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Mariano Mastromarino, más que un maratón

Por George Blanco

Fotos buy real active likes on instagram CZ Photo – i runn y jeff seid Leonardo Malgor

El buy official facebook likes domingo 12 de octubre, día de la raza para algunos, día del respeto a la diversidad para otros, se convirtió en un día histórico para los amantes del deporte en su esencia más pura. El atletismo, puntualmente el best protein powder for women maratón, coronó en calum von moger wiki Buenos Aires a un argentino. buy facebook dp likes Emoción, orgullo y hasta un dejo de verguenza por el episodio que sufrió el mismo Mastromarino mientras estaba en carrera.

Mariano Mastromarino ganó el maratón de Buenos Aires con 2h15m28s, convirtiéndose en el primer argentino en hacerlo después de la victoria de Cortinez, en 2003. Lo hizo rematando en los últimos 10 km, con un ritmo atroz que ni siquiera los keniatas (contratados por Adidas para ganar) y un corazón que emocionó hasta al menos entendido del tema. Además, rebajó en casi 2 minutos su mejor marca en la distancia (París, 2:17:28), lo que le sirvió para conseguir el pasaporte a los Panamericanos 2015 de Toronto, Canadá, y que puede servirle como pasaporte para los Juegos Olímpicos de Río 2016. Entre los keniatas que no pudieron responder a los cambios de ritmo del “Colo” de Mar del Plata, estaba Julius Karinga, vencedor en 2013. Hasta ahí, el orgullo más visible, la victoria idealpara citar en los diarios del lunes y en todos los portales de Argentina. Pero el orgullo que despierta Mastromarino no comprende de límites cuando se sabe la historia detrás y el camino recorrido.

El camino. Quienes corremos, muchas veces lo hacemos para mejorar una marca, ganar un trofeo o colgarnos una medalla. Todo eso y cada uno de los objetivos que se plantea un corredor, responde a un fin de superarse. Con el paso del tiempo, sin embargo, comprendemos que lo que más importa, sobre todo cuando queda testificado el logro, sea cual fuere, es el camino recorrido hasta llegar al objetivo. Ver eso en su máxima expresión es, sin dudas, algo emocionante. Durante sus entrenamientos para los 42 km de Buenos Aires, Mariano Mastromarino llegó a hacer más de 250 km por semana, que incluyeron trabajos de resistencia y velocidad, preparación que tuvo una última etapa de 21 días en la altura de Cachi, Salta, lejos de su mujer, su beba y junto a su entrenador Leonardo Malgor. También recorrió un largo camino de alegrias y tristezas, de anhelos y obstáculos. El atletismo, y puntualmente el maratón, es un deporte en el que el esfuerzo es la principal -y a veces la única- habilidad. Como si se tratara de un cuento de enjundia y sacrificio con tintes de antología, quizás sin quererlo Mastromarino es el mayor referente de esa capacidad de superar todo para llegar al logro máximo.

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Mastromarino expuso al deporte argentino a un momento inolvidable, pero además desnudó su notable capacidad de abandono, deliberado o no. Una prueba emblemática, con posibilidad de crecer, que puso dinero para contratar atletas de afuera que representan a la marca, para que ganen la prueba, relegando a los atletas locales. Una premiación bastante chica (al ganador le correspondieron sólo $6000 pesos), cierto descontrol en la organización y detalles polémicos puntualmente en la edición 2014. Como suele pasar con ciertos logros deportivos, todo parece teñirse de un exacerbado raid mediático que poco ahonda en la esencia misma del deportista y su logro, para posarse sólo en el resultado. Todo se reduce a lo más efimero de un logro, a lo circunstancial de una competencia. El domingo, críticos especializados y no tanto, atribuyeron la hazaña, en palabras de ellos, a la “sorpresa”. No hay sorpresa en la consecución de un logro cuando atrás hay mucho trabajo, incluso cuando el propio protagonista menciona esa posibilidad. Tampoco hay hazaña. Sí hay gloria, estadísticas que quedarán en el recuerdo y mucha alegría. En cambio, entran en el análisis factores casi siempre desconocidos en la evaluación de los méritos del deportista, especialmente del argentino: Trabajo, disciplina, esfuerzo y mucha convicción, fundamentales (y únicos secretos) en el atletismo.

Mariano Mastromarino preparó una carrera minuciosa que ejecutó con solvencia, y que incluyó un ritmo progresivo de principio a fin. A pesar de haber confesado que no se sintió cómodo en la primer media maratón (pasó los 21 km en 01:09), en la segunda mitad incrementó de manera notable ese parámetro. La diferencia se dio a partir del km 30, cuando ejecutó un cambio de ritmo soberbio que le permitió irse de 3:15 a 3:03 por kilómetro, un ritmo impresionante. Corrió el último parcial de 5,000m en 15:28, mientras que en el km 40 marcó 30:15 los últimos 10,000m. El video del episodio en el km 37 es sencillamente emocionante.

Sin embargo, ni en la más dorada de las páginas todo es brillante, incluso a costa de su protagonista único y principal. Confieso que sentí, como tantos, verguenza ajena. Sucedió en el km 37, cuando el comisario de carrera quiso obligar a Mariano Mastromarino a salir de competencia, creyendo que era un intruso. Cuando sucedió el incidente, que afortunadamente no hizo eco en el rendimiento del atleta, el auto, encargado de mostrar el tiempo a los atletas de punta, no volvió a ponerse adelante de Mariano. El único reloj que podía asistirlo era el de su muñeca, y el de su mente, claro. Algunos apuntan a un simple desconcierto, otros a la falta de conocimiento. Adidas, main sponsor del evento, no hizo declaraciones al respecto, y tampoco mostró demasiada satisfacción por el ganador, atleta de Nike. Una guerra de marketing inncesaria cuando el deporte es el que debe retomar el protagonismo.

También sentí esa verguenza antes, durante la previa, cuando la organización no lo sacó al aire ni una vez. No había fotos de Mastromarino en la Expo, tampoco declaraciones suyas en la previa. Menos se conocían las estadísticas y su experiencia en el maratón (es uno de los diez mejores maratonistas de la historia argentina), o lo que estaba en juego para el deporte argentino con su participación. La televisión lo mostró apenas un par de veces durante los 30 primeros km de carrera, y cuando pasó a Karinga (uno de los momentos más memorables para el deporte en 2014), la misma cadena de TV no mencionó el asunto hasta cerca del km 40, diez minutos después de lo sucedido. Mastromarino corría solo, como en su Mar del Plata, como en Salta, como siempre. Mariano Mastromarino, además de propagar esos valores indiscutidos del deporte, es un ejemplo de vida, de cómo levantarse frente a las decepciones. Y correr, seguir corriendo fuerte, como el viento. Su historial dice que quedó afuera de Londres 2012 por cuatro segundos, y del Mundial de Moscú 2013, por 22. La motivación suya, de su entrenador y de su gente hizo que tuviera revancha. Y que volviera a insertarse en el camino de sus anhelos deportivos, lugar del que nunca se fue.  Contra todos los pronósticos, contra los errores ajenos y con un trabajo de carrera impresionante, cruzó la linea de meta solo, con los brazos abiertos y lágrimas en los ojos. Con trabajo, inteligencia y cierta épica, había reescrito una parte importante de la historia del deporte argentino.

Mariano Mastromarino compone una prueba más del impresionante trabajo de Leonardo Malgor como entrenador. Múltiple campeón en la pista y en la calle, el poseedor de varios récords argentinos posee ya un enorme historial al frente de distintos atletas de elite. Además de grandes mediofondistas y fondistas, en la prueba de 42 km Malgor tiene también a la mejor maratonista femenina tal vez de todos los tiempos, la olímpica Maria Peralta.

El impresionante en sí mismo, entonces, es sólo una anécdota. Lo que queda es el tamaño de su obra, como si se tratara de un artista de la calle que en su propio asfalto conquistó algo que quedará marcado a fuego para la generación deportiva. Nadie mejor que Leonardo Malgor sabe que es sólo una parada más en ese largo camino, y que hay que continuar en busca de más gloria. El logro más importante de Mastromarino, tal vez sea ese pasaporte infinito a las leyendas del deporte argentino. Un reconocimiento que injustamente le llega tarde, pero que le llega al fin.

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.