con las palabras de la abuela de Miller quien con  simple sabiduría relata su propia historia de amor.

The Divine Feminine brilla en su sonido: Mac Miller denota una educación musical avanzada (de hecho toca varios instrumentos) y logra crear con una precisa producción una atmósfera sonora que fluctúa entre el orgasmo y lo onírico, sostenida por el uso de instrumentos análogos, bases sólidas y coros celestiales. Se permite incluso cantar en gran parte de los tracks y no falla en su decisión, lo que no es poco para un artista de hip-hop. Sin embargo, no ocurre lo mismo en cuanto a lo lírico, donde en momentos parecen agotársele los recursos al ahondar en una repetición constante no sólo de expresiones (la palabra pussy la nombra hasta el hartazgo) sino de situaciones, que lo limitan en lo creativo.

En una búsqueda por estar a la altura de sus contemporáneos, Mac logra que se le tome en serio dejando atrás la imagen de bufón que lo había caracterizado en sus inicios. Es su inquietud proactiva (en 7 años ha lanzado 4 discos de estudio y 11 mixtapes) lo que lo ha llevado a editar este álbum, que se diferencia de todo lo que ha hecho anteriormente. Si GO:OD AM  había sido un leve bostezo, The Divine Feminine es su despertar definitivo. #Keep playin’ that funky music white boy!

 

 

 

Santiago Miranda

Joven estudiante de periodismo, curioso y entusiasta. Apasionado por la música, el cine y las series. Canalizo mis ansias creativas a través de la escritura.